Jorge Eduardo Arellano
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TOMADO DE LA REVISTA EL FANÁTICO
Cuando con trece años de edad, Juan Francisco Valdivia González llegó hasta la Academia del Valle de Sébaco, manejada por el caza-talentos, Alex Torres, sólo quería divertirse jugando béisbol con sus amigos, sin imaginar que desde ahí su vida jamás sería la misma.

Para entonces, Valdivia González era un adolescente flaco y alto. Procedente de Chagüitillo, llegó en una vieja bicicleta. Sus 130 libras de peso no estaban en correspondencia con sus casi seis pies de estatura. Ni siquiera sabía qué posición jugaría.

El joven pelotero había pasado su infancia trabajando en el campo o vendiendo nacatamales casa por casa en Villa Chagüitillo. Su mundo era pequeño, su vida sencilla y su familia muy pobre.

En su humilde casa, lo más valioso era un televisor blanco y negro que permanecía apagado, porque no tenían dinero para cancelar el recibo de energía eléctrica. El padre de Juan Francisco, don Encarnación Valdivia, trabajaba de guarda. Su mamá, Hilda María, cocinaba nacatamales para venderlos en el pequeño pueblo.

El horizonte de Juan Francisco lucía sombrío, su futuro poco alentador. Por si fuera poco, no le gustaba estudiar. Se escapaba del colegio para irse a jugar béisbol, deporte que lo había cautivado desde que tenía nueve años.

En medio de la pobreza y sin esperanzas de una mejoría económica, como cualquier jovencito, Valdivia tenía extravagantes sueños infantiles como “ser astronauta para viajar a la Luna”, o “tener dinero para comprar una finca”, pero nunca pensó que su brazo valía oro.

En su primer día en la Academia de Sébaco, conoció a Alex Torres y calentó con el resto de jugadores, pero después se perdió del campamento de béisbol.

“Mi sorpresa fue cuando don Alex llegó hasta mi casa en Chagüitillo para platicar con mis padres, y me convenció que regresara a los entrenamientos”, recuerda Valdivia.

No había duda que el perspicaz buscador de prospectos había puesto su agudo ojo encima de aquel imberbe pelotero. El aspecto de Valdivia --alto, flaco y de caminar descompuesto-- lo hacía pasar inadvertido. Pero Alex Torres, algo vio en aquella desordenada figura. Su fino olfato de caza-talentos le intuyó que tenía enfrente a un diamante en bruto.

Desde ese instante, Valdivia se trasladó a vivir a la casa de Torres, quien le proporcionó vitaminas, buena alimentación y estudios, mientras se dedicaba por completo a los entrenamientos para mejorar su técnica.

“A los 15 años, mi velocidad llegaba a las 87 millas por hora. Fue entonces cuando don Alex me dijo que si superaba las 90 millas sacaría a mi familia de la pobreza. Fue la primera vez que escuché realmente lo que podría conseguir si seguía practicando fuerte”, señaló.

Tres años después de su llegada al campamento de Sébaco, exactamente en el pasado mes de julio, ya con 16 años de edad, Valdivia González estampaba su firma con la organización de los Marineros de Seattle por 726 mil dólares, cifra que lo convertía en el jugador nicaragüense con el bono más alto en la historia.

La pasión por el béisbol
“A los nueve años un amigo me llevó a verlo jugar, y desde ahí me gustó el béisbol. Por mi estatura, mi amigo también me quiso meter al baloncesto, pero desde que me dieron un golpe en la cara, me dio miedo y no seguí practicando. El béisbol me resultaba más fácil y cómodo para jugarlo”, dice ahora.

Valdivia recuerda sus primeros pasos en el béisbol sentado a la orilla de sus padres, Hilda y Encarnación. La entrevista se desarrolla en su aún humilde casa, en la entrada de Chagüitillo. La vivienda es de paredes rústicas, pero una cuadrilla de albañiles trabaja mejorándola.

“En el patio, Juan Francisco está construyendo su casa”, afirma doña Hilda, en la sala de aquella casa, en cuyo interior el mayor lujo es un televisor “de colores” de 19 pulgadas y un refrigerador mediano. Afuera, en espera de la construcción de su garaje, está una elegante camioneta marca Isuzu doble cabina, que compró inmediatamente luego de recibir el dinero por su firma.

