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Alexis Tsipras y su partido Syriza de la izquierda radical trabajaron durante más de un año, mientras estaban en la oposición, para preparar su plataforma estratégica. Más de 80 comités estuvieron encargados de producir propuestas específicas para revisar diferentes sectores de la economía griega.

Sin embargo, planear para el poder es una cosa, y ejercerlo otra muy distinta, especialmente cuando un país está en un hoyo tan profundo como el de Grecia.

El programa de Syriza, si se lleva totalmente a la práctica, resultará en una significativa caída en los ingresos y en un gran aumento en el gasto social. Sin embargo, muchos griegos dejaron de pagar impuestos antes de las elecciones del mes pasado, anticipando recortes y prórrogas.

Los ingresos del Gobierno cayeron en más del 20 por ciento en enero, sobre una base anual, y un exministro de finanzas dice que ahora es probable que el presupuesto de 2015 se descarrile para finales de marzo.

Austeridad y reforma

Nada de esto suena bien para los acreedores de Grecia, cuyo rescate de 277,000 millones de dólares prevé austeridad y reforma, no despilfarros y retrocesos. El ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schauble, dijo el 10 de febrero que, si Grecia no buscaba una extensión de su rescate, que expirará el 28 de febrero, “entonces se acaba”.

Una reunión el 11 de febrero, en la cual Grecia presentó sus planes a los ministros de finanzas de la zona del euro, terminó en caos, sin siquiera la declaración habitual sobre “discusiones fructíferas”. El 12 de febrero, Tsipras, ahora primer ministro, se reuniría con la Canciller de Alemania, Angela Merkel, en lo que prometía ser otro intercambio tenso. A menos que pronto se llegue a algún tipo de acuerdo, se vislumbra otro incumplimiento de pagos griego cuando las deudas del Fondo Monetario Internacional venzan en marzo.

De raíz, el problema es sencillo: Grecia no tiene suficientes ingresos para pagar sus cuentas. Desde que comenzó la crisis financiera, su economía se contrajo más que la de cualquier otro país rico. Entre 2008 y 2014, su PIB nominal, un sustituto aproximado de la capacidad de la economía para pagar sus deudas, cayó en 22 por ciento, mucho más que cualquier otra nación europea enferma.

El dolor ha sido igualmente agudo a nivel individual. Los precios de las casas bajaron en alrededor de 40 por ciento desde 2008. Los ingresos medios cayeron en 22 por ciento entre 2008 y 2013, y para los griegos de entre 18 y 24 años de edad se desplomaron en 38 por ciento. El colapso de la economía es comparable a uno del otro lado del Mediterráneo, en la Libia desgarrada por la guerra.

Los acreedores

Los rescates que Grecia recibió en 2010 y 2012 trasladaron sus deudas a nuevos acreedores, pero pese a las pérdidas impuestas a algunos prestamistas del sector privado, hicieron poco para reducirlas. A fines de 2009, Grecia debía 340,000 millones de dólares, entonces alrededor de 127 por ciento de su PIB, principalmente al sector privado. Hoy, adeuda alrededor de 356,000 millones de dólares --175 por ciento de su PIB-- y todo, salvo 79,000 millones de dólares, proviene de prestamistas públicos.

Los nuevos acreedores del país son el FMI con 28,000 millones de dólares, el Banco Central Europeo con 30,000 millones de dólares y los Gobiernos europeos con un colectivo de 220,000 millones de dólares.

Los nuevos acreedores de Grecia son generosos y demandantes. Las tasas de interés del país han sido recortadas, y sus pagos de intereses totales en 2014 fueron de solo 2.6 por ciento del PIB, según Zsolt Darvas de Bruegel, un grupo de análisis. Eso es menor a lo que pagan varios países europeos menos endeudados.

Sin embargo, el dinero conlleva condiciones, las cuales están destinadas a estabilizar las finanzas de Grecia. Estas incluyen recortes al salario mínimo y las pensiones de Grecia, despidos de servidores públicos y la privatización de varios activos, incluidos puertos y edificios de propiedad estatal.

Los acreedores como Schauble esperan que el paquete haga a Grecia más competitiva y por tanto impulse el crecimiento económico, así como que genere un superávit presupuestario que sea usado para pagar deuda. El plan de rescate prevé que la deuda griega caiga a 120 por ciento del PIB para 2020.

Medidas populares

La crisis ha surgido porque Grecia quiere mantener las tasas bajas, pero no las condiciones. Nadia Valavani, una viceministra de finanzas, planea desechar un odiado impuesto a la propiedad, el ENFIA, una medida popular que costará al Estado 2,250 millones de dólares en ingresos.

