Edgard Tijerino
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Después de haber quedado a la orilla del título en el Mundial de 1947 realizado en Colombia, y aún fresco en el recuerdo del temprano error de Vallecillo y el out de Cayasso en tercera intentando arrimar al plato la carrera del empate, se encendieron las velas de la esperanza al momento de cantarse el ¡Play Ball! en 1948.

Nicaragua jugaría como local por vez primera, estrenando un estadio con capacidad para 24 mil personas que fue terminado en horas extras. Ahí estaba nuevamente Juan Ealo al timón de la nave, asegurando la óptima preparación del equipo pinolero. Sin Cuba en la lucha, todos pensaban que ahora sí, seríamos campeones. Nadie en el terruño veía cómo podría escaparse el título con George Wehmeyer, Pancho Fletes, Cachirulo Mendoza, Stanley Cayasso, Daniel Mena, Ernesto Chamorro, “El Conejo” Hernández, Bert Bradford, Eduardo Green y un pitcheo que lucía balanceado, más la sagacidad de Ealo y el respaldo de unas tribunas llenas a reventar.

El equipo se fue a pique aparatosamente ante el asombro del público y los expertos, ganando solamente un juego a El Salvador y perdiendo los otros seis. Así que se finalizó en penúltimo sitio, lo que ha sido calificado como el más sorprendente y dramático derrumbe de una Selección tan inflamada por las expectativas.

En uno de los momentos más angustiosos del torneo, con las ilusiones nicas bombardeadas, Ealo se sintió amenazado por la frustración del público y decidió entregar las riendas. En una ocurrencia sin pies ni cabeza, Anastasio Somoza asumió el mando de “la tropa” y se instaló en el dogout con kepis y uniforme militar. Sin embargo, el hundimiento continuó, con la Selección pareciéndose a un viejo y carcomido galeón español.

Primera caída
El Estadio se inauguró con Colombia derrotando a Guatemala 6-2, el 20 de noviembre, apoyándose en un pitcheo de cinco hits realizado por Cañete; y en el segundo juego efectuado el 21 de noviembre, México le ganó 7-3 a El Salvador.

Para los que anotan, el antesalista azteca Carlos Quezada disparó el primer jonrón en nuestro Estadio. Se jugaba sin barda y batazos que se iban a lo profundo luego de bañar a los guardabosques o picar entre dos, se podían extender lo suficiente para permitirle al bateador darle la vuelta al cuadro.

Nicaragua debutó ante Panamá el día 21 y casi 30 mil personas se acomodaron como alfileres en el parque para ser testigos del gran duelo.

El mando nica decidió abrir con Manuel Mendoza y en el propio primer inning los panameños tomaron ventaja de 1-0, que posteriormente ampliaron con dos carreras más en el inicio del cuarto. Héctor López, Marcos Cobos, Joseph Braitwate, Miller y Harold Gordon encabezaron el ataque panameño.

Los nicas ripostaron con una carrera en el quinto y otra en el sexto, pero Panamá logró dos más, tirando por los nuestros José “Cabuse” Díaz. El partido finalizó 5-3, luego que los nuestros agregaran una en el cierre del noveno.

Errores de Wehmeyer y Fletes fueron graves y Nicaragua bateó siete hits alineando a Wehmeyer en segunda, Fletes en el short, Green en el center, Emilio Mendoza en el left, Cayasso en primera, “El Conejo” Hernández detrás del plato, Ernesto Chamorro en el rigth, Daniel Mena en tercera y Manuel Mendoza en la colina.

La única victoria
Una señal de rápido resurgimiento fue enviada en el segundo partido, pero se convirtió en algo fugaz. Nicaragua con un ataque de 14 hits, entre ellos seis dobles y un triple, respaldando el pitcheo sereno de Etzel Brown, derrotó por 13-3 al equipo salvadoreño. Bert Bradford, candente, bateó de 5-3, incluyendo dos tubeyes; Ernesto Chamorro, de 4-3 con doble y triple, y la defensa funcionó nítidamente. No era un triunfo como para hacer repicar las campanas, sin embargo, se consideró que era un síntoma de enderezamiento. Ahora sí se soltarían las fieras.

Mientras tanto, el tirador boricua León Richard establecía récord de ponches en esos clásicos al “fusilar” a 14 bateadores de Colombia, en victoria de Puerto Rico por 4-3.

Doloroso tropezón
Frente a México en la tercera salida, los nicas estuvieron arriba 2-0 respaldando pitcheo cerrado de Alfredo Medina en las seis primeras entradas. Súbitamente, como suele suceder en el béisbol, los aztecas salieron del closet con capuchas y garrotes, explotando a Medina con una ofensiva de tres carreras, dándole voltereta al marcador en forma espectacular.

Ya no hubo tiempo ni aliento para reaccionar. En ese instante todo quedó consumado: 3-2.

Nicaragua cometió seis errores y los mexicanos dispararon once hits en contra del abridor Medina y el relevista Timothy Mena. Por los nicas, Jorge Wehmeyer descargó jonrón en medio de una ofensiva de ocho hits. Fred Carrera, realizando un gran trabajo como relevo del abridor Romero, se apuntó la victoria.