“Cuando llegué a la Academia, empecé jugando primera base. Pero como era malo fildeando y bateando, pronto don Alex me convirtió en pitcher, en donde pude dar mejores resultados”, relata.

Pero darle figura de pelotero a Valdivia costó mucho. Torres le suministró vitaminas, lo desparasitó y le enseñó a lanzar. Pronto, el joven había subido de peso y estatura. Su velocidad iba mejorando. Fue entonces que Alex empezó a mostrarlo a los scouts de Grandes Ligas, quienes se sorprendían con el potencial que tenía el joven.

“Me empezaron a meter en la cabeza que si superaba las 90 millas por hora saldría de la pobreza. Eso me animaba y me daba fuerzas para seguir adelante. No tenía idea de cuánto me podrían dar por firmar”, sostiene.

Valdivia fue evaluado por al menos quince organizaciones de Grandes Ligas, al tiempo que los especialista de ESPN lo colocaban entre los mejores prospectos latinos para ser firmados este año. Incluso le pusieron un precio de casi un millón de dólares.

“Al principio creí que firmaría con los Padres de San Diego, porque habían hecho la mejor oferta. Pero después que supe cuánto darían los Marineros, quedé satisfecho”, indicó.

Una niñez de mucho trabajo
¿Cómo fue tu niñez?
“Muy dura. Trabajé pastoreando ganado, estuve en las siembras de cebolla y cargando quintales de granos para llevar dinero a la casa. Hice de todo: desde cortar leña, hasta abrir caminos con machete en mano”, contesta.

¿Fuiste vendedor ambulante?
“Mi mamá hacía nacatamales y me mandaba a vender. Eso me daba pena. Era triste andar con un balde de nacatamales calientes. Recuerdo que costaban seis córdobas y los terminaba porque mi mamá los hacía sabrosos”.

¿Qué tan pobre era tu familia?
“Teníamos bastantes limitaciones, pero nunca nos faltó la comida. No teníamos para pagar la luz y el agua. En una ocasión tuvimos dos años sin luz. Era una vida muy difícil”.

En esa época, ¿en qué soñabas?
“En ser astronauta o en tener mucho dinero para ayudar a mi familia”.

Nunca le gustó el colegio
Desde muy temprano, Juan Francisco se dio cuenta que lo suyo jamás serían los estudios.

“Mis padres me mandaban al colegio y no me gustaba. Me salía de clases para jugar. Para el estudio no soy bueno. Llegué hasta tercer grado en Chagüitillo, pero ya en Sébaco, don Alex me envió a clases de adultos y así pude sacar la primaria”.

En Nicaragua, la mayoría de jugadores que han recibido un gran bono por firmar, por diversas razones, especialmente por indisciplina, se han perdido en el camino y no han llegado a las Grandes Ligas. ¿Cómo creer que con vos la historia será distinta?
“Siempre me están hablando de esos ejemplos que no debo seguir. Yo soy calmo, respetuoso y tengo el suficiente carácter para entender que uno desarrolla su potencial si trabaja con disciplina. No voy a conformarme con ese bono que me dieron por firmar. Mi sueño y mi meta es llegar a las Grandes Ligas”.

¿Estás preparado para superar las tentaciones que aparecen con el dinero y la fama?
“El dinero no te cambia, sólo si sos frágil. Yo soy fuerte, creyente y con un enorme compromiso con mis padres”.

A propósito, ¿tus padres nunca te llamaron la atención porque jugabas béisbol en vez de ir al colegio?
“Siempre tuve el apoyo de ellos, y cuando don Alex les comentó sobre mi talento, eran ellos quienes me levantaban temprano y me aconsejaban para ser puntual y disciplinado”.

¿Ahora que tenés dinero te salen nuevos amigos?
“Sí, pero detecto cuando se acercan por interés. Mis verdaderos amigos son aquellos que se criaron conmigo y que conozco de siempre, en las buenas y las malas”.

¿Te salen muchachas tratando de conquistarte?
“Salen, y muchas. Hasta me llaman. Pero yo tengo mi novia desde hace once meses. Se llama Eveling del Carmen, la quiero mucho y no trato de dañar esa relación. Estoy bien con ella”.

