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Katherine Richardson, bióloga marina y catedrática de la Universidad de Copenhague, tiene una visión global del cambio climático. Hace un año, recibió el encargo del Gobierno danés de preparar un gran informe científico que actualice lo descubierto desde que, en 2005, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) dejó de aceptar trabajos para su informe de 2007: “Hemos visto que el cambio climático va más rápido de lo previsto y que los cambios no son lineales. Los economistas ven la caída del Ártico y extrapolan la velocidad de pérdida de hielo, pero eso no funciona así. Se está acelerando, como la acidifación de los océanos o la subida del nivel del mar, que revisaremos al alza y que puede llegar a un metro antes de 2100”.

¿Un metro de subida antes de fin de siglo?

Algo así. Nos podemos equivocar, claro, pero es lo que dicen los últimos estudios.

Matiza la respuesta porque supone un salto respecto a lo dicho por el IPCC en Valencia, el año pasado, cuando se preveía una subida del nivel del mar de entre 18 y 59 centímetros.

Richardson ha reunido a los mejores expertos de las diez mejores universidades y les ha puesto a coordinar un estudio que sirva para cerrar un acuerdo que sustituya al de Kioto en 2009. “El IPCC tiene de bueno que se basa en el consenso. Lo malo es que ese consenso lleva años”.

“Éste es un momento extraordinario. Hace 12.000 años empezamos a usar la agricultura y no pensamos que tuviera reglas. Después, utilizamos los recursos del planeta como si fueran infinitos. Consumimos en un año el petróleo que al planeta le costó un millón de años formar.

Un mundo sin corales

Y sólo ahora nos damos cuenta de que necesitamos una nueva relación con los recursos. Los océanos absorben entre un tercio y el 50% del CO2, pero cada vez van a absorber menos por el aumento de temperatura. En 2065, ningún mar tendrá condiciones para que se formen corales”.
 
Richardson halla una analogía con la crisis financiera. “Hemos utilizado los recursos del planeta a un interés subprime y eso se paga”. Guarda fotos de su visita, el pasado agosto, a Groenlandia, donde en las barras de hielo de millones de años se investiga cómo fue el clima del pasado y la concentración de CO2. Esas barras han permitido saber que la concentración actual, tras 150 años de revolución industrial, es la mayor en 650.000 años.Ese CO2 se acumula en la atmósfera y retiene parte del calor que emite la Tierra.

Pese a todo, su discurso no está exento de realismo. “Sé que el cambio climático es importante. Sobre todo porque reducir las emisiones de CO2 supone consumir menos combustibles fósiles y así se reduce la dependencia energética del exterior. Además, empezamos a estar contra la pared para usar gas y petróleo, que no lo tienen nuestros amigos. Por eso se hace tanto énfasis en la lucha contra el cambio climático. Pero bienvenido sea”. Valora la concienciación pública sobre la gravedad del cambio climático, pero a veces le sorprenden algunas reacciones: “Mostramos un gráfico sobre el deshielo del Ártico y los gobiernos sólo ven nuevas rutas marítimas y más pozos petrolíferos y de gas”.