Otro naufragio
Frente a Colombia, con el ministro de Guerra, Anastasio Somoza remplazando a Ealo, los nicas naufragaron a la defensiva con un total de seis errores, varios gravísimos, sufriendo la tercera derrota por cifras de 4-2, pese al esfuerzo monticular desplegado por el zurdo Etzel Brown.

Colombia también estuvo fatal a la defensa, pero Roberto Pérez, quien caminó toda la ruta, supo apretar las tuercas en las situaciones difíciles para garantizar la victoria.

El juego estuvo 0-0 hasta el quinto, y al igual que contra México, Nicaragua tomó ventaja de 2-0. Pero Colombia empató en el séptimo y se fue al frente definitivamente en el octavo. A esa altura ya estábamos viviendo en un mundo raro, tratando de sobrevivir entre las tinieblas.

Etzel Brown, José Díaz y Timoty Mena lanzaron por Nicaragua. Se registraron variantes en la alineación, colocando a Green --quien fue líder impulsador del Torneo-- como primer bate, abriéndole espacio a Napoleón Romero y utilizando a Alberto Sandino detrás de Cayasso en el quinto turno.

Muerte súbita
Frente a Dominicana el equipo sangró profusamente en el propio primer inning. Una falla a consecuencia de la falta de entendimiento entre el receptor Manuel Miranda --usando el guante y la máscara de “El Conejo”-- y el inicialista Ernesto Chamorro, abrió las puertas para un rallie mortal de siete carreras.

Pese a esa madrugadora y kilométrica ventaja, no fue un juego fácil para los dominicanos. Nicaragua peleó y terminó perdiendo 9-5 en un trayecto recortado a siete entradas por la oscuridad.

Los dominicanos fueron obligados a usar cuatro lanzadores, entre ellos su “as de espadas”, Ramón del Monte y Consuegra, quien resultó como el Jugador Más Valioso del certamen.

No fue sobre una alfombra que estuvo sentado Consuegra. Se vio agredido en el sexto con jonrón de Green dentro del campo a base de su gran velocidad de piernas, y cañonazos productores de Mendoza y Miranda. Fue necesario que José Leonte López entrara a sofocar la ofensiva nica. Juan Manuel Vallecillo como emergente por Fletes bateó un hit, en tanto el mejor bateador fue Green con tres cohetes en cuatro turnos.

Más sal en la herida
Frente a Puerto Rico los nicas cayeron por 11-4, víctimas de un ataque de 16 hits. Una vez más nos golpearon en el hígado y la mandíbula en el propio primer inning con tres carreras, y al cerrar el cuarto inning perdíamos 7-0 con la multitud arrugada en las tribunas, viendo cómo los cálculos previos continuaban siendo destrozados.

Se intentó remar contra la corriente, y en ese esfuerzo los nicas conectaron 12 hits, incluyendo dos de Ernesto Chamorro y dos del hostigoso Green; pero la ventaja de 7-0 llegó a tener el peso de una lápida.

Abrió Momo Niño Obando, seguido de Manuel Mendoza, Etzel Brown y Cabusé Díaz. Se apuntó la victoria Domingo Sevilla, con ayuda a tiempo del feroz León Richards.

Última caída
Nicaragua se despidió del público perdiendo por 5-4 frente a Guatemala, pese a conectar ocho hits contra siete.

El pitcheo abridor volvió a flaquear frente a un equipo considerado en principio “peso mosca”. José Díaz, Alfredo Medina, Etzel Brown y Timoty Mena trabajaron en la colina ese día.

Parecía insólito que un equipo depositario de tantas esperanzas se hundiera en tal forma en medio de un gigantesco respaldo popular.

Con gente como Green, Cayasso, Momo Niño, Brown, Wehmeyer, Bradford, Fletes y “El Conejo”, parecía algo surrealista ver a Nicaragua jugar tan mal para terminar en penúltimo lugar con balance de un triunfo y seis reveces, superando solamente a El Salvador.


Dominicana se corona
Dominicana y Puerto Rico, empatados en primer lugar, decidieron el título en una serie extra. Los dominicanos ganaron dos partidos por cifras de 11-1 y 2-1, este último con pitcheo magistral de Ramón del Monte y Consuegra para coronarse campeones.

El estado final de la Serie regular fue el siguiente: Dominicana y Puerto Rico con 6-1, México y Colombia con 5-2, Panamá 3-4, Guatemala 2-5, Nicaragua 1-6 y El Salvador 0-7.

Ernesto Chamorro, con 10 hits en 23 turnos para 435, fue el mejor bateador de Nicaragua. Pero Green, con 10 hits en 26 turnos registrando 385 puntos, resultó como líder impulsador del torneo con 11. Manuel Cáceres, de Dominicana, y Luis Morales, de Colombia, con 522 puntos, compartieron el liderato de bateo.

Nicaragua conectó dos jonrones: el de Green y el de Wehmeyer, siendo líder jonronero Miguel Cierral, de México, con un total de cuatro. Josephs, de Panamá, fue el rey de las estafas con un total de nueve; y el jugador más útil para el equipo de Nicaragua en medio de la debacle fue el pitcher Etzel Brown.

Ese torneo ha sido la más terrible pesadilla que hemos vivido.

dplay@ibw.com.ni