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  • The Economist

“La mejor respuesta a los grupos terroristas y las pandillas es enfrentarlos”, dijo Rudolph Giuliani. El exalcalde de Nueva York, que llevó la teoría de la ventana rota --la idea de que la tolerancia de los delitos menores y las violaciones de la calidad de vida alienta otros más grandes-- a la ciudad más grande de Estados Unidos, poco sorprendentemente rechaza la idea de negociar con las pandillas.

Ahora, un grupo de empresarios derechistas en El Salvador ha contratado a Giuliani para que proponga soluciones rudas a la delincuencia en uno de los países más afectados por pandillas en el mundo. Él envió una misión de identificación de hechos en enero.

Los hechos, sin embargo, podrían probar que él está equivocado. La tasa de asesinatos de El Salvador descendió significativamente durante una tregua entre las dos principales pandillas del país en el periodo 2012-2014, la cual había sido negociada por el gobierno. Aumentó después de que se rompió el acuerdo a principios del año pasado. El número de asesinatos se elevó 57 por ciento en 2014, comparado con un año antes, a casi 11 al día, según la policía. Una serie de asesinatos a principios de enero de 2015 elevó la cifra a la asombrosa cantidad de 15 por día.

El armisticio ha sido restablecido ahora, quizá fugazmente. Raúl Mijango, un exguerrillero que ayudó a negociar la tregua de 2012, dijo que el 17 de enero líderes de las pandillas, MS-13 y Barrio 18, acordaron desde la cárcel frenar los asesinatos sin ninguna mediación.

“Terrorismo interno”

Los asesinatos se desplomaron de nuevo: “Ayer fue el primer día del año SIN UN SOLO HOMICIDIO en El Salvador”, tuiteó eufóricamente un subdirector de policía el 23 de enero.

Aunque esos acuerdos reducen el derramamiento de sangre, son profundamente impopulares. Una razón, dijo Mauricio Ramírez Landaverde, director de la Policía Civil Nacional, es que, aunque los pandilleros dejan de matarse entre sí temporalmente, la delincuencia relacionada con las pandillas que aflige a la gente común, como la extorsión, continúa sin cambio.

También la violencia entre los pandilleros y la policía. Siete agentes policiales fueron asesinados en enero, señaló Ramírez Landaverde. Ha instruido a sus hombres para que porten armas, aun cuando estén fuera de servicio, y “las usen cuando sea necesario”.

John Huvane, director ejecutivo de Giuliani Security and Safety, dijo que, durante la tregua de 2012, los pandilleros extendieron sus imperios criminales desde la cárcel vía teléfonos móviles.

“Suena romántico sentarse y dialogar con ellos”, dijo, “pero esto es terrorismo interno”.

Contra la tregua

Los políticos entorpecieron los esfuerzos para sacar más provecho de la tregua de 2012. El presidente Salvador Sánchez Cerén, un izquierdista, casi renegó de ella antes de su elección en marzo pasado, aun cuando él era vicepresidente cuando se negoció, temía que la derechista Alianza Republicana Nacionalista, que es cercana a los hombres de negocios que contrataron a Giuliani, lo criticaran por ser blando respecto de la delincuencia.

Como hay elecciones legislativas y municipales programadas para el 1º de marzo, Sánchez Cerén ha intensificado su retórica contra la tregua. Su estrategia alternativa contra la delincuencia, creada en torno de un consejo de seguridad que incorpora a diferentes partes de la sociedad, apenas ahora está despegando.

Un enfoque más fructífero sería construir sobre la tregua en vez de repudiarla, sugirió Adam Blackwell de la Organización de Estados Americanos. Debería ser parte de un “proceso de pacificación”, dijo, que incluyera la ayuda económica para las áreas controladas por las pandillas para ofrecer alternativas a la delincuencia. Eso ha sucedido solo esporádicamente.

Sin embargo, la tregua alentó a los líderes de las pandillas a dialogar entre sí cara a cara y ofreció una alternativa a las políticas de mano de hierro que han fracasado repetidamente en su intento de poner fin a la violencia.

Blackwell ve a las pandillas como una consecuencia violenta de la exclusión social. Si se da a los pandilleros una participación en la sociedad, dijo, frenarán su guerra contra ella.