Sueña con las Grandes Ligas
“Una vez soñé que ya estaba en las Grandes Ligas. Me vi tirando de noche en uno de esos estadios, y logré realizar un buen trabajo”.

¿Cómo esperás que sea ese día cuando llegués a las Mayores?
“Creo que voy a llorar, porque siempre ha sido mi meta y ojalá Dios me ayude para lograrlo”.

¿Hay algún pelotero al que te gustaría parecerte?
“Sí, claro: es Jonathan Papelbon, de Boston. Me gusta su seriedad, su temperamento y ese comando que tiene de sus lanzamientos. Me gustaría ser como él”.

¿En cuántos años podrías estar llegando a Grandes Ligas?
“Voy a cumplir 17 años, quiero llegar rápido, quizá en 4 a 5 años. Pienso llegar joven para mantenerme lo suficiente y demostrarle a la organización que han hecho una buena inversión al firmarme”.

Ya se entrenó con Seattle
Hace unas semanas, Francisco Valdivia estuvo en Arizona, en el campamento de los Marineros, y desde un primer momento el joven prospecto impresionó a los entrenadores.

“Creo que quedaron asombrados cuando me vieron lanzar a 96 millas por hora”.

¿Te dieron algunas recomendaciones?
“Me dijeron que tengo que subir el ángulo del brazo, que estoy abriendo el hombro y dando muy corto el paso con el pié izquierdo. También dijeron que cuando tenga unas 210 libras de peso, podría acercarme a las 100 millas por hora”.

Francisco Valdivia es de hablar bajo, sin alardear. Luce tímido, pero amable, y sus ojos le brillan cuando habla de su futuro. El joven que parecía condenado a la pobreza, es ahora un prospecto en ascenso vertiginoso. Su ilusión de mejorar las condiciones económicas de su familia es por el momento misión cumplida.

Al lado de su elegante camioneta, Valdivia dice que nunca se irá de Chagüitillo por mucha fama y dinero que pueda conseguir, “porque aquí es tranquilo, no hay alborotos, ni pandillas”.

“Nunca cambiaré, seguiré siendo el mismo. Jamás olvidaré de dónde vengo”, promete, mientras afirma que ofrecer entrevistas lo ponen nervioso y que las rodillas le tiemblan cuando tiene una cámara encima.

“Que no sea como Mayorga”

“Como madre, me siento muy orgullosa. Esto se lo debemos a Dios que nos puso en el camino a don Alex Torres. Juan Francisco siempre me decía: ‘Mamá, cuando sea grande voy a comprar una finca y una casa’. De niño siempre tuvo grandes sueños, sin saber que algún día se convertirían en realidad. Nosotros somos evangélicos, le hemos dado una buena educación. Le aconsejamos que no sea como Ricardo Mayorga, que se mantenga humilde, que no sea malcriado ni agresivo, que no cambie”, dice doña Hilda María González Sánchez, madre de Valdivia.

“Siempre lo apoyamos”

“Estoy seguro que mi hijo llegará largo, porque es disciplinado. No es vago, al contrario, es muy trabajador. Todo el tiempo lo apoyamos, en ningún momento nos opusimos a que jugara béisbol.

Me siento orgulloso por él. Cuando era joven, jugué béisbol, pero dejé de practicarlo cuando me casé. Cuando don Alex nos dijo que se llevaría a Juan Francisco a Sébaco, en ningún momento dudé en darle permiso”, dice su padre, Encarnación Valdivia.

Juan Francisco es el menor de los tres hijos del matrimonio Valdivia González. Los otros hijos son Juan Carlos y Merling Damaris.


¿Quién es Juan Francisco Valdivia González?
* Nació el 19 de marzo de 1992, en Villa Chagüitillo, Matagalpa.

* Mide 6.4 pies y pesa 195 libras. Físico atlético, hombros anchos.

* Lanza a 93 MPH, aún cuando su mecánica debe ser mejorada.

* Su segundo mejor envío es el cambio. Debe mejorar su curva.

* Tiene excelente actitud y gran ética de trabajo. Es disciplinado.

* Proyección: podría llegar a las Grandes Ligas en cuatro años.