Valavani también dijo que un impuesto sobre las empresas, que ofrecen servicios a los turistas, permanecerá en 13 por ciento y no será aumentado al estándar 23 por ciento como estaba planeado. Las islas del Egeo, la región más próspera de Grecia, continuarán disfrutando tasas del impuesto al valor agregado menores que el resto del país.

El umbral en el cual entra en vigor el impuesto al ingreso será restablecido este año a 13,500 dólares, dejando a unos tres millones de griegos de bajos ingresos sin pagar impuestos. El programa de privatización, que se esperaba recaudara un total de 28,000 millones de dólares, incluidos 4,000 millones de dólares este año, ha sido suspendido. En total, estas decisiones costarían alrededor de 9,000 millones de dólares.

Para equilibrar los libros, Tsipras está cifrando sus esperanzas, de manera optimista, en una represión fiscal. Los cigarrillos y el combustible de contrabando cuestan al Gobierno alrededor de 1,700 millones de dólares al año. Los magnates que eluden impuestos pudieran suministrar algún ingreso extra también.

Planes no cuadran

Panayotis Nikoloudis, un ex zar contra el lavado de dinero que encabeza un nuevo ministerio anticorrupción, dijo que hay 3,500 casos de evasión fiscal a gran escala que representa 8,000 millones de dólares, los cuales producirían 2,800 millones de dólares en 2015. Sin embargo, en el improbable caso de que todo este dinero sea cobrado, Grecia aún se queda corta con 4,500 millones de dólares.

Los planes de muchos gobiernos no cuadran, por supuesto, y Tsipras ya ha indicado una disposición al compromiso. El 9 de febrero, delineó un plan de cuatro partes.

Primero, Grecia mantendría “70 por ciento” de las reformas previamente acordadas. Las abandonadas serían reemplazadas por 10 medidas nuevas acordadas con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en vez de la despreciada “troika” del BCE, el FMI y la Comisión Europea.

Segundo, reduciría su superávit presupuestario promedio --es decir, excluyendo pagos de intereses-- a 1.5 por ciento del PIB, respecto de una meta de 3 por ciento este año y 4.5 por ciento en 2016.

Tercero, intercambiaría gran parte de su deuda existente por dos tipos exóticos de bonos: uno “perpetuo”, que significa que el capital nunca sería pagado, y un bono “vinculado al PIB”, con pagos vinculados a la salud de la economía de Grecia.

Finalmente, el Gobierno gastaría 2,100 millones de dólares extra en “asistencia humanitaria” para los griegos en apuros.


Acreedores pueden suavizar las condiciones crediticias

POSIBILIDAD • Los acreedores de Grecia pueden ceder un poco. Pese a las bajas tasas de interés que se están cobrando al país, los préstamos son rentables, ya que la mayoría de los Gobiernos europeos pueden prestar a tasas incluso más bajas. Reducirlas a un nivel neutral en utilidades y extender más el vencimiento de las deudas de Grecia podría generar ahorros con valor del 17 por ciento del PIB, según el grupo de análisis Zsolt Darvas de Bruegel.

En el espíritu de no lucrarse con la depresión de Grecia, los funcionarios de la zona del euro también pudieran liberar 2,100 millones de dólares en utilidades de un anterior programa de compra de bonos del BCE.

Sin embargo, el Gobierno de Grecia tendrá que ofrecer mucho más a cambio, y Tsipras tendrá a dos grupos electorales en mente si da marcha atrás.

Uno es la extrema izquierda de Syriza. Sobre la privatización, por ejemplo tanto el ministro de Finanzas Yanis Varoufakis como el ministro de Desarrollo George Stathakis han expresado apoyo a completar la venta de la participación del 67 por ciento del Estado en la Autoridad Portuaria de El Pireo.

Cosco de China, que ya opera una rentable terminal de contenedores en el puerto, y Maersk de Dinamarca eran los favoritos entre los licitadores preseleccionados. No obstante, uno de los fieles de la izquierda, el ministro de Transportes Theodore Dritsas, ha prometido bloquear el acuerdo.

Panayotis Lafazanis, quien encabeza un nuevo ministerio para la “reconstrucción productiva”, medio ambiente y energía, ha bloqueado otros dos acuerdos destinados a alinear totalmente a Grecia con las directrices energéticas de la Unión Europea.

El otro grupo al que Tsipras tendrá que mantener contento es un electorado animado por los aguerridos tratos del Gobierno con el resto de Europa.

“Pase lo que pase, Syriza nos ha devuelto nuestra dignidad”, dijo Roula Zlatani, un retirado ateniense de 68 años de edad. “El Gobierno finalmente se está enfrentando a las potencias extranjeras que han hecho tan difíciles nuestras vidas”.