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Un caballo muerto, un muchacho de 19 años apuñalado en el corazón y una mujer costeña asesinada de forma similar, son hechos que sentarán en el banquillo de los acusados a Berman Ramón Méndez, alias “El Chibolón”


“El Chibolón”, de 19 años, enfrentará cargos por el homicidio de Héctor Javier Obando Morales, de su misma edad, el cual era conocido por familiares y amigos como “El Tizón”, por el color oscuro de su piel. De igual forma, por el asesinato de la blufileña Jennely Estrada Goff, ambos ultimados el pasado domingo 23 de noviembre.

El hecho, que llamó la atención de los habitantes de San Ignacio, de El Pantanal, barrio ubicado en el extremo sur del municipio de Granada, se produjo a las once y media de la noche del domingo, cuando los vecinos descubrieron el cuerpo ensangrentado de Obando Morales, con una visible herida en el pecho.

El muchacho recibió una estocada en el costado izquierdo del tórax que, según el informe policial, le perforó el corazón y le causó la muerte inmediata.

“Ese día Héctor se había ido temprano a beber, luego se apareció como a las cinco de la tarde y se regresó a seguir bebiendo hasta quedarse dormido en la acera de una casa. Después, como a las doce de la noche, ese hombre --Berman Ramón-- vino y me dijo que estaba regresando de la disco y que había encontrado muerto a mi hijo”, manifestó la afligida madre del joven fallecido, la señora Socorro Morales, de 52 años.

Durante una conferencia de prensa, el jefe departamental de la Dirección de Auxilio Judicial (DJA), comisionado Dennis Fonseca, narró que en compañía de dos personas más, “El Chibolón” encontró dormido en la calle a Obando Morales y le propinó dos patadas en la espalda, las cuales originaron la discusión.

Luego de haberlo golpeado, Berman siguió su camino, pero fue seguido por “El Tizón”, y fue cuando recibió la estocada que le causó la muerte. Al momento de caer al suelo la víctima, Octavio Acosta Bermúdez, alias “Chente”, y un menor de quince años, halaron al cadáver por la calle polvosa, para tratar de ocultarlo, corroboró Fonseca.

Por el licor
“El motivo del crimen fue la ingesta alcohólica, que muchas veces conlleva a los jóvenes a hacer cosas como ésta; y al mismo tiempo una antigua enemistad que había entre ellos y que terminó con la muerte de Héctor Javier Obando”, resaltó el jefe policial.

El segundo jefe de la Policía, comisionado José Luís Cárcamo, detalló que entre las pruebas que proporcionó la entidad del orden al Ministerio Público, para la acusación, sobresalen dos filosos cuchillos, un pantalón, una camisa y un short de la víctima, así como una sábana que estaba en la casa del sospechoso y una cortina blanca que fue localizada a unos tres metros de donde encontraron el cuerpo de un pobre caballo, cuya culpa fue coincidir en el camino del asesino, quien lo mató a cuchilladas.

No obstante, la madre del finado aseguró que éste no conocía al famoso “Chibolón”. “No se conocían, no se conocían, jamás se habían visto”, sostuvo la atribulada mujer, flanqueada por sus hijas, Dolores y Claudia, y su yerno, Jesús Solís, cuñado del difunto, quien también mostró su escepticismo en la justicia y hasta advirtió que temen que el hecho sangriento quede en la impunidad, en el caso que la Policía no aporte las pruebas necesarias.


También una mujer
Un día después del hallazgo del cadáver del muchacho, es decir, el martes 25 de noviembre, las autoridades también encontraron el cuerpo de una mujer de unos 35 años, a quien los curiosos identificaron solamente como Jennifer. La información obtenida refiere que la infortunada era la compañera de vida de Berman Ramón Méndez, asesinada la misma noche del domingo.

Presuntamente, el problema inició en la casa de ambos, a eso de las siete de la noche, cuando empezaron a discutir a causa de una botella de licor. En su informe, la médico forense de la ciudad de Granada, doctora Gabriela Collado, explicó que la víctima recibió una herida por arma blanca que le causó una lesión de cinco centímetros de profundidad en el cuadrante inferior de la mama izquierda, la cual le perforó el corazón.

