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2014 ha sido un año especialmente movido para los rescatistas de las diferentes instituciones que operan en el país. Su actuación en dos derrumbes, uno en el barrio capitalino 18 de Mayo y otro en la mina El Comal, de Bonanza, cuyas labores de rescate fueron seguidas en tiempo real por los televidentes, los ubica como los personajes del año.

16 de octubre, 8:00 p.m. La estrepitosa caída de una parte del muro perimetral del residencial Lomas del Valle sobre las casas del barrio 18 de Mayo hacen sonar las voces de alerta.

Claudio Pompilio Baca, miembro de la Unidad de Búsqueda y Rescate de la Asociación Civil Cuerpo de Bomberos Voluntarios, fue uno de los primeros en llegar al lugar. Recuerda que ese día asistió “con lo básico”. La población —relata Baca— alertó pero sin especificar la magnitud del derrumbe. “Hablaron de un colapso pero no fueron claros”. Cuando se presentó al lugar, solicitó a los pobladores que proporcionaran luces y contribuyeran a identificar la zona: quién vivía con quién y dónde. Hasta que estuvo en el sitio, se dio cuenta de la gravedad del derrumbe.

En vivo, a través de los canales oficiales, el país fue testigo de las labores de rescate. Entre el lodo y la penumbra, rescatistas de los Bomberos Voluntarios, de la Dirección General de Bomberos, del Ejército, de la Cruz Roja y del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres (Sinapred) sacaron los nueve cuerpos de las personas que perecieron aplastadas durante el aguacero que provocó la caída del muro perimetral.

Entre la zozobra y las labores, se escucharon los gritos de alegría de un rescatista que escuchó la voz de dos niñas. Uriel Rocha, jefe de la Unidad de Búsqueda y Rescate de la Asociación Civil Cuerpo de Bomberos Voluntarios, estaba allí cuando uno de los bomberos, el más delgado, entró por un orificio y extrajo a las pequeñas Shirley Rubí Bello Vásquez, de dos años, y Elizabeth Abigail Castro Vásquez, de seis.

“En el barrio 18 de Mayo la gente nos decía: en ese punto donde sacaron los cadáveres hay dos niñas”. Rocha explica que mientras realizan “las labores hacemos trabajo psicológico. Les explicamos a las personas que van a escuchar golpes. A las niñas las sacó un compañero de la Cruz Roja. Nosotros ya habíamos hecho un orificio de inspección”, cuenta.

En constante emergencia

Uriel Rocha ingresó en su juventud al Benemérito Cuerpo de Bomberos, pero salió de esta organización por disposición de su madre luego que su hermano, también bombero, sufrió una fractura.

Hace seis años cumplió su aspiración de volver a ser bombero. Al inicio pasó ocho meses limpiando mangueras, las ambulancias y los camiones. El oficio, dice, es duro y exige muchos sacrificios.

“Es una gran inversión, perdés tiempo con la familia y hasta provoca enojo en las esposas, porque salen muchas emergencias”, comenta Rocha.

La noche del 28 de agosto se encontraba en el concierto de Los Tigres del Norte cuando lo llamaron. Había una emergencia. Al día siguiente debía viajar a Bonanza, en el Caribe Sur, para trabajar en las labores de rescate de 29 mineros que se encontraban atrapados en la mina El Comal, de los que siete perecieron.

“Estaba cubriendo el concierto cuando me llamaron. ‘Uriel, alistate que van a salir para Bonanza’, me dijeron, pero sin precisarnos la hora. Al día siguiente, a las 8:00 de la mañana, nos avisaron que debíamos movilizarnos”.

Tragedia en El Comal

Veintinueve mineros quedaron soterrados el 28 de agosto en la mina El Comal, cuya concesión de explotación la tiene la empresa Hemco. Cuando ocurrió el accidente ya estaba clausurada, pero los mineros artesanales entraban a ella para extraer brozas que posteriormente vendían a Hemco.

El país siguió de cerca la tragedia y observó casi a la medianoche del viernes 29 de agosto cómo los rescatistas sacaron uno a uno a los güiriseros que habían quedado atrapados. Esa experiencia, confiesa Uriel Rocha, ha sido la más complicada que le ha tocado vivir: “Fue la de mayor riesgo y de mayor aprendizaje”. En total eran 34 rescatistas de diversas instituciones y entre ellos dos voluntarios, uno de ellos Rocha.

rescate

“Hasta el rescatista con más experiencia, que tiene 27 años en esto, decía que si pasaba algo nos íbamos a quedar allí adentro. Nos metimos a las profundidades, tirabas una piedra y a los diez segundos escuchabas que caía. Fue difícil acoplarnos con las personas de allá por su empirismo y porque nosotros llegamos con nuestro tecnicismo”.

Trabajaban en pareja o en grupos de tres. Tras cuatro días de búsqueda, las labores fueron suspendidas porque se presentaron nuevos derrumbes. “Los expertos tuvieron que reconocer que era imposible seguir entrando” a la mina, porque “era peligroso y difícil estar ahí”, explicó entonces a medios oficiales la portavoz del Gobierno de Nicaragua y primera dama, Rosario Murillo.

“Los mismos mineros dijeron: no sigamos que habrán más muertos. La gente era muy solidaria, nos ayudaba. Teníamos que pasar en espacios pequeños, en tablones que siempre rechinaban”, comenta Rocha.

Las emociones siempre se dejan para cuando concluyen las labores. “Si te chocás, mejor salite”, asevera Claudio Pompilio Baca.

“Nuestras reacciones son después, cuando nos sentamos, nos relajamos, nos ponemos a pensar qué hubiese pasado”, expresa Uriel Rocha.

 

El Nuevo Diario solicitó una entrevista al subdirector de la Dirección General de Bomberos, comandante Ramón Landeros, pero se negó a hablar alegando que necesitaba una autorización del Ministerio de Gobernación. Ninguno de los bomberos que allí laboran tiene permiso para dar declaraciones.