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Más de 600 hectáreas manejadas para evitar la degradación de los suelos y la afectación en los cuerpos de agua cercanos, alrededor de 24 mil familias beneficiadas y conscientes de la importancia de las nuevas tecnologías de producción para obtener mejores niveles de rendimiento de sus parcelas y la ubicación de 572 puntos de riesgo en 25 municipios son algunos de los logros del Programa Socio Ambiental y Desarrollo Forestal (Posaf), cuya ejecución concluye el próximo 24 de diciembre.

“El objetivo del programa fue el de mejorar las condiciones socioeconómicas y la calidad de vida de la población, así como la disminución del deterioro ambiental y del impacto de desastres naturales en cuencas prioritarias, que podemos decir hoy, a unos pocos días de concluir, que se cumplió durante estos 12 años de trabajo”, afirmó Georgina Orozco, coordinadora de la Unidad de Planificación del Posaf.

De acuerdo con Orozco, la pobreza y la degradación de los recursos están intrínsicamente ligadas porque nadie puede, aunque tenga la intención, cambiar sus sistemas de producción sin inversión, algo que ocurría con las 24 mil familias beneficiadas.

“La población meta fueron pequeños productores rurales pobres, con ingresos apenas suficientes para satisfacer sus necesidades más básicas, que generan muy poco excedente, pero que tienen posibilidades para aumentar ingresos por tener acceso a tierras y elementos mínimos para la producción, que al final si no hubiesen cambiado sus métodos de producción estarían condenándose a continuar degradando el recurso y sumiéndose más en la pobreza”, afirmó Orozco.

Evitar perder todo
Los beneficiarios y responsables del programa --cuya primera fase inició en 1996-- retomaron con más fuerza el Posaf a raíz de las inundaciones y la degradación que provocó el huracán Mitch, cuando quedó evidenciado para todos que si no se incluía el manejo y la protección de cuencas, la mayoría del trabajo que se había hecho durante esos dos años sería arrastrado por la corriente.

“Con el Mitch ocurrió y trajo tanta destrucción nos percatamos que si no se incluía en el Posaf el manejo de cuencas y la reducción de riesgos, podríamos perder todo lo que habíamos hecho, como pasó en algunas zonas, así como lo que pretendíamos hacer a futuro, fue por eso que en la segunda fase, que inició en 2002, se incluyó y se trabajó de forma contundente en las cuencas”, dijo Orozco.


Un reto pendiente
Durante la evaluación y ejecución del aspecto de reducción de vulnerabilidad en las cuencas seleccionadas en Estelí, Jinotega, Matagalpa, Carazo y Managua, se identificaron 572 puntos críticos en los cuales debían realizarse obras de mitigación, sin embargo, sólo pudieron ejecutarse las mismas en 147 puntos.

“Un reto pendiente es trabajar en esos 425 puntos críticos restantes, un paso positivo para nosotros es que las municipalidades se apropiaron tanto de la reducción de vulnerabilidad y riesgo, que incluso estos puntos críticos han sido tomados en cuenta en los programas de planificación local, y esto porque las municipalidades, gracias al Posaf, aprendieron a medir los beneficios económicos de estas inversiones que antes se veían como gastos y ahora se ven como inversiones que a corto y mediano plazo proporcionan ventajas”, manifestó Orozco.

Para concluir, Orozco comentó que el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales se encuentra realizando un programa de seguimiento al Posaf dirigido a Gestión de Cuencas y Cambio Climático. “El Posaf fue una ventana, consideramos que con las lecciones aprendidas y la información compilada en estos 12 años podemos emprender campañas nacionales, desde cada una de las municipalidades, en cuanto a gestión de cuencas para mejorar las condiciones de las mismas y contribuir de esa forma a reducir el impacto que el cambio climático tendrá en las poblaciones rurales pobres”, finalizó.



Millones invertidos
El costo total del Posaf fue de 38 millones de dólares, de los cuales 32. 7 millones fueron provinieron de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo, 3 millones provenientes del Fondo Nórdico de Desarrollo (FND) y 2,3 millones de aporte local que se dividió entre los desembolsos de las instituciones con sus recursos humanos y el aporte de los productores con mano de obra.