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“Sólo había una loma y allí estaba toda la comunidad rodeada de agua. Si ésta se anegaba, entonces habrían desaparecido todos los habitantes del pueblo. Imagínense la desesperación que cualquiera, en especial un niño o una niña, podía sentir”, comenta Rosalba Bucardo Gutiérrez, Subdirectora de la escuela “San Judas”, modalidad bilingüe, en Bilwi, Región Autónoma del Atlántico Norte, RAAN.

Con 14 años en la docencia, ella cuenta que el huracán Félix –-que pasó por el Caribe en septiembre del año pasado-- marcó de por vida a todas las comunidades afectadas, en especial a los niños, que igual padecieron el embate de la naturaleza, la desesperación y la muerte de sus familiares.

Según datos oficiales, 337 comunidades de la RAAN fueron afectadas por el fenómeno, que dejó 102 muertos, 10 mil 145 casas destruidas, 133 desaparecidos, y 198 mil personas afectadas directamente, de las cuales aproximadamente el 40 por ciento eran niños y niñas.

“Aunque yo no viví con tanta dureza la experiencia de las inundaciones, tal como otras personas de mi comunidad, escuchar sus relatos, a pesar de ser una persona adulta, me golpeó sicológicamente, y ese drama se fijó en mi mente. Pero lo que sufre un niño es el doble, por ser más profundo”, señala la educadora que formó parte de los 28 profesores de las poblaciones de Waspam y Puerto Cabezas que la semana pasada participaron en talleres para enfrentar la crisis postraumática en los niños.

Según Bucardo, el proceso de capacitación, impulsado por el organismo internacional Save the Children, el Ministerio de Educación, Mined, y el Centro de Derechos Humanos, Ciudadanos y Autonómicos, Cedehca, tiene por objetivo levantar el autoestima de la niñez víctima del desastre natural, y sanar las heridas sicológicas.


Marcados por el estrés postraumático
Diego García, consultor y pedagogo social con ocho años de experiencia en atención sicosocial en Alemania, Suiza y recientemente en Nicaragua, señala que después de situaciones de alto impacto en la vida de una persona, principalmente en la niñez, el haber pasado el peligro, sin ninguna herida, no significa que se quede ileso, pues en la mayoría de las personas queda el trauma de aquel momento.

Mencionó que según un estudio monográfico, en el Hospital de Puerto Cabezas el 70 por ciento de personas atendidas tiene síntomas de estrés postraumático. Muchas veces problemas como la migraña, dolores de estómago y de espalda, pueden ser signos de un trauma que no ha sido trabajado y que se puede superar, aunque se trata de un proceso largo.

“Cuando tratamos a niños marcados por un desastre natural, primero hay que dar por concluido que todos sufren el trauma. Ellos tienen diferentes modos para trabajar ese trauma, y para poder manejarlo, dependerá del círculo en que desarrolla sus capacidades emocionales e intelectuales, así como sus vínculos afectivos familiares”, refiere el especialista.

El pedagogo social comenta que muchos padecen de sentimientos de culpa, y el primer paso es hacer que describan sus vivencias durante un desastre, para luego hacerles saber la realidad del evento y dejar claro que no tienen responsabilidad en lo sucedido. Luego, la situación puede expresarse por dibujos, juegos y sociodramas. Guardar los sentimientos en el inconsciente, sin antes ser expresados, es lo que causa el trauma emocional.

Un referente importante para la zona
Verónica Hernández, Coordinadora de programa para la preparación ante desastres y atención de emergencias de Save the Children, comenta que este año se realizó un proceso inicial de capacitación de seis meses que terminó en junio, y en este mes los talleres se cerraron con la presentación del material titulado, “Venadito entre tu huerta”, elaborado por el organismo para trabajar con la niñez y la adolescencia en su recuperación emocional.

“La idea es que tengan conocimientos sobre cómo manejar la situación en momentos de crisis, era un vacío en los diferentes procesos de atención que se daba, sobre todo en los niños. Se utilizó como referencia a diez comunidades del municipio de Puerto Cabezas, seis de Tasba Pri y cuatro de Llano Sur, donde se trabaja con 400 líderes entre adultos y adolescentes que están en las comunidades con diferentes ocupaciones”, expresó Hernández.

El texto no sólo fue editado en español, sino también en lengua miskita, para facilitar la lectura, el manejo y la apropiación del mismo en las comunidades bilingües, y el mismo será también una herramienta que deben tener los maestros en una zona tan vulnerable ante los desastres, como es la región Atlántica.

Miriam Hooker, Directora Ejecutiva de Cedehca, y Debbie Hodgson, coordinadora de la misma institución en la región, remarcaron la importancia del texto en ambas lenguas, y que éste fue hecho especialmente para esta zona, pero también criticaron que los adultos, en medio de los problemas, minimizamos a la niñez y su sufrimiento.

“No quisiéramos que vuelva a suceder, pero debemos estar preparados”, dijo Hooker, lamentando que a la presentación del texto se invitó al gobierno municipal y a los candidatos a la Alcaldía de Puerto Cabezas, en espera de un compromiso con la niñez, pero ninguno de ellos se hizo presente.

Afectaciones en rendimiento escolar
Jessica Rocha, delegada departamental del Ministerio de Educación en la RAAN, mencionó que el huracán “Félix” cambió a muchos, dejando nerviosismo, mayor timidez y efectos negativos en la salud de los niños, así también en sus calificaciones y