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  • The Economist

Los jefes de compañías extranjeras con operaciones en China se quejan de que sus vidas se han vuelto más difíciles últimamente. China era antes un mercado inexplorado que ofrecía un interminable crecimiento de dos dígitos. Los funcionarios extendían el tapete de bienvenida y estaban abiertos a dejarse agasajar. Los reguladores no eran más fastidiosos que en otros mercados emergentes.

Ahora, el crecimiento se está desacelerando: Los datos oficiales divulgados esta semana confirman que la economía creció en 7.4 por ciento el año pasado, el ritmo más lento en 24 años. Una represión sobre la corrupción oficial ha hecho imposible ganarse amigos en el gobierno, y las autoridades antimonopolio han adoptado una línea dura con los fabricantes de autos, las farmacéuticas y otras compañías extranjeras confiadas en que sus guanxi (conexiones) les ofrecieran protección.

Muchos jefes extranjeros ahora están convencidos de que la era dorada para las multinacionales en China ha terminado.

Eso quizá explique la campaña de acciones cautivadoras que el gobierno chino lanzó recientemente. El Primer Ministro Li Keqiang encabezó una delegación de dignatarios chinos que asistió a la reunión del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Prometió a la élite empresarial mundial reunida que su país “trataría a las compañías chinas y extranjeras como iguales” y “rechazaría rigurosamente el proteccionismo”.

Conjunto de reglas

Antes de su discurso, el gobierno dio a conocer una dramática propuesta para relajar sus restricciones sobre la inversión privada. Durante las dos últimas décadas, China ha mantenido un complejo y altamente restrictivo conjunto de reglas sobre cómo los extranjeros pueden invertir en la parte continental del país. En las muchas industrias consideradas “estratégicas”, por ejemplo, pueden invertir solo a través de una empresa conjunta y deben transferir tecnología al socio local. Los flujos de fondos que entran y salen del país también están estrictamente controlados.

Las reformas propuestas, que ahora están abiertas a comentarios, incluyen eliminar casi todos esos molestos controles. Las compañías extranjeras supuestamente serán tratadas de la misma manera que las nacionales. El torpe sistema de aprobaciones de caso por caso sería reemplazado por una “lista negativa” más simple: Si tu industria no está en ella, no necesitas permiso para invertir.

Daniel Roules de la oficina en Shanghái de Squire Patton Boggs, un despacho legal estadounidense, cree que la nueva ley, si, y cuando entre en vigor, anunciaría un cambio importante y bienvenido en el clima para las compañías extranjeras.

Li también está presionando a favor de tratados bilaterales de inversión con Estados Unidos y la Unión Europea, lo cual tranquilizaría más a los inversionistas extranjeros preocupados por poner más dinero en China. Su jefe, el Presidente Xi Jinping, estuvo de acuerdo con un amplio acuerdo de libre comercio con Australia inmediatamente después de la reciente cumbre del G20 en Brisbane. Este acuerdo provisional, que ahora debe ser ratificado, va mucho más lejos que acuerdos anteriores en abrir a las industrias de servicio de China a la inversión extranjera.

La competencia

En conjunto, dicen los optimistas, pudiera haber otra era dorada para la inversión directa extranjera en China. Un informe reciente de King & Wood Mallesons, el despacho legal más grande de China, prevé que la IDE pudiera alcanzar los 188,000 millones de dólares en 2020, muy por encima de los alrededor de 120,000 millones de dólares del año pasado.

Sin embargo, los empresarios extranjeros no deberían descorchar aún la champaña. Las reformas propuestas son una señal firme de que el dinero extranjero seguirá siendo bien recibido en China, pero quizá no hagan nada por ayudar a las empresas de propiedad extranjera a competir en términos iguales con las nacionales políticamente bien conectadas, poner fin a los subsidios pródigamente otorgados a las empresas con respaldo estatal o controlar a los reguladores inclinados a rechazar a los forasteros.

Las áreas de negocios más tentadoras para los extranjeros, como las finanzas y el Internet, siguen teniendo restricciones sobre la propiedad extranjera.

Si los líderes de China abordaran todas estas distorsiones, entonces recibirían una ronda de aplausos mucho más afectuosa en su próxima aparición en Davos.