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Desde que Lehman Brothers se declaró en bancarrota en 2008, una suposición común ha sido que la crisis sucedió porque el Estado cedió el control de las finanzas al mercado. La respuesta, continúa el razonamiento, deben ser más reglas.

El blanco más reciente es la vivienda estadounidense, la fuente de préstamos sospechosos que hundieron a Lehman. Están en marcha planes para establecer un respaldo público permanente para los mercados hipotecarios, y el Gobierno aseguraría 90 por ciento de las pérdidas en caso de una crisis.

Eso podría ser tranquilizador, excepto por dos cosas. Primero, es difícil ver cómo garantizar el apoyo del Estado evitará la toma de riesgos excesiva. Segundo, lo que haya estado mal con el mercado de vivienda estadounidense no fue una falta de gobierno. Lejos de un libre mercado, era una de las industrias más reguladas del mundo, financiada por los subsidios de los contribuyentes y con decisiones de préstamo tomadas por el Estado.

Capital ciego

En 1856, un editor de The Economist, Walter Bagehot, culpaba de las crisis a lo que llamó “capital ciego”, períodos en los cuales el efectivo crédulo, ignorando el riesgo, se vertía en inversiones poco sensatas. Dados no solo la inevitabilidad de esos momentos de pánico, sino también el papel sistémico de las finanzas en la economía, un Gobierno tenía que idear algunas reglas especiales para hacer a las finanzas más seguras.

Bagehot inventó una: la idea de los bancos centrales rescatando a los bancos durante las crisis. Sin embargo, la regla de Bagehot tenía una condición: los cobros del rescate deberían ser punitivos, argumentó. Esa rudeza radicaba en la opinión de que los Gobiernos deberían, en la medida que pudieran, tratar a los financieros como a cualquier otra industria, forzando a los banqueros e inversionistas a asumir ellos mismos la mayor cantidad de riesgo posible. Entre más protegiera el Estado al sistema, sentía, más probabilidad había de que las personas corrieran riesgos con impunidad.

La lección

Ese peligro quedó ampliamente ilustrado en 2007-2008. Tras embolsarse las ganancias de la toma de riesgos suscrita por el Estado durante los años de auge, los banqueros presentaron la cuenta a los contribuyentes cuando la burbuja estalló.

No obstante, la lección no ha sido aprendida. Desde 2008, ha habido una gran cantidad de nuevas reglas, desde la poco manejable ley Dodd-Frank de Estados Unidos hasta los impuestos a las transacciones en Europa. Algunas medidas para impulsar el capital y la liquidez de los bancos hacen a las finanzas más independientes.

 

Los bancos de Estados Unidos, por ejemplo, enfrentan un severo nuevo radio de apalancamiento.

 

2008

DESDE ese año ha habido una gran cantidad de nuevas reglas para el sistema bancario.

 

100

MIL DÓLARES es un monto común para proteger los depósitos en Occidente.

 

 

 

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