•   México  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Hace 20 años, Juan Morales cerró su bellamente preservado molino del siglo XIX en Morelos, una localidad en Coahuila cercana a la frontera con Texas (EE.UU.), después de que reducciones a los subsidios hicieron poco rentable el negocio de la harina.

Ahora espera que el molino reciba un nuevo aliento de vida, gracia a una histórica reforma energética impulsada por el presidente Enrique Peña Nieto. En vez de producir harina, Morales planea generar electricidad, usando agua de la corriente de su molino y una recién adquirida turbina eléctrica. Por primera vez podrá venderla a la red local.

Hasta ahora, casi toda la electricidad del país ha sido generada por la Comisión Federal de Electricidad, CFE, un monopolio estatal cuyas plantas humeantes en Nava, a 16 kilómetros de distancia, consumen tanto carbón que hay enormes congestionamientos de tráfico por los tiznados camiones que lo entregan.

Como Morales, la CFE tiene la vista puesta en un futuro más brillante. Según su director, Enrique Ochoa, la reforma energética le permitirá convertirse en más que solo un gigante de la electricidad.

Nuevos negocios

Por primera vez podrá vender gas natural a usuarios del sector privado; una actividad previamente reservada a Pemex, el monopolio petrolero estatal. Construirá hasta siete nuevas plantas de energía alimentadas con gas para reducir el uso del sucio y costoso petróleo.

También ofrecerá contratos de gas a largo plazo para fomentar la creación de una nueva red de ductos construidos, propiedad y operados por empresas privadas. Ochoa quiere que México se parezca a Texas, que es de un tercio del tamaño de México pero tiene siete veces más ductos de gas natural.

Proyectos de ductos con valor de 2,200 millones de dólares ya han sido anunciados. "Va a ser maravilloso", dice sonriendo. La reforma energética de México es la joya de la corona de siete reformas emprendidas por Peña Nieto desde que asumió la presidencia a fines de 2012.

La reforma energética gira en parte en torno a la extracción de hidrocarburos. Las grandes empresas petroleras ya están babeando ante la idea del fin del monopolio de 76 años de Pemex, y de revertir un desplome de una década en la producción petrolera; otros se enfocan en nuevas fuentes de energía, como el petróleo y el gas de esquisto. Pero el mayor premio es la electricidad más barata.

Apuesta a crecer

México ya es una potencia en manufactura. Produce casi una cuarta parte de los vehículos importados por Estados Unidos; el 27 de junio pasado, Nissan de Japón y Daimler de Alemania anunciaron que gastarían 1,400 millones de dólares para construir autos de lujo compactos en México, lo que viene después de una planta de 2,000 millones de dólares que Nissan abrió a fines del año pasado.

Pero los costos de la electricidad industrial con casi 80 por ciento más altos que en Estados Unidos, lo cual significa que las industrias con un uso intensivo de la electricidad, como los plásticos y los metales, no les ha ido tan bien como a la de fabricación de autos.

Facturas más bajas les harían mucho más competitivas. "Con la energía barata, México será irrefrenable", dice Luis de la Calle, un economista favorecido por la reforma.

Pocos mercados emergentes pueden jactarse de una agenda de reforma tan ambiciosa como la de Peña Nieto. Algunos observadores externos la ponen a la par de la estrategia de "Abenomía" de Shinzo Abe, en Japón. Sin embargo, el estado de ánimo en el propio México es mucho más pesimista.

Una fecha límite a finales de junio pasado para la aprobación de leyes secundarias que complementarían las reformas en energía y telecomunicaciones se cumplió, mientras el gobernante Partido Revolucionario Institucional, PRI, regatea con la oposición.

Una votación sobre esta legislación ahora se espera para fines de este verano. La economía avanza lentamente, en parte porque una campaña de cobro de impuestos no se ha visto acompañada por un impulso en el gasto público. A muchos les preocupa la capacidad de órganos regulatorios recién creados para hacer frente a los similares de Pemex.

Pesimismo

Una sensación de pesimismo prevalece incluso entre los empresarios bien posicionados para beneficiarse de las reformas. Galo Bertín fundó Especialistas en Turbopartes hace 23 años en Querétaro, una de las ciudades más dinámicas de México.

Su empresa repara turbinas usadas en la generación de electricidad, la producción de petróleo y la manufactura; las industrias que se beneficiarían más de una revolución energética. Bertín es una rareza en México: un hombre que se hizo solo y quien ha enlazado a una empresa local con cadenas de suministro mundiales.

