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El exgobernador de Florida Jeb Bush, hijo y hermano de presidentes, dijo una vez que montaría su propia postulación a la presidencia solo si podía hacerlo “con alegría”. Aparentemente puede: El 16 de diciembre, después de meses de especulación, Bush anunció su decisión de “explorar activamente la posibilidad” de postularse para la presidencia en 2016.

Su ingreso a medias en la contienda desencadenará un torrente de análisis sobre qué tipo de republicano es Bush. Quienes recuerdan su periodo dirigiendo Florida, de 1999 a 2007, tienen en mente a un fiscal rígido y un conservador social, un gobernador que redujo miles de millones de dólares de recibos fiscales estatales y aprobó un maremágnum de leyes favorables a las armas.

Más recientemente, sin embargo, ha sido portavoz del ala pragmática y pro-empresarial de su partido. Es conocido por dos posturas, sobre todo, que encolerizaron a los intransigentes conservadores: su apoyo a los estándares educativos nacionales conocidos como “Common Core”, vistos en la derecha como un complot liberal, y su creencia de que los republicanos deben adoptar una reforma de inmigración más amplia con entusiasmo y compasión, o enfrentar la irrelevancia a largo plazo.

Esperen muchas opiniones expertas sobre su apellido y sobre cómo los puristas en la derecha ven a la familia Bush como apóstatas del gran gobierno, mientras que la izquierda considera a su hermano mayor, George W. Bush, como algo cercano a un criminal de guerra.

Es tarde

En realidad, Jeb Bush no se ha movido mucho. Es su partido el que se ha lanzado hacia la derecha doctrinaria, con las bases y sus tribunos en el Tea Party que busca purgar a las filas republicanas de los considerados insuficientemente puros. En cuanto a su apellido, es más bien tarde para que el segundo hijo de 61 años de edad del expresidente George H.W. Bush haga mucho al respecto.

Una interrogante más interesante involucraría a la prueba de alegría del exgobernador, y sí una nueva campaña de Bush sería un asunto alegre y edificante o esfuerzo difícil, costoso y amargo.

Bush habla con sensatez cuando se refiere a la necesidad de que los republicanos hagan concesiones, ocasionalmente, si quieren gobernar. Unas semanas antes de Navidad, dijo ante una cumbre de directores ejecutivos que un candidato presidencial republicano en 2016 tendría que adoptar una estrategia de “perder las primarias para ganar la general”.

Eso es hablar en código de postularse de principio a fin con base en políticas que puedan captar algunos votos centristas e independientes, en vez de seguir la estrategia eje intentada por personajes como el exgobernador Mitt Romney de Massachusetts.

Esfuerzos muy pequeños

Tras perder la nominación presidencial de 2008 del partido, Romney regresó para ganar la nominación de 2012, declarándose “severamente conservador” y demandando leyes tan rígidas que los inmigrantes se desesperaran y se deportaran solos.

Esto le valió la selección del partido, aunque con renuencia en algunos círculos, pero lo condenó en la elección general. Para cuando había asegurado la nominación, sus esfuerzos para regresar a su verdadero interés, políticas amistosas con las empresas para componer a la economía, fueron demasiado pequeños y demasiado tardíos.

El consejo de Bush es valiente: Muchos miembros republicanos del Congreso, gobernadores y otros funcionarios solo se atreven a aclamarlo en silencio. Aun así, sin embargo, una inequívoca reprimenda acechó en su declaración. Expresado de otra manera, Bush estaba indicando que los grupos entregados de activistas de las bases que deciden muchas de las primarias del partido son una amenaza. Aun cuando tiene razón, eso es como abrir una verdadera caja de Pandora.

División en el partido republicano

DUDAS• Claramente, muchos de los jefes empresariales, grandes donantes y republicanos del sistema que han pasado años anhelando que Bush se postule no meramente están en desacuerdo con las bases populares conservadoras, les disgustan y resienten su influencia. La antipatía es mutua: Quizá ningún otro potencial candidato para 2016 enoja tanto a los activistas del Tea Party.

Ni siquiera es seguro que Bush disfrute en gran medida buscar la nominación de su partido. Más de una vez en los últimos años, ha ofrecido discursos en reuniones políticas conservadoras que fracasaron o sonaron como una tarea rutinaria. El Partido Republicano no está simplemente dividido, sino que parece una familia profundamente infeliz. Unirlo será una labor de amor, pero una labor no obstante.

Suponiendo que Bush se postule, habrá tiempo suficiente para que afiance sus posturas políticas y establezca cómo difiere de otros candidatos amigables con el sistema que también pudieran aspirar a la Casa Blanca, desde el gobernador Chris Christie de Nueva Jersey hasta el propio Romney; en algunos círculos republicanos una nueva postulación de Romney es el rumor que no morirá.

Los pragmáticos murmuran que incluso los activistas estarán tan desesperados por ganar en 2016 que seleccionarán a alguien sensato. Quizá, pero Bush se expone a divisiones y animosidades dolorosas como ningún otro candidato. Eso importa. Si su candidatura se siente totalmente triste, estará condenada al fracaso.

8 Años ejerció Jeb Bush el cargo de Gobernador de Florida.