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  • The Economist

Los buenos resultados del Frente Nacional de Marine Le Pen en las elecciones locales el 23 de marzo han asombrado a Francia. El Frente ganó su primera alcaldía importante desde 1995, y se perfilaba que ganara más en la segunda ronda el 30 de marzo.

Le Pen ha proclamado el fin del cómodo duopolio político de Francia. El Frente podría terminar en primer sitio en las elecciones europeas de mayo, y ya no es absurdo ver a Le Pen imitando el logro de 2002 de su padre, el fundador del partido Jean-Marie Le Pen, llegando a la segunda ronda de la elección presidencial de 2017.

Creciendo

Esto no es una rareza estadística. La fuerza de Le Pen ha estado creciendo desde hace algún tiempo. Se llevó una mayor porción de los votos en la primera ronda de la elección presidencial de 2012, que su padre 10 años antes. Desde que lo reemplazó como líder del Frente en 2011, ha hecho mucho para purificar la marca del partido; por ejemplo, ha desaparecido la mayor parte del antisemitismo.

Un segmento del electorado está encantado con la franqueza y encanto gutural de Le Pen. Para esos votantes, muchos de ellos de clase obrera, el Frente a menudo es el primer partido de elección. Toca un nervio con sus ataques contra los políticos de los partidos dominantes, como una élite metropolitana ajena a la realidad, sin idea de cómo revertir la declinación económica, política y cultural de su país.

Inmigración

Esto es peligroso, porque las respuestas de Le Pen a los problemas de la nación son mucho peores que las respuestas de los políticos dominantes. Pese a todo el brillo que ha aplicado a la imagen del Frente, el partido ofrece solo un desagradable y negativo conjunto de políticas inyectadas de instintos xenofóbicos, antimusulmanes e intolerantes. Le Pen quiere frenar la inmigración, controlar las importaciones, abandonar el euro y destrozar a la Unión Europea. Sería una catástrofe, y no solo para Francia, si lograra su objetivo de destronar al partido centro-derechista UMP como la principal oposición política al Partido Socialista del presidente François Hollande.

Sin embargo, el éxito en las elecciones municipales quizá sea una de las barreras más efectivas para el avance de Le Pen. Cuando dirigió ciudades de todos tamaños, en los años 90, el Frente resultó tan incompetente y resentido que casi se dividió. Sin embargo, los partidos principales necesitan abordar las causas de su ascenso.

Rezagada

Eso significa, primero que todo, componer la economía. Las razones principales de la enfermedad de la cual se quejan los franceses y de la impresionante impopularidad de Hollande –solo 19 por ciento de los votantes piensa que está actuando bien, sugieren los sondeos– son una economía débil y un desempleo dolorosamente alto. El crecimiento en la zona del euro está repuntando, pero Francia está rezagada porque no ha seguido a Alemania y otros en la reforma de los mercados laborales y de productos, el recorte de los beneficios de las prestaciones sociales y las pensiones, y la reducción de los impuestos y el gasto público. Hollande ha prometido cambiar, pero no ha hecho casi nada. El gobierno de Francia gasta 57 por ciento del PIB del país, comparado con el 45 por ciento de Alemania y el 39 por ciento de Estados Unidos.

Además, los políticos deben responder a las preocupaciones de los votantes sobre la inmigración, el islamismo y las guerras culturales. Eso no significa imitar la retórica de Le Pen o sus políticas. Más bien, significa mejorar la integración de las minorías, hacer más estrictas las normas para los beneficios de bienestar social de los inmigrantes y aplicar las estrictas leyes laicas de Francia más firmemente; por ejemplo, resistiendo la presión para segregar a los niños y las niñas durante las clases de gimnasia.

Los contrincantes

Le Pen también se está beneficiando de la debilidad del UMP, que ha estado inmerso en una confusa lucha de liderazgo desde que el expresidente Nicolás Sarkozy perdió ante Hollande en 2012, y también metido en un escándalo financiero. Debe encontrar un nuevo y más convincente líder. El partido habría sido más sensato si hubiera copiado la decisión de los socialistas de retirar a los candidatos mal posicionados para unir a los votantes contrarios al Frente detrás de un solo candidato.

El ascenso de Le Pen debería servir como advertencia, no solo en París sino también en Bruselas y otras partes. Los partidos populistas, principalmente pero no únicamente en la extrema derecha, están en marcha en toda Europa, desde el Partido de la Independencia del Reino Unido en Gran Bretaña hasta el Partido Finlandés en Finlandia, y desde el PVV de Geert Wilders en Holanda hasta el Syriza de Alexis Tsipras en Grecia.

Desilusión

Wilders ha tropezado después de algunas consignas excesivamente racistas contra los marroquíes, pero la mayoría de estos partidos probablemente obtendrán buenos resultados en las elecciones europeas. Los votantes están desilusionados no solo por la austeridad inducida por el euro, sino también por una Unión Europea que parece volverse más remota y menos responsable, aun cuando se vuelve más intrusiva.

Si los líderes de Europa no pueden reconectarse con sus ciudadanos, el éxito de Le Pen será solo el principio.

 

2011

en ese año Marine Le Pen asumió la dirección del Frente Nacional.