María Haydée Brenes
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Playa La Flor, San Juan del Sur.

Llegue tarde. La gran arribada de tortugas que esperé durante meses se me pasó en Managua entre elecciones, manifestaciones y ruidos de morteros. Mientras recorro la franja de playa emocionándome por ver a seis tortugas que abren sus nidos con mucha dificultad, trato de imaginarme a las 150 mil tortugas que estuvieron en este sitio desde el viernes siete hasta el lunes diez de noviembre.

“Fue algo increíble, hasta se murió una porque cuando no encontró donde hacer el nido en la playa, se internó mucho a la parte boscosa y no tuvo fuerzas para regresar, creo que se enredó en unos bejucos y allí quedó”, me comenta uno de los 17 miembros del Ejército de Nicaragua que resguarda la zona, mientras me señala el sitio donde el quelonio fue sepultado.

La Flor es un lugar maravilloso, una de las siete playas en el mundo donde cinco especies de tortugas en peligro de extinción deciden desovar desde hace miles de años. Hace diez años fue declarado Refugio de Vida Silvestre y es protegido por el Ejército de Nicaragua y las autoridades ambientales, sin embargo, y pese al trabajo conjunto que realizan con organismos de protección, como Paso Pacífico y Fauna y Flora Internacional, son muchas las personas que ingresan al sitio con pretensiones de robar los huevos para comercializarlos.

Depredadores al acecho

Pero no sólo los humanos son un obstáculo para las tortugas, lo son también las bandadas de querques y zopilotes que sólo esperan que la tortuga concluya el desove para comerse los huevos.

“Con la gente se pueden tomar precauciones, y se han tomado, igual que con los perros, que antes ingresaban a hacer de las suyas, pero con las aves lo único que podría sugerir que puede hacerse es trasladar las colonias de aves del lugar mientras esté la época de arribada, que va de julio a noviembre, porque no se puede hacer ruido, pues esto no sólo atemorizaría a las aves, sino también a las tortugas”, señala Milton Camacho, quien fungió como director de Áreas Protegidas del Marena.

Mientras trato de ahuyentar de los nidos de tortuga a los querques que picotean en la arena hasta encontrar un huevo y comérselo, observo cómo un grupo de zopilotes se coloca alrededor de un quelonio que termina de desovar, este festín de las aves en el que comen hasta más no poder, se repetirá nuevamente dentro de 40 días, cuando los pocos tortuguillos que salgan de los huevos busquen el mar.

Los biólogos señalan que nada puede hacerse para proteger a los tortuguillos, aunque den ganas de tomarlos con las manos e irlos a dejar al agua, pues las primeras dos horas de vida, es decir, desde que eclosiona el huevo hasta llegar al mar, son fundamentales para su desarrollo, y ya no decir las primeras 48 horas de vida, porque en el agua son muchos los depredadores que desde la playa no se ven, pero que están a la espera.

De acuerdo a las estadísticas llevadas por los encargados del Refugio de Vida Silvestre La Flor, la última arribada superó las 122 mil tortugas que se habían contabilizado de junio a octubre de este año.

Ejemplos de vida
Dos de las tortugas, de las seis que encontré en mi gira por la Playa La Flor, tenían alguna mutilación, a una le faltaban las dos aletas traseras, y otra no tenía una parte de su caparazón, algo que sin duda les dificulta abrir los nidos y las expone más a los depredadores en el mar.

“No son las únicas que están mutiladas, cada año vienen centenares a las que les falta algo, nunca han sido contadas, pero después de un par de años aquí uno reconoce que son las últimas en llegar, y quizás a las que les nacen más tortuguillos, porque cuando la playa está llena de tortugas, con grandes arribadas, al momento de abrir los nidos se sacan los huevos, y esos quedan descubiertos y los pájaros no los perdonan”, expresa Adelayde Rivas, del organismo Paso Pacífico.

Nueva temporada turística
Randall Granja, Presidente de la Comisión de Turismo de San Juan del Sur, comenta que los meses de arribada de tortugas, sobre todo septiembre, octubre y los primeros días de noviembre, cuentan para los empresarios turísticos de la zona como una nueva temporada de turismo.

“Antes y después de las Fiestas Patrias, en septiembre, caíamos en temporada baja, pero ahora se ha dado un incremento considerable en la llegada de turistas, sobre todo europeos, que vienen en busca de las arribadas de tortugas, ellos son conservacionistas que viajan en grupos de más de diez; años atrás estos meses eran más difíciles y uno se recuperaba hasta en diciembre”, comentó Granja.

Si bien muchos turistas llegan por su cuenta hasta el refugio La Flor, otros optan por los servicios de empresas como Casa Oro, que fue reconocida por el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales (Marena) por su labor a favor de la conservación y protección de las tortugas marinas o Community Tours.

El tour de Casa Oro inicia con un video explicativo sobre el ciclo de vida de las tortugas, en él también se destacan las precauciones que uno debe tomar cuando observa una arribada, sobre todo si es de noche, pues no se puede llevar cualquier tipo de lámpara, y jamás se debe alumbrar a las tortugas, ya que se asustarían y retornarían al mar, ver a las tortugas es un privilegio, y se llega a la playa a verlas, no a violentar su espacio.

Hasta la fecha han visitado la reserva La Flor 523 turistas extranjeros y nacionales. Si uno decide hacer el tour con las operadoras, el costo del mismo es de 30 dólares, que incluye el precio de la entrada; si decide hacerlo por su cuenta, el costo varía, si es extranjero adulto, paga diez dólares, los niños extranjeros pagan cinco dólares, y para los visitantes nicaragüenses el costo de la entrada es cinco dólares, y para los niños nacionales la entrada cuesta dos dólares con cincuenta centavos, aunque el costo es más barato para los turistas nacionales, lamentablemente son más los extranjeros que llegan.

Sin condiciones
Esta reserva presta pocas condiciones para la llegada de turistas, no cuenta con un sitio donde comprar comida o bebidas, de forma que los que decidan aventurar deberán llevar raciones frías y sus casas de campaña, el espacio para acampar está despejado de maleza y se pagan 500 córdobas (25 dólares) para que le permitan pasar la noche allí.

No hay luz eléctrica ni agua potable, y las letrinas que se usan son las de la casa de vigilancia, y son sólo dos. Es imprescindible el repelente de mosquitos, y se solicita silencio a toda hora para no ahuyentar a las tortugas. El único lugar cercano para comprar comida caliente es el Rancho de Tere, un pequeño negocio ubicado a 20 minutos del Refugio en la comunidad La Flor.


ESTADÍSTICA DE LLEGADA DE TORTUGAS
Período Tortugas en arribada Tortugas solitarias Total Tortuguillos
Nacidos
2002-2003 103 mil 34 887 103 mil 921 517 mil 169
2004-2005 70 mil 683 1, 566 72 mil 249 980 mil 590
2005- 2006 86 mil 718 1,070 87 mil 788 833 mil 143
2006-2007 183 mil 374 4 mil 967 189 mil 070 188 mil 922
2007-2008* 120 mil 329 2, 648 122 mil 977 756 mil 420

*Estadísticas no incluyen las últimas 150 mil de la arribada.