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  • The Economist

Miami se ha desviado al sur. Esa es la impresión que uno tiene al volar sobre los rascacielos con vista al mar hacia el aeropuerto internacional Tocumen de la Ciudad de Panamá, a donde los latinoamericanos ricos, especialmente los venezolanos afectados por la crisis, llegan en busca de un refugio para trabajar, jugar e ir de compras.

Como Miami, Panamá quiere ser el centro de negocios de Latinoamérica. Su canal se está convirtiendo en la columna vertebral de una red de logística transoceánica. Su aerolínea, Copa, conecta a gran parte de Latinoamérica.

Su sector de banca extraterritorial absorbe el dinero latinoamericano, parte de él porque las regulaciones contra el lavado de dinero en Miami se han vuelto demasiado estrictas.

Sin embargo, Panamá sigue siendo lo bastante rústico para que en los últimos cinco años, el presidente Ricardo Martinelli, un magnate de supermercados convertido en político, haya encontrado suficientes aspectos en que derrochar.

La inversión pública, incluida una ampliación del canal de 5,200 millones de dólares, ha ascendido a la asombrosa cantidad de 19,000 millones de dólares. Eso no está lejos del PIB de 24,000 millones de dólares de Panamá, cuando él asumió el poder en 2009. El derroche de gasto ha visto al crecimiento promediar un 8 por ciento anualmente durante su período en la presidencia.

Panameños saben de historia

Poco sorprende que, durante su mandato, Martinelli mantuviera altos índices de aprobación. Sin embargo, el 4 de mayo su candidato seleccionado para sucederlo perdió por gran margen en las elecciones. Para empeorar las cosas para el presidente saliente, el triunfador, Juan Carlos Varela, es su vicepresidente convertido en archienemigo.

Varela, a quien ningún sondeo de opinión había seleccionado como ganador, recibió 39 por ciento de los votos, comparado con 31 por ciento para José Domingo Arias, el protegido de Martinelli.

En la campaña, Varela hizo mella en la credibilidad de Arias, describiéndolo como el títere del presidente. Esto funcionó bien con los votantes, que conservan recuerdos amargos de la dictadura militar de Manuel Noriega en 1983-1989.

Les preocupaba que Martinelli estuviera tratando sigilosamente de mantener las manos en las palancas del poder, especialmente después de que su esposa fue elegida como la compañera de fórmula de Arias. Varela, descendiente de una dinastía productora de ron, también hizo campaña sobre la promesa de limpiar la política.

“El juego ha terminado para quienes ven la política como un negocio, no un servicio”, dice.

En desventaja

Este es un golpe directo a la administración de Martinelli, entre otros. Durante la campaña, informes de prensa dijeron que fiscales italianos habían vinculado al presidente con un supuesto escándalo de 25 millones de dólares que involucraba contratos para hacer negocios en Panamá.

Martinelli se ha burlado públicamente de las denuncias, como lo ha hecho su procurador general. Varela dice que designará a un nuevo procurador general, después de asumir el poder el 1º de julio, y le gustaría lanzar una investigación.

Sin embargo, si realmente trata de hacer de Martinelli un espectáculo es tema de debate. Su coalición ganó solo 12 escaños en la Asamblea Nacional de 71 integrantes, y Martinelli sigue siendo jefe del partido con el bloque más grande de 30 escaños.

El nuevo presidente tiene otros actos de equilibrio que realizar. Bajo el gobierno de Martinelli, la Ciudad de Panamá recibió un nuevo sistema de trenes, una gigantesca carretera elevada por la parte vieja de la ciudad y una selva de rascacielos nuevos, pero la planeación urbana no ha mantenido ese ritmo.

En los edificios más altos, la electricidad y el agua están racionados. Cuando llueve, las calles alrededor de ellos se inundan porque el sistema de drenaje no está a la altura.

Varela dice que seguirá gastando 3,000 millones de dólares al año en inversión pública, la cual espera genere un crecimiento del 7 por ciento. En vez de verlo verter concreto, sin embargo, a muchas multinacionales les gustaría que gastara el dinero en educación, especialmente en enseñanza del inglés, para generar trabajadores capaces de dotar de personal a las nuevas torres de oficinas.

 

“Una de las mejores inversiones de ahora en adelante es en el fortaleci-miento de las instituciones”, dice Mario Cuevas, del Banco Interamericano de Desarrollo.

 

24

mil millones de dólares era el PIB de Panamá cuando Ricardo Martinelli asumió el poder en 2009.

 

8

por ciento de crecimiento económico anual registró Panamá.

 

Economía amenazada

Institucionalidad• Como están las cosas, la economía está en peligro de sobrecalentamiento. El mes pasado, obreros de la construcción lanzaron una huelga general en busca de enormes aumentos salariales, lo cual ha paralizado el proyecto para ampliar el Canal de Panamá por segunda vez este año, la primera por una pelea por exceso de costos con un consorcio constructor.

Varela ha prometido hacer frente a los crecientes precios de los alimentos con controles draconianos en al menos los primeros seis meses de su gobierno. Eso plantea dudas sobre su compromiso con las políticas de libre mercado.

“La verdad, los controles de precio estilo Venezuela no son una estrategia ganadora”, dice un analista.

Su otra prioridad –cambiar la Constitución para fortalecer la independencia de la Suprema Corte, del contralor general y de otros órganos de gobierno, sobre los cuales Martinelli buscaba centralizar el control– tiene una recepción más cálida.

“Una de las mejores inversiones de ahora en adelante es en el fortalecimiento de las instituciones”, dice Mario Cuevas, del Banco Interamericano de Desarrollo.