Orgullosamente muestra una nueva área de la fábrica para manejar lo que espera sea un aumento en los pedidos aeroespaciales. Sin embargo, tiene graves dudas sobre el impacto de las reformas de Peña Nieto en el país.

Tras las reformas fiscales del año pasado, Bertín dice que su negocio se ha frenado por primera vez en su vida debido a las exigentes reglas sobre la nómina y la inversión que sus contadores siguen tratando de comprender.

Ridiculiza la promesa del gobierno mexicano de que los costos de la energía caerán. "Le apuesto una comida a que los precios no bajarán", dice. Ese escepticismo es comprensible. México ha estado bajo el dominio de monopolios y duopolios por tanto tiempo que la gente conoce poco más que precios altos y mal servicio.

Gran capital duda

Las grandes empresas también tienen sus dudas. Se rumora ampliamente que Carlos Slim, dueño de un imperio telefónico que le ha hecho uno de los hombres más ricos del mundo, ha dejado de invertir en sus redes de telecomunicaciones existentes en México y que le preocupa que una reforma de las telecomunicaciones y la difusión favorezca injustamente a su archirrival Televisa, la compañía televisiva más grande (y firme partidario de Peña Nieto).

Un desplome en la inversión en telecomunicaciones es un gran factor detrás de la desaceleración económica. Lo que es más, los hombres de negocios han buscado en vano los contratos de infraestructura que se suponía abundarían este año.

Aunque la Secretaría de Hacienda se ha jactado de un aumento en el dinero asignado al gasto público, apenas se ha gastado algo, dice Rogelio Ramírez de la O, un consultor. Algunos acusan a Luis Videgaray, el secretario de Hacienda y cerebro detrás de las reformas, de microadministrar los proyectos de gasto público demasiado celosamente.

Esperan que una serie de grandes proyectos, como un nuevo aeropuerto largo tiempo esperado para la Ciudad de México, se pongan en marcha una vez que esté finalizada la reforma energética.

Poder, economía y esperanza

Sospecha. Otros aún creen que la principal intención del gobierno de Peña Nieto es consolidar el poder del gobierno central (vía una más alta recaudación de impuestos y la creación de numerosos organismos reguladores) en vez de apoyar a la libre empresa.

Como lo expresó un banquero de inversión, hay creciente preocupación dentro del sector privado de que un grupo de grandes empresarios esté siendo reemplazado por una pandilla de políticos excesivamente poderosa.

Los simpatizantes de las reformas afirman que las quejas de las grandes empresas reflejan una relación más sana entre el gobierno mexicano y el sector privado. Señalan que México tiene una baja recaudación fiscal en relación con otros miembros de la OCDE, un club de países ricos, en parte porque las grandes empresas han sido muy buenas al evadir impuestos.

"Parte de su enojo", dice un funcionario, "es que estaban acostumbrados a estar muy cerca del gobierno y negociar con él. Este gobierno los está escuchando, pero no negociando con ellos”.

Incluso las protestas de las pequeñas empresas están recibiendo poca atención. Aunque también han encontrado dura la reforma fiscal, funcionarios del gobierno dicen que gran parte del dolor es causado por el cierre de resquicios fiscales.

Optimismo

Argumentan que el fruto vendrá eventualmente a través de más oportunidades de negocios, gracias a las reformas energética y de telecomunicaciones; crédito más barato vía bancos más competitivos; y menos informalidad como resultado de incentivos para las pequeñas empresas que se registren con las autoridades fiscales.

El gobierno espera que los beneficios de las reformas "crecimiento de los empleos más crédito, mejor educación y más petróleo" serán visibles antes de que termine el mandato de Peña Nieto en 2018. Las facturas de electricidad más bajas, el signo más obvio de éxito, pudieran llegar más pronto aún si se importara gas natural barato en mayores cantidades de Estados Unidos, y se desarrollaran nuevas fuentes de generación de energía en México.

Con tanto dependiendo de las reformas, los retrasos de último minuto en el Congreso mexicano son frustrantes. La tarea de mejorar la productividad gracias a las pequeñas empresas es inmensa; el riesgo de una caída en los precios del petróleo, que haría desplomarse los ingresos del gobierno, es pasado por alto. Pero cuando finalmente sean aprobadas, los beneficios de las reformas de Peña Nieto superarán a los costos.