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Los robots aparecieron en el mundo como un aparato literario a través del cual los escritores y cineastas de principios del siglo XX podían explorar sus esperanzas y temores sobre la tecnología, conforme la era del automóvil, el teléfono y el aeroplano retomaba su imprudente velocidad de la era del jazz. Desde “Metrópolis” (1927) de Fritz Lang y “I, Robot” de Isaac Asimov (1950) hasta “The Terminator” (1984) y “WALL-E” (2008), y en incontables repeticiones entre unos y otros, han tenido éxito de manera admirable en su tarea.

Desde que pasaron de las páginas y las pantallas a la vida real, los robots han sido una moderada desilusión. Realizan cosas que los humanos no pueden hacer, como explorar Marte, y una veintena de cosas que las personas no quieren hacer, como manipular bombas sin estallar o aspirar pisos; ya hay alrededor de 10 millones de aspiradoras robóticas recorriendo las alfombras del mundo. Son útiles en algunas áreas de la manufactura.

Sin huella

Sin embargo, los robots confiables, y especialmente los requeridos para trabajar más allá de las jaulas de seguridad de una planta fabril, han resultado difíciles de hacer, y los robots siguen siendo bastante estúpidos. Por ello, aunque fascinen a la gente, no han dejado una gran huella en el mundo.

Eso parece estar a punto de cambiar. El crecimiento exponencial en el poder de los chips de silicio, los sensores digitales y las comunicaciones de alta banda ancha mejoran a los robots de la misma manera en que mejoran a todo tipo de otros productos. Sin embargo, entran en juego otros tres factores.

Uno es que la investigación y desarrollo robóticos se están haciendo más fáciles. Nuevos estándares compartidos hacen a las buenas ideas fácilmente portables de una plataforma de robot a otra, y un conocimiento acumulado significa que construir esas plataformas se está volviendo mucho más barato. Un robot como Baxter de Rethink Robotics, con dos brazos y una interfaz de programación notablemente fácil e intuitiva, escasamente habría sido concebible hace 10 años. Ahora se le puede comprar por 25,000 dólares.

Inversión

Un segundo factor es la inversión. La mayor noticia en el campo de los robots en 2013 fue que Google compró ocho prometedoras empresas incipientes de robots. Rico y bien dirigido –por Andy Rubin, quien ideó el sistema operativo Android–, y con acceso a la mejor experiencia del mundo en computación de nube e inteligencia artificial, ambos altamente relevantes, el programa de robots de Google promete la posibilidad de algo espectacular, aunque nadie fuera de la compañía sabe qué podría ser. Amazon, también, está apostando a los robots, tanto para automatizar sus almacenes como para, más especulativamente, hacer entregas por medio de naves teledirigidas. En Corea del Sur y otras partes, las compañías están llevando la tecnología robótica a nuevas áreas de la manufactura y centrándose en los servicios. Los capitalistas de riesgo ven una mucha mejor oportunidad de una salida rentable de una empresa incipiente robótica que antes.

Imaginación

El tercer factor es la imaginación. En los últimos años, compañías más ingeniosas han visto maneras de hacer que los robots trabajen como operadores de cámara y técnicos de iluminación en los sets de filmación –“Gravity” (2013) no podría haberse filmado sin robots que movieran las cámaras y las luces–, y como instaladores de paneles en plantas de energía solar. Más personas comprenderán cómo un atributo robótico como la alta precisión, las reacciones rápidas o la locomoción independiente puede integrarse a una empresa rentable, y eventualmente algunas de ellas forjarán mercados masivos. Los robots aéreos, es decir los ‘drones’ o naves teledirigidas, quizá estén a la vanguardia aquí. Permitirán a los agricultores atender sus cultivos en nuevas formas, darán a los ciudadanos, periodistas y difusores nuevas perspectivas sobre los eventos grandes y pequeños, monitorearán el tráfico y los incendios, buscarán la infraestructura que requiere reparación y mucho más.

Beneficios

Como consumidores y ciudadanos, las personas se beneficiarán del ascenso de los robots. Si se beneficiarán como trabajadores está menos claro, porque la creciente competencia de los robots podría volver redundantes algunas labores humanas.

Los Tug de Aetheon, por ejemplo, que llevan los carritos de hospital a donde se necesitan, están listos para asumir gran parte del trabajo que realizan los porteros actualmente. Los robots de almacén de Kiva hacen posible que Amazon envíe más paquetes con menos empleados. Los autos sin conductor pudieran desplazar a millones de personas empleadas detrás del volante hoy en día. En la misma forma que el empleo en la agricultura, que ofrecía casi todos los empleos en la era pre-moderna y ahora representa solo 2 por ciento del empleo del mundo rico, así los empleos en las industrias de manufactura y servicios de hoy podrían verse forzados a la retirada ante la marcha de los robots.

 

El futuro de la humanidad

Debate. Si la humanidad encontrará nuevas formas de usar su mano de obra, o si más bien el futuro estará dedicado a la inactividad forzada, es un tema de un debate que despierta mucha preocupación entre los economistas. De cualquier manera, los robots probablemente recibirán el mérito o la culpa.

La destreza robótica en cierta medida será dada como un hecho. Estará en la naturaleza de los autos conducirse solos, o de los pisos limpiarse y de los suministros moverse por los hospitales y las oficinas. El entramado robótico de esas cosas será invisible. Sin embargo, los robots no meramente animarán al mundo inanimado. Habitarán junto con sus amos, satisfaciendo todo tipo de necesidades. Algunos, como Baxter, ayudarán a hacer y mover cosas; algunos ofrecerán cuidados, otros meramente consuelo o compañía. Un robot japonés que se parece a una foca bebé, que responde afablemente a las caricias y puede distinguir voces, parece ayudar a los pacientes ancianos con demencia.

Entre más visibles son los robots, mejor pueden ayudar a la humanidad a discutir temas como aquellos primero planteados en la ficción. ¿Es necesario que las guerras siempre sean libradas por personas que pueden sentir lástima y ofrecer clemencia, y sin embargo que también pueden ser crueles más allá de los requerimientos tácticos? ¿Importa si la última amabilidad que una persona sienta provenga de una máquina en vez de otra persona? ¿Qué dignifica al esfuerzo humano si la labor de la mayoría de, o todos, los humanos se vuelve obsoleta?

La gente, las empresas y los gobiernos encuentran difícil discutir los objetivos finales del cambio tecnológico de manera abstracta. La gran aportación de Asimov y compañía fue que es más fácil hacer esas preguntas cuando la tecnología es personificada, cuando se le puede ver a la cara. Como viajeros en el espacio exterior que miran hacia el planeta nativo, los robots pueden servir no solo como empleados y socios, sino también como proveedores de nuevas perspectivas; no menos cuando la gente que los mira ve a los robots devolviendo la mirada, como harán un día, con algo que se acerque a la comprensión.

 

El crecimiento exponencial en el poder de los chips de silicio, los sensores digitales y las comunicaciones de alta banda ancha mejoran a los robots.

 


10

millones de aspiradoras robóticas existen en el mundo.

 

25

Mil dólares es el valor de un robot tipo Baxter

 

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empresa incipientes en robótica compró Google en 2013.