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Carlito, un hombre enjuto de cabello encanecido, está sentado bajo una palmera en Mariel, una localidad en una bahía que está 40 kilómetros al oeste de La Habana; está bebiendo ron y viendo a un barco de contenedores partir hacia el mar Caribe.

Recuerda haber visto una flotilla de barcos más pequeños partiendo desde este mismo sitio en 1980, llevando a miles de oponentes del régimen de Fidel Castro hacia Florida (EE.UU.) en el éxodo de Mariel.

Aquellos eran tiempos de política muy tensa. Camiones del Gobierno acudían a su escuela a entregar huevos para que él y sus amigos los arrojaran a la gente que huía. Unos 15 años más tarde, después de que el colapso de la Unión Soviética en 1989 hizo caer a la economía de Cuba en una crisis, las fuentes de proteína eran tan escasas que Carlito recordó esos huevos desperdiciados con amargo arrepentimiento.

Algunos "Marielitos", como se conoce a quienes huyeron, regresaron recientemente y Carlito se asombró de lo mucho que habían prosperado.

"Les llamábamos traidores", dice, riendo entre dientes. "Ahora les llamamos ‘traedólares’”.

Otra visión

Al otro lado de la bahía desde donde está sentado Carlito, hay un puerto de contenedores que costó 900 millones de dólares, construido con dinero brasileño e inaugurado en enero. Hay planes para desarrollar una zona económica especial junto al mismo, tomando como modelo los prósperos centros de exportaciones, como Shenzhen, que China desarrolló a partir de 1980.

El puerto es parte de una visión para Cuba, para que dependa menos de cubano-americanos que envían remesas para apuntalar a la economía local, y más de una afluencia de inversionistas extranjeros.

Carlito, sin embargo, mantiene a raya su entusiasmo. A los albañiles que construyeron la terminal de contenedores les pagaron apenas 10 dólares al mes, dice, de manera que la ruinosa ciudad, aún no se ha beneficiado del desarrollo.

A ninguna de las 23 empresas que han buscado licencias para operar en la zona económica especial se le ha concedido todavía. Incluso Joaquín Infante, el vicepresidente de 88 años de edad de la burocrática Asociación Nacional de Economistas y Contadores Cubanos, exhorta a una autorización más acelerada de la inversión. "Necesitamos ser más flexibles y correr más riesgos", dice.

Las reformas

Pese a las reformas que han producido algunos grandes cambios en Cuba, en forma de restaurantes y albergues privados y nuevas cooperativas, la economía virtualmente se ha frenado. En el primer semestre de este año, el PIB creció en solo 0.6 por ciento, lo que llevó al Gobierno a reducir su estimación para el crecimiento de todo el año a 1.4 por ciento. Eso es menor que el promedio anual de 2.7 por ciento desde que Raúl Castro se convirtió en presidente en 2008.

La inversión es la raíz del problema. En un informe de julio pasado, dos economistas cubanos, Omar Everleny y Ricardo Torres, estimaron que el crecimiento en el capital social de Cuba, como maquinaria y edificios, cayó a 7.8 por ciento del PIB el año pasado, cerca de su nivel de 5.4 por ciento en 1993, cuando la economía estuvo en graves problemas.

En Latinoamérica en general, la cifra es superior al 20 por ciento.

Desde el piso 20 del Habana Libre, un hotel venido a menos, no se puede ver ni una grúa en el horizonte. "La economía está arruinada", dice un diplomático basado en La Habana.

Los simpatizantes del régimen argumentan que las reformas simplemente necesitan más tiempo. Una reorganización orientada a las utilidades en los gigantes propiedad del Estado, como el monopolio azucarero, pudiera ser prometedora; es simplemente que los burócratas que las operan son lentos ante el cambio.

La falla

Sin embargo, los críticos ven una falla fundamental en el modelo de reforma. Aunque ha buscado dar a algunas personas más libertad en lo que producen y venden, el Estado mantiene el control absoluto sobre los insumos que necesitan para esos negocios, como semillas para cultivos, salsas y especias para los restaurantes y refacciones para los taxis.

Ha aplicado mano dura contra las “mulas” que traen esos productos en aviones de pasajeros desde el extranjero. Los diplomáticos dicen que esas contramedidas harán más difícil que Cuba atraiga los 2,500 millones de dólares en inversión extranjera anual que el régimen pretende.

Algunos también estiman que la restricción financiera contra la isla se ha vuelto más estricta este año tras el caso contra BNP Paribas, un banco francés, por evadir las sanciones estadounidenses contra hacer negocios con Cuba, entre otros lugares.

Esa es la razón por la cual los observadores de Cuba han puesto especial atención a las visitas de los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y de China, Xi Jinping, en las últimas semanas. Aunque ambos hombres ofrecieron pocas inversiones concretas en Cuba, dieron la oportunidad de que el régimen de Castro empezara a reducir su dependencia de su aliado más cercano, Venezuela, cuyo Gobierno pro-cubano ha sido sacudido por la inestabilidad este año.

“Tenemos que diversificar”, dice Infante, “y no depender de un solo socio”. Él espera que eso signifique más inversión china y rusa en Mariel.

Más que amigos

Futuro • Un enviado dice que el régimen también prefiere esas inversiones al capital occidental, porque no ve a China ni a Rusia como un "caballo de Troya" que trabaje por el cambio del régimen, como ve a los inversionistas estadounidenses.

Un economista cubano ve paralelos sorprendentes con los términos especiales ofrecidos a la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

“La mentalidad de quienes toman las decisiones es dialogar con Rusia, dialogar con China y hacerles ofertas basadas en la política", dice.

"Pero esta es la misma mentalidad que teníamos en el pasado, y no hizo mucho por la productividad”.

El cortejo cubano a Rusia es particularmente notable: un día después de que el vuelo MH17 de Malaysia Airlines fuera derribado, el expresidente Fidel Castro culpó públicamente al Gobierno de Ucrania.

Esa postura abiertamente prorrusa sobre Ucrania podría entorpecer las negociaciones políticas que empezaron este año entre Cuba y la Unión Europea, dicen diplomáticos. También hace más difícil que el presidente Barack Obama mejore las relaciones de Estados Unidos con Cuba, ya no digamos que considere el fin del contraproducente embargo impuesto hace 54 años.

En Muriel, Carlito quiere buenas relaciones con todos, especialmente con Estados Unidos. "Afortunadamente, los cubanos tenemos mucha paciencia", dice, "y la paciencia es buena. Sin ella solo hay frustración".

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