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La guerra contra aquellos que acumulan dinero no revelado en el extranjero se intensificó cuando 47 países, incluido el Grupo de los 20 y algunos prominentes refugios fiscales, sellaron un pacto que revolucionará la acción de compartir información fiscal.

Bajo el sistema actual, los países tienen que presentar solicitudes entre sí para recibir datos sobre supuestos engaños. Incluso las averiguaciones razonables a menudo son rechazadas como “expediciones de pesca”. En el futuro, los firmantes, y docenas de países más, que posteriormente se sentirán presionados para unirse, intercambiarán información automáticamente una vez al año.

Esto incluirá estados de cuenta bancarios, ingresos sobre intereses, dividendos y las ganancias sobre ventas, que pueden ser usados para evaluar el impuesto sobre ganancias de capital.

Es probable que algunos países establezcan disposiciones especiales, con sanciones reducidas, para alentar a los contribuyentes incumplidos a llevar a casa su dinero, ahora en vez de esperar a ser atrapados una vez que inicie el nuevo sistema, probablemente en 2017.

Multas

El acuerdo también incrementa la presión para que los bancos identifiquen a los dueños finales de las compañías y fideicomisos fantasma, detrás de los cuales a menudo se ocultan los evasores fiscales.

El catalizador del acuerdo fue la Ley de Cumplimiento Fiscal sobre Cuentas en el Extranjero de Estados Unidos. La ley, aprobada en 2010, pronto impondrá fuertes multas a las empresas financieras extranjeras que no declaren a sus clientes estadounidenses. Una vez que Estados Unidos comenzó a presionar a favor de las declaraciones automáticas, otros países grandes hicieron lo mismo.

El firmante del acuerdo que más atrae la atención es Suiza, cuyos bancos estuvieron en el centro de los escándalos que dieron pie a la Ley de Cumplimiento Fiscal. El centro de administración de riqueza en el extranjero más famoso del mundo se erigió sobre un secreto bancario supuestamente férreo, pero ha sido obligado a ceder bajo la presión internacional.

Las autoridades estadounidenses, por ejemplo, actualmente están presionando a Credit Suisse para que se declare culpable de cargos de ayudar a evasores fiscales estadounidenses.

El reto: mejorar sistema

Esto es trascendental. Para los suizos, aceptar intercambiar datos de los clientes sistemáticamente es el equivalente cultural de que los estadounidenses renuncien a las armas. Singapur, que ha cobrado fama como la “Suiza del Este”, también es parte del acuerdo.

Deben superarse varios desafíos para que funcione. Los sistemas de recolección de datos necesitan ser mejorados y armonizados. Incluso las autoridades fiscales más sofisticadas pudieran pasar apuros para procesar la avalancha de información que se les vendrá encima.

Sin asistencia, los países pobres cuyas élites evaden impuestos usando refugios en el mundo rico no cosecharán los beneficios. Más refugios necesitan ser incorporados al acuerdo. Los satélites extraterritoriales de Gran Bretaña, como Jersey y las Islas Caimán, están a bordo a regañadientes, pero será más difícil incluir a Panamá, Dubái y los refugios dispersos en los océanos Índico y Pacífico, aunque ponerlos en una lista negra puede ser una herramienta poderosa.

Hasta que se incorporen, países como Luxemburgo y Suiza podrían tener una excusa para ser indolentes en la puesta en práctica de las nuevas reglas.

Sin embargo, el ritmo de los cambios ha sido notable. El intercambio de información mundial, impensable hace una década, está al alcance. Los evasores fiscales pueden ser ingeniosos, pero sus opciones se están cerrando rápidamente.

 

El acuerdo también incrementa la presión para que los bancos identifiquen a los dueños finales de las compañías y fideicomisos fantasma, detrás de los cuales a menudo se ocultan los evasores fiscales.

 

47

países han firmaron acuerdos para compartir información.

 

4

años tiene la Ley de Cumplimiento Fiscal sobre Cuentas en el Extranjero de EE.UU.