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Un desplome financiero en Rusia, declinantes precios del petróleo, un dólar fuerte, una nueva fiebre del oro en Silicon Valley, una economía estadounidense renaciente, debilidad en Alemania y Japón, monedas tambaleantes en los mercados emergentes desde Brasil hasta Indonesia, un demócrata acosado en la Casa Blanca. ¿Es esa un pronóstico del mundo en 2015 o un retrato de fines de los años 90?

La historia económica reciente ha estado tan dominada por la crisis crediticia de 2008-2009 que es fácil olvidar lo que sucedió en las décadas previas. Sin embargo, examinar la situación hace unos 15 años es instructivo, en términos de qué hacer y qué evitar. Entonces, como ahora, Estados Unidos estaba a la vanguardia de una revolución digital disruptiva.

El advenimiento del internet provocó un estallido de innovación y euforia en torno de las perspectivas de Estados Unidos. Para 1999, el PIB estaba aumentando en más de 4 por ciento anualmente, casi el doble del promedio de los países ricos, y el desempleo había caído a 4 por ciento, su nivel más bajo en 30 años. Los inversionistas extranjeros impulsaban al dólar y los precios de las acciones. El índice S&P 500 se elevó a casi 30 veces las utilidades y las acciones de tecnología no dejaban de aumentar.

El optimismo en Estados Unidos contrastaba significativamente con el pesimismo en otras partes, como ocurre actualmente. La economía de Japón se había deslizado hacia la deflación en 1997. Alemania era "el hombre enfermo de Europa", con sus compañías refrenadas por rígidos mercados laborales y otros costos altos.

Crisis desploma monedas

Los mercados emergentes, tras haber subido como la espuma, estaban en crisis: entre 1997 y 1999, los países desde Brasil hasta Tailandia veían desplomarse sus monedas conforme el capital extranjero huía y las deudas denominadas en dólares se volvían impagables.

Eventualmente, Estados Unidos también se topó con problemas. La burbuja de las acciones de tecnología estalló a principios del 2000, provocando una caída más amplia de los precios accionarios. La inversión empresarial, particularmente en tecnología, se hundió y, conforme caían los precios de las acciones, los consumidores recortaban sus gastos. Para principios de 2001, Estados Unidos, junto con la mayor parte del mundo rico, se había deslizado hacia una recesión, aunque moderada.

Inevitablemente, los paralelos no son perfectos. La mayor diferencia es China, un jugador menor en 1999 y ahora la segunda economía más grande del mundo, contribuyendo desproporcionadamente al crecimiento mundial. Sin embargo, hay tres tendencias en marcha que desestabilizaron a la economía mundial entonces y pudieran hacer lo mismo ahora.

Vuelo peligroso

La primera es la brecha entre Estados Unidos, donde el crecimiento se está acelerando, y casi todos los demás lugares, donde se está desacelerando. A fines de los 90, Larry Summers, entonces subsecretario del Tesoro de Estados Unidos, advirtió que la economía mundial estaba "volando con un solo motor".

Para 2015, el panel de pronosticadores de The Economist espera un crecimiento del 3 por ciento en Estados Unidos, comparado con 1.1 por ciento en Japón y la zona del euro. La tasa de crecimiento de China pudiera caer a alrededor del 7 por ciento.

Los estadounidenses pueden consolarse con la idea de que, como a fines de los 90, la brecha del optimismo está parcialmente justificada. Se están creando empleos en su país más rápidamente que en cualquier otro momento desde 1999, la gasolina barata ha animado el gasto de consumo y la inversión empresarial ha repuntado.

Sin embargo, las noticias no son todas buenas. El petróleo más barato pudiera llevar a muchos de los productores de esquisto de Estados Unidos a la bancarrota en 2015, mientras que un dólar más fuerte y la debilidad en el exterior perjudicarán a los exportadores, como sucedió hace 15 años. Gran Bretaña, el otro triunfador anglófono, también pudiera ser apaleado por los males de la zona del euro.

El segundo paralelo preocupante en relación con los 90 es la desalentadora perspectiva para las otras dos grandes economías del mundo rico. La tasa de crecimiento de Alemania ha caído a alrededor de 1 por ciento, y hay un malestar más profundo causado por años de subinversión, una política energética desastrosa y un gobierno que está demasiado obsesionado con las metas fiscales para gastar dinero y demasiado temeroso de sus votantes para impulsar el tipo de reformas estructurales que introdujo el canciller Gerhard Schroder en 2003.

Mientras tanto, Japón ha repetido el error que cometió en 1997, frustrando su escape del estancamiento con un aumento prematuro en su impuesto al consumo.

El tercer eco de los 90 es el peligro en los mercados emergentes. En ese entonces, el problema eran los tipos de cambio fijos y la elevada deuda externa. Ahora las deudas son menores, los tipos de cambio son flotantes y la mayoría de los gobiernos han acumulado reservas.

Riesgo en África

No obstante, hay crecientes signos de problemas; especialmente en Rusia. Asimismo, otros exportadores de mercaderías parecen vulnerables, particularmente en África. El petróleo representa 95 por ciento de las exportaciones de Nigeria y 75 por ciento de sus ingresos gubernamentales. Ghana ya ha acudido al Fondo Monetario Internacional en busca de apoyo.

En otros países, el peligro radica en el sector corporativo. Muchas empresas brasileñas están fuertemente endeudadas en dólares. Una serie de incumplimientos de pagos corporativos podrían resultar menos espectaculares que las crisis de deuda soberana de Asia en los 90, pero pondrán nerviosos a los inversionistas e impulsarán al dólar.

Sumemos todo esto y parece probable que 2015 será accidentado. Los pesimistas apostarán a que un dólar al alza, junto con el sopor en la zona del euro y algunas crisis de mercados emergentes, eventualmente provocarán una desaceleración en Estados Unidos.

 

El sistema financiero mundial está menos vulnerable

SOLIDEZ • En el lado positivo, los mercados accionarios no parecen tan espumosos como en los 90: la proporción precio/ingresos del S&P 500 es de 18, no muy por encima de su promedio histórico. Aunque muchas grandes empresas tecnológicas están invirtiendo imprudentemente, la mayoría tiene hojas de balance decentes.

El sistema financiero mundial está menos apalancado y, por tanto, es menos vulnerable al contagio. En 1998, el incumplimiento de pagos de Rusia hizo caer a LTCM, un gran fondo compensatorio estadounidense. Esos efectos colaterales son menos probables actualmente.

Sin embargo, si la economía mundial tropieza, restablecer la credibilidad será más difícil esta vez porque los formuladores de políticas tienen muy poco espacio para maniobrar. En 1999, la tasa de la Reserva Federal era de alrededor de 5 por ciento, dejando mucho espacio para los recortes cuando la economía se desaceleró. En la actualidad, las tasas de interés en el mundo rico son cercanas a cero.

La escena política también es diferente, y no de buena manera. A fines de los 90, la mayoría de la gente en el mundo rico había disfrutado los frutos del auge. Los salarios estadounidenses medios se elevaron en 7.7 por ciento en términos reales entre 1995 y 2000. Desde 2007, en comparación, no han registrado cambios en Estados Unidos y han caído en Gran Bretaña y gran parte de la zona del euro.

En todo el mundo rico los votantes ya están molestos con sus gobiernos, como muestran los números de las encuestas y su disposición a votar por partidos de protesta. Si se les exprime el año próximo, el descontento se convertirá en ira.

La economía de 2015 quizá parezca similar a la de fines de los 90, pero la política probablemente estará peor.

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