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  • AFP

Una enorme silueta del general Augusto C. Sandino, visible desde toda Managua, domina la cima de la Loma de Tiscapa, pero los guerrilleros que alzaron sus banderas para derrocar al dictador Anastasio Somoza en 1979 ahora están divididos y, mientras unos defienden los resultados de los comicios municipales nicaragüenses, otros denuncian un fraude.

La Loma de Tiscapa tiene una ubicación estratégica en la capital, por lo que fue escogida como cuartel y hogar por Anastasio Somoza García, quien fundó en los años 30, con apoyo norteamericano, una dictadura dinástica que sometería a Nicaragua durante cuatro décadas.

Todo en esta loma tiene historia, desde las mazmorras donde eran torturados los presos políticos, hasta las barreras anticohetes levantadas tras un ataque guerrillero por Anastasio Somoza Debayle, hijo del fundador de la dinastía, meses antes de ser derrocado por los rebeldes del Frente Sandinista en 1979.

Un Parque Histórico Nacional existe ahora en la cima, con placas en memoria de víctimas del somocismo, así como trofeos de guerra que conquistaron los sandinistas cuando tomaron el poder, entre ellos un pequeño tanque obsequiado a Somoza García por el dictador fascista italiano Benito Mussolini.

Situada en el centro de Managua, la loma es el cráter de un volcán inactivo que tiene adentro una laguna rodeada de vegetación, donde los turistas pagan 15 dólares para practicar 'canopy', que consiste en deslizarse por los aires a gran velocidad colgando desde una cuerda de acero y sujeto con un arnés.

El 'canopy' también atrae a los nicaragüenses, entre ellos a Tomás Borge, fundador del Frente Sandinista y uno de los comandantes de la revolución, quien hace un tiempo quedó atascado a mitad de la cuerda y tuvo que ser rescatado.

En la entrada de una fortaleza subterránea de la odiada Guardia Nacional de los Somoza, se exhibe ahora una exposición sobre Sandino, que incluye fotos del legendario patriota nicaragüense, descrito como el general de un "pequeño ejército loco" por la poetisa chilena Gabriela Mistral, premio Nobel de Literatura.

Pero a ocho meses de que cumplan 30 años de la caída de Somoza, los 'hijos de Sandino' están peleados entre sí y el jefe del Frente Sandinista, el presidente Daniel Ortega, enfrenta críticas de ex camaradas, incluidos algunos comandantes guerrilleros.

El poeta, sacerdote y ex ministro Ernesto Cardenal rompió con Ortega, mientras el cantautor Carlos Mejía Godoy, cuya música estimulaba a los guerrilleros del Frente, prohibió que el gobierno utilice sus canciones en su propaganda.

También abandonaron el Frente periodistas de los tiempos de la lucha contra Somoza y los 'contras' apoyados por Washington, así como las comandantes guerrilleras Dora María Téllez y Mónica Baltodano, y el ex número dos del gobierno revolucionario sandinista de los años 80, Sergio Ramírez.

Algunos ex camaradas dicen que Ortega ahora ejerce un poder absoluto en el Frente, que antes tenía un mando colegiado, y que lo guía un afán personal y no un proyecto político.

"Daniel no es de izquierda en absoluto, es un fundamentalista religioso que cree en cosas esotéricas y un enamorado del poder. Se cree iluminado", dijo Baltodano a la AFP.

Todos estos sandinistas, los del gobierno y los de la oposición, siguen invocando a Sandino, quien fue asesinado por soldados de Somoza el 21 de febrero de 1934, tras ser detenido mientras cenaba en la Loma de Tiscapa en la casa del presidente Juan Bautista Sacasa (más tarde derrocado por Somoza).

En el Parque de la Loma de Tiscapa todavía quedan restos de la residencia de los Somoza, mientras las mazmorras de la Guardia Nacional ahora sirven como archivo de la policía.

Aunque los sandinistas trataron de derrumbar el búnker del ex dictador, fue imposible debido a la solidez de sus muros, por lo que la edificación sigue parcialmente en pie, muy cerca de la enorme silueta del Sandino, mudo testigo de la disputa política que hoy libran sus seguidores.