•   China  |
  •  |
  •  |
  • The Economist

El futuro de China es ahora firmemente urbano. Alrededor de 54 por ciento de sus habitantes viven ya en las ciudades, y la proporción está aumentando rápidamente conforme se crean más empleos en oficinas, fábricas y sitios de construcción, atrayendo a aún más personas del campo. Hay ahora unos 250 millones de migrantes rurales viviendo en las ciudades.

Pese a muchas oscilaciones, en el mercado inmobiliario y otras partes, esta extraordinaria revolución ha sido sorprendentemente tranquila. Hay, por ejemplo, pocas barriadas pobres del tipo que se ven en Brasil o India. En el corazón de la China próspera y urbana, sin embargo, se asienta una enorme desigualdad, basada en el sistema “hukou” de registro de viviendas.

Los residentes

Para tener acceso total a las escuelas y hospitales en las ciudades a costos urbanos subsidiados, la persona debe tener un “hukou” urbano. Si la persona nació en el área rural, sin embargo, su “hokou” y el de sus hijos está registrado ahí, y cambiarlo es difícil. Solo 36 por ciento de las personas que viven en las ciudades califican como residentes ahí. En el pasado, esto ha ayudado a controlar el flujo de personas y mantenido bajos los costos laborales urbanos mientras permite que la nueva clase media urbana conserve sus privilegios.

La primera generación de migrantes se contentaba simplemente con que le pagaran más en las ciudades. Ahora muchos se quejan de cuán injusto es el sistema, y han empezado a parecer políticamente peligrosos. La mano de obra de estos migrantes pobres construyó las nuevas ciudades de China, y hoy ellos y sus hijos forman una subclase urbana cada vez más irritada, incapaz de vivir el “Sueño Chino” pregonado por el presidente Xi Jinping.

Eso explica la importancia del largo tiempo retrasado plan de urbanización “centrado en la gente” del gobierno, dado a conocer el 16 de marzo. Quiere que 60 por ciento de los habitantes de China viva en las ciudades para 2020, alineándolo ampliamente con el promedio actual para países con niveles de ingreso similares a los de China, y quiere que 45 % de ellos tengan un “hukou” urbano pleno.

Esto es un cambio enorme. Involucra dar un “hukou” urbano pleno a 100 millones de los 250 millones de migrantes. Pudiera ser una importante bendición para la economía también, permitiendo a los migrantes, que ahora ahorran una gran parte de sus salarios por temor al costo de la atención medica, consumir más.

Los fallos

Sin embargo, el plan debería haber ido mucho más lejos. Hay dos áreas principales en las cuales se quedó corto.

Primero, la liberalización del “hukou” se enfoca en las ciudades con menos de cinco millones de habitantes. No obstante, la mayoría de los nuevos empleos se están creando en las 16 grandes ciudades con poblaciones de más de cinco millones, y la mayor parte de la dudosa deuda gubernamental parece concentrarse en las ciudades más pequeñas cuyos funcionarios están, por tanto, poco dispuestos a soltarla para otorgar beneficios a los nuevos residentes urbanos.

 

El otro problema

Dudas• Aunque los migrantes odian la manera en que son discriminados en las ciudades, a muchos les pone nerviosos aceptar un “hukou” urbano aunque les sea ofrecido. Los sistemas de beneficencia urbanos son tan nuevos y tan imperfectos que los migrantes dudan, con buena razón, que vayan a poder aprovechar los beneficios de desempleo o una pensión prometida, especialmente si se mudan.

Restricciones

Aun cuando quieran vender sus tierras, no se les permite hacerlo. El plan necesita otros dos elementos: más fondos para servicios públicos en las ciudades y un mercado de tierras rural, de manera que la compra y venta de terrenos pudiera ayudar a enriquecer a los campesinos en la misma forma que ha enriquecido a los residentes urbanos.

Esos son cambios enormes, pero el éxito en la próxima etapa del épico desarrollo moderno de China depende de ellos. Solo entonces podrá convertirse en la nación urbanizada y modernizada que anhela ser, y solo entonces el “Sueño chino” podrá volverse realidad.

 

La liberalización del “hukou” se enfoca en las ciudades con menos de cinco millones de habitantes.