La fémina sufrió lesiones en las estructuras vitales, que causaron hemorragia masiva. Además, en la boca tenía un golpe que le fue causado antes de la muerte, señaló la especialista.

En El Pantanal, los que la conocieron dijeron que constantemente deambulaba por el sector del Malecón “Pablo Antonio Cuadra” y el Centro Turístico “Lorenzo Guerrero”. En el predio montoso donde la hallaron, fueron encontradas también una camisa negra, un pantalón azul y unas chinelas, así como un bolso negro con cosméticos; pero no había cédula ni otros documentos de identidad.

Fue hasta después que las autoridades conocieron que la mujer respondía al nombre de Jennely Estrada Goff, originaria de Bluefields, en la Región Autónoma del Atlántico Sur, RAAS, de donde había venido hace algunos meses.

Desafortunadamente, la caribeña encontró su sepultura en el Cementerio General de Granada, a cientos de kilómetros de su ciudad natal, en una fosa común y solitaria. Su ausencia se nota entre los parroquianos del Parque Central, las Plazas de la Independencia y Los Leones, o por las inmediaciones del Multiestadio.


Faltan elementos de convicción
Al respecto, la fiscal auxiliar encargada del caso comentó que en ambos hechos es necesaria la existencia de los elementos de convicción aportados por la Policía Nacional, para desvirtuar las fuertes especulaciones de familiares y amigos de Héctor, quienes señalan mucha desconfianza por una posible impunidad del caso.

La fiscal reiteró que para demostrar la responsabilidad de un hecho y para sustentar una resolución, impera la necesidad de tener todos los elementos vinculantes, razón por la cual solicitaron a la Policía Nacional la precisión de lo ocurrido y de los lugares respectivos. El Ministerio Público requiere la preservación debida de los objetos con los cuales se cometieron los homicidios, las pertenencias de las víctimas y del presunto autor, así como un examen exhaustivo de laboratorio, tomando en consideración la detención del ciudadano Berman Ramón Méndez, señalado también de haber dado muerte al equino.

“Necesitamos los expedientes completos para formular una acusación lógica”, reafirmó.


“Mi hijo no mató a nadie”

En el otro extremo de la historia, sentada en un pequeño banco y con lágrimas recorriéndole el rostro, la señora Lidia Esmeraldina Méndez Garmendia, de 48 años, madre del señalado, negó de forma rotunda que su hijo sea el responsable de estas muertes. En un relato sorprendente, hasta espeluznante, aceptó que su vástago desde los seis años ingería licor, pues ella no podía cuidarlo porque se dedicaba a lavar y planchar ropa ajena y luego emigró a Costa Rica.

“Desde pequeñito, Berman mantuvo una actitud agresiva hacia las otras personas”, admite su progenitora, en el humilde rancho que habita con un compañero, del tanque de Enacal cuadra y media al lago y una cuadra al norte, en la tercera etapa de El Pantanal.

En su triste relato, la madre confesó que Berman mordía a los otros niños y jamás pudo mantenerse estable en ninguna de “las escuelitas pagadas, porque no lo aguantaban”. No aprendió a leer, ni a escribir ni a distinguir colores; pero aseguró que en dos ocasiones ingresó a las filas del Ejército de Nicaragua, donde permaneció como soldado en dos unidades militares en la Carretera Vieja a León.

En una de las escuelitas privadas y en el Centro de Salud “Jorge Sinforoso Bravo”, a Lidia Esmeraldina le decían que su hijo inventaba cuentos raros e increíbles. Fue atendido en ese lugar por dos psicólogos. “Él me defendía cuando alguien me quería hacer algo. Ahora yo pido que no me le hagan nada que lo perjudique”, insistió llorando.

La sufrida mujer aseveró que en la adolescencia, el consumo de droga de su vástago fue del conocimiento de la Policía, y hasta solicitó que se lo mantuvieran detenido unos seis o siete meses. “Yo pensaba que tal vez así iba a dejar de hacerse heridas en los brazos, o se le iba a quitar la idea de matarse, porque varias veces lo intentó”, remarcó la madre.

La suerte de este desventurado joven será decidida el próximo año por un tribunal de jurados.