•   India  |
  •  |
  •  |
  • The Economist

Si se mira hacia el norte desde un helicóptero que vuela a 31 kilómetros de la costa oriental de India, la bahía de Bengala se ve como debe haberse visto hace siglos. Diminutos barcos pesqueros con velas blancas se balancean y hacen virajes por el océano.

Si se mira hacia abajo, sin embargo, se verá a la nueva India. Una plataforma de aterrizaje dice “Dhirubhai” en grandes letras, el nombre del fundador de Reliance Industries. Su hijo, Mukesh Ambani, dirige ahora la compañía, la segunda más valiosa de India, y es el hombre más rico del país.

El helipuerto se ubica en un enorme barco procesador. Petróleo y gas se elevan desde el lecho marino 914 metros por debajo. La embarcación desvía el petróleo mientras que el gas es canalizado hacia tierra. Es una parte de un proyecto de 11,000 millones de dólares de Reliance y BP, el gigante petrolero indio, que originalmente fue elogiado como la respuesta a los problemas energéticos de India pero ahora está hundido en la controversia.

Poder privado

Cuando Reliance encontró gas en 2002 en un bloque llamado KGD6, fue el mayor descubrimiento de gas del mundo ese año y el mayor de India desde los años setenta. Para el país fue una noticia maravillosa. En vez de importar petróleo de Medio Oriente, abriendo un hueco en su balanza de pagos, o quemar el más sucio carbón local, India podría, al parecer, recurrir a una fuente de energía barata y limpia.

El descubrimiento también exhibió el poder del sector privado de India. Durante décadas, las empresas petroleras dirigidas por el Estado al estilo soviético habían buscado energía en el mar. Solo un gran campo, frente a la costa de Mumbái, había entrado en producción, en los setenta. Después de esporádicos esfuerzos de exploración a lo largo de los años, las grandes empresas energéticas mundiales habían descartado a India como un lugar estéril.

Especulaciones

Dhirubhai Ambani, quien había iniciado su vida laboral en un puesto menor con Shell en Yemen, no estaba de acuerdo. Preguntaba a los expertos: “¿Cómo habría hecho Dios a India sin petróleo ni gas?”. Cuando un nuevo régimen de concesión de licencias entró en vigor en 1999-2000, se lanzó al ataque. Reliance compró 16 bloques de exploración en dos subastas, aun cuando las empresas mundiales se mantuvieron alejadas, disuadidas por los bajos precios del petróleo y el historial irregular de India. Dhirubhai murió en julio de 2002, pero cuatro meses después su compañía encontró el oro.

Lo que fue bueno para India fue bueno para Reliance. Conforme crecía el entusiasmo, los analistas empezaron a especular que la empresa eventualmente podría convertirse en la siguiente firma energética “importante”, rivalizando con Exxon Mobil, Shell y Total.

Inversiones

Para fines de diciembre de 2009, el sueño de Dhirubhai parecía ir sobre ruedas. Ese mes, pruebas en el KGD6 demostraron una producción de ochenta millones de metros cúbicos estándar por día. Enormes inversiones de capital se habían hecho en tierra anticipándose a una inundación de gas, incluidos al menos quince mil millones de dólares en plantas de electricidad alimentadas por gas construidas por

una variedad de empresas energéticas.

Los Ambani gastaron entre dos mil millones y tres mil millones de dólares en un nuevo gasoducto que cruza el país, propiedad de ellos en vez de Reliance a insistencia de los reguladores, dicen.

La euforia terminó hace tiempo. La producción comenzó a caer a fines de 2010 y hoy se ubica ochenta por ciento por debajo del máximo. Cuando el KGD6 estaba siendo desarrollado, Reliance estimó que podría contener diez billones de pies cúbicos de gas (283 millones de metros cúbicos). Las reservas probadas y probables hoy son de so lo tres billones de pies cúbicos (85 millones de metros cúbicos).

Las plantas eléctricas permanecen sin funcionar, y Reliance está bajo fieros ataques de parte de algunos funcionarios y políticos. Arvind Kejriwal, líder de Aam Aadmi, un partido anticorrupción que está disputando las elecciones nacionales programadas para abril y mayo, piensa que los campos de gas son una estafa gigantesca.

 

¿Qué salió mal?

DEBATE• Un antiguo refrán sobre India es que cualquier cosa que se diga sobre el país es cierta, como lo es lo contrario. En este caso, existen dos opiniones violentamente diferentes.

La primera tiene tintes de conspiración. Acusa a Reliance de “recubrir de oro el oropel”. Según el contrato para compartir la producción que rige al bloque, puede recuperar sus cotos antes de dividir cualquier utilidad con el Estado. El auditor nacional de India ha insinuado que Reliance deliberadamente infló sus costos, y dio a entender que piensa que algunos de los contratistas usados estaban relacionados en secreto con Reliance.

Peor aún, Reliance es acusado por algunos de chantajear a India, suprimiendo deliberadamente la producción de gas hasta que pueda obtener un precio más alto por él. Según el contrato original, Reliance recibe un precio “basado en el mercado”, el cual en realidad es establecido por el Gobierno. Hasta marzo, este se fijó en 4.20 dólares por millón de unidades termales británicas (BTU), alrededor de una cuarta parte del precio que India paga por las importaciones de gas natural licuado. A partir de abril aplicará una nueva fórmula, basada en parte en referencias mundiales, la cual vería aumentar el precio a unos 8 dólares.

Es una estafa escandalosa, insisten quienes hacen campaña contra la corrupción. Argumentan que Reliance, con su hoja de balance rica en efectivo y su legado de influencia política, tenía todos los incentivos para suprimir la producción hasta que pudiera amedrentar al Gobierno para que subiera los precios.

 

Reliance trata de elevar la producción de los campos existentes y poner en operación nuevos.


7 mil

millones de dólares pagó BP a Reliance por un porcentaje de acciones

 

11 dólares
por BTU es el precio del gas en la India, lo que algunos consideran elevado