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La pre-producción de un comercial provoca que el teléfono no deje de sonar y que ella se disculpe unas veinte veces. La entrevista empieza, se suspende, vuelve a empezar y se vuelve a suspender, hasta que por fin hay una tregua: quince minutos con el celular en silencio. “Solo quince minutos”, advierte Martha Clarissa Hernández, aunque después, hablando, recordando y explicando, olvide por más de una hora que siguen entrando llamadas al celular.

La tregua permite que comience su historia. Hernández es una hondureña que se perfiló siempre hacia las artes, primero por la influencia de su madre, una lectora empedernida por quien cultivó el gusto a leer; luego en grupos de teatro desde la adolescencia, y más tarde en sus estudios universitarios de Literatura. Para llegar a esto último pasó un año estudiando administración de empresas. Un año en el que anduvo perdida, pues aunque dice ser ordenada en las finanzas, lo suyo está un poco alejado de esta profesión.

“Estudiando Literatura tuve un profesor al que le debo el hecho de estar aquí, que es Carlos Alemán Ocampo, quien me dijo: ‘Nicaragua es tu norte y cuando triunfe la Revolución va a haber cine’”. En diciembre de 1979, llegó al país pensando en que solo estaría un año. Treinta y cinco años después, Martha Clarissa Hernández ha producido setenta títulos, entre ficción y documentales, y es maestra de las nuevas generaciones de cineastas nicaragüenses.

Se inició en el Departamento de Investigación del Instituto Nicaragüense de Cine (Incine). “Lo primero que me tocó investigar fue sobre la gran Cruzada Nacional de Alfabetización, que fue uno de los proyectos emblemáticos de la Revolución; haciendo esa investigación conocí a mi esposo, quien trabajaba en el equipo de la Cruzada”.

“Hacíamos de todo: producción, asistencia de dirección, filmábamos, investigábamos. En el equipo todos hacíamos de todo hasta cierto punto, pero el área en la que más me desarrollaba era en producción, en asistencia de dirección, y luego estuve en todos los roles que puede tener una persona en el cine: directora de casting, productora de campo, etcétera”.

Como investigadora y productora trabajó en más de cincuenta noticieros y documentales.

Hernández recuerda que en 1984 se creó el Departamento de Proyectos de Incine, con el fin de conseguir financiamiento y de escribir proyectos. Entre las grandes co-producciones en las que participó, están los largometrajes: Latino, una producción norteamericana, dirigida por Haskel Wexller; y Sandino, dirigida por Miguel Littin y producida por la televisión española.

“Comienzo a dirigir después de haber trabajado prácticamente en todo. Trabajé en todos los documentales y noticieros que se filmaron en los años 80, en uno y otro rol, y a partir del 85 comienzo a dirigir documentales en vídeo de encargo, por decirlo de alguna manera”.

“Soy documentalista”

Martha Clarissa Hernández se define de dos formas: como centroamericana y como documentalista. Es querendona y habla a rajatabla.

Cuando se dio la derrota electoral de 1990, la mayoría de cineastas formados en la Revolución se reinventaron. Poquísimos fueron los que decidieron continuar en el cine. Martha Clarissa Hernández estuvo en el segundo grupo. Junto a su amiga y también cineasta María José Hernández fundó Luna Films.

“Seguimos por pasión, no me miraba haciendo otra cosa”, recuerda. Desde entonces ha continuado haciendo documentales. “El primer documental que hacemos es Lady Marshall”, que ganó el premio al mejor documental en el Festival Internacional de Cine del Caribe, en Martinique.

En su haber figura “…Y aunque hay un cielo mutilado”, un documental sobre los desmovilizados, y “Desde el barro al sur”, realizado en 2002, que aborda la migración nica hacia Costa Rica. Esta última pieza ganó los premios de mejor documental, mejor sonido y mejor edición, en la quinta edición del Festival Ícaro.

En su filmografía hay una cantidad importante de largometrajes en los que no ha fungido como directora. Fue productora de La Yuma, la película dirigida por Florence Jaugey, que se realizó en Nicaragua tras un largo silencio cinematográfico, y que fue premiada a nivel internacional.

Además de todo esto, Martha Clarissa Hernández es uno de los motores que mueve el Festival Ícaro de Nicaragua, que, entre otros, sirve de proyección a jóvenes videastas.

Familia y cine

“El apoyo familiar para este oficio es absolutamente indispensable. Creo que si no hubiera tenido el esposo que tengo, que lo conocí en mi primer trabajo de Incine, si no tuviera su apoyo, solidaridad y complicidad, difícilmente hubiese hecho todo esto, porque eso significa tener que ausentarse de tu casa muchas veces durante veinticuatro horas, durante varias semanas. Luego de eso viene la solidaridad y la comprensión de mis hijas”.

De alguna forma, sus hijas fueron marcadas por el cine. La mayor es abogada de profesión y se especializó en propiedad intelectual. “De algo tiene que ver estar en este rollo”. La menor es arquitecta y está estudiando “Dirección de Arte” en España.

Luna Films hace piezas de autor, también comerciales y vídeos institucionales, que es al fin de cuentas la forma como los cineastas y videastas se mantienen económicamente en Nicaragua.

“Una materia pendiente es dirigir un largometraje de ficción”, confiesa Martha Clarissa Hernández.

Perfil

Martha Clarissa Hernández

Cineasta

-Directora del largo metraje documental “Lubaraun” (Lado lejano); del documental “The Black Creoles”, que ganó los premios como mejor documental en el Festival Internacional de Cine Paz con la Tierra (Costa Rica) y como segundo mejor documental en el Festival Internacional de Cine en Finlandia; y entre otros, “No todos los sueños han sido soñados”, galardonado con el primer lugar en el Festival de Amnesty Internacional, Amsterdam (Holanda) 1996.

-Directora y co-productora ejecutiva de la serie de tv Contracorriente.