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Si se desciende en elevador de la oficina de Luis Videgaray en el Palacio Nacional en la Ciudad de México, se entra en una galería de retratos de anteriores secretarios de Hacienda que se remontan al siglo XIX. Videgaray repasa los últimos, señalando, con un dejo de rivalidad, dónde obtuvieron sus doctorados en Economía.

El modelo

Dos de los más influyentes de los últimos 15 años fueron a la Universidad de Chicago y uno de ellos, Agustín Carstens, es ahora gobernador del banco central. Convirtieron la economía de México en un modelo de baja inflación y estabilidad, aunque a menudo ha pasado apuros para crecer rápidamente.

Videgaray es egresado del Instituto Tecnológico de Massachusetts, MIT.

"No solicité ingreso a Chicago", dice, explicando que fue al MIT porque no cree que los mercados sean perfectos. "México es una economía de mercado, pero debería tener mejores mercados. El Gobierno necesita trabajar para mejorar el desempeño de los mercados".

Esa creencia es la base de la serie de reformas económicas que orquestó el año pasado. También revela sus planes para revolucionar la débil economía de México este año.

Aunque fue designado secretario de Hacienda y Crédito Público en diciembre de 2012, Videgaray apenas ahora ha empezado a divulgar su filosofía económica. Durante gran parte del año pasado, se instaló en una oficina cercana al presidente Enrique Peña Nieto, elaborando las reformas en energía, educación, telecomunicaciones, banca y finanzas públicas. Los dos hombres han sido casi inseparables desde que Peña Nieto fue elegido gobernador estatal en 2005 e hizo de Videgaray su jefe de finanzas.

Frustrados

La reclusión de Videgaray tuvo costos. Aunque otorgó tiempo a los congresistas cuyo apoyo necesitaba para promulgar las reformas, los empresarios se sintieron frustrados al tratar de hablar con él. Con su atención apartada del terreno económico, el crecimiento se desaceleró a un mísero 1.1 por ciento en 2013, el nivel más bajo en cuatro años. Algunos se preguntaban si el momento de México ya había llegado y se había ido.

Los ánimos se elevaron en diciembre, cuando el Congreso audazmente votó para poner fin a un monopolio petrolero estatal de 75 años. La agencia calificadora Moody's concedió a México una calificación "A" el mes pasado. Sin embargo, todos siguen esperando impacientemente signos más claros de una recuperación económica.

Competencia

Videgaray explica que su creencia pulida en el MIT en la imperfección de los mercados, especialmente en México, ayudó a dar forma a las reformas. Gracias a la creación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte hace 20 años, el sector exportador del país ha sido moldeado por la competencia internacional. Sin embargo, el resto de la economía, protegida de esas mismas fuerzas, ha permanecido estancado e improductivo.

Las reformas, dice, "inician con la convicción de que estos mercados no se abrirán solos".

Los reguladores

Su intención no es solo romper los monopolios y oligopolios y desarrollar industrias de la energía, las telecomunicaciones y la banca más fuertes. En un inusual enfoque en los millones de pequeñas empresas que ofrecen 75 por ciento de los empleos en México, dice, también quiere reducir los precios y elevar la calidad en sectores como el gas y la electricidad, la banda ancha y el crédito, lo cual haría al crecimiento más sostenible.

Los cuellos de botella que limitan las importaciones baratas desde Estados Unidos significan que las empresas mexicanas a menudo pagan varias veces más por el gas natural que sus contrapartes estadounidenses, por ejemplo.

Videgaray llama a esto "la democratización de la productividad".

Las reformas también apuntan a otorgar mucha más responsabilidad a los reguladores autónomos, de los cuales el secretario de Hacienda espera que hagan un mejor trabajo contra los monopolios del que han hecho los políticos. Videgaray dice que uno de los momentos destacados en el Gobierno de Peña Nieto se dio en febrero, cuando el Presidente recurrió a la Suprema Corte para impedir que un juez local bloqueara una decisión tomada por el nuevo regulador de telecomunicaciones.

"Eso envió una señal muy fuerte de lo que pretende este gobierno", dice.

Pudiera tomar años que las reformas empiecen a tener efecto totalmente. Mientras tanto, la tarea más apremiante de Videgaray es avivar la economía.

Avivar economía

Aunque México debería beneficiarse de la recuperación en Estados Unidos, Videgaray piensa que necesita una gran dosis de gasto deficitario para alcanzar la meta de crecimiento de 3.9 por ciento del Gobierno este año, la cual muchos pronosticadores privados sitúan más cerca del 3 por ciento. El gasto gubernamental creció en 20 por ciento anual en enero, comparado con un año antes. El secretario de Hacienda dice que esto fue necesario para estimular la demanda.

En el proceso, se proyecta que el déficit presupuestario suba a 1.5 por ciento del PIB de México este año, y el endeudamiento público total, que incluye cosas como la inversión en Pemex, la empresa petrolera estatal, pudiera alcanzar el 4.1 por ciento, alto para un año sin crisis. En un país con una historia de deuda con altibajos, el endeudamiento más alto preocupa a algunos: el comentarista Héctor Aguilar Camín lo compara con un alcohólico que toma su primer trago después de muchos años de

abstinencia.

Videgaray le resta importancia. Espera que la reforma energética eventualmente conduzca a una producción petrolera más alta, lo cual impulsaría los ingresos fiscales. Mientras tanto, dice, los ingresos del Gobierno debidos a Pemex están salvaguardados, un factor que contribuyó a la calificación más alta de Moody's.

 

Empresas desesperadas

PREOCUPACIÓN • Aunque las empresas están desesperadas por más crecimiento, este derroche proyectado ha provocado enojo. Muchos industriales sienten que se está pagando en gran medida a través de una reforma fiscal que les asestó un duro golpe el año pasado. También hay una creciente preocupación de que la obsesión de Luis Videgaray con reducir los precios pudiera ir demasiado lejos; a través de una regulación de precios u otras medidas que terminarían desalentando la inversión.

Él rechaza las quejas fiscales —“los impuestos nunca son populares”— y dice que un anteproyecto de ley antimonopolio en el Congreso pretende restringir el poder del Gobierno para controlar los precios.

“Es muy importante que el Gobierno esté cerca de la comunidad empresarial y que comprendamos sus preocupaciones", dice. "Pero, en cierto punto, el Gobierno necesita ser Gobierno”.

Videgaray quizá sea más visible ahora, pero sigue manteniendo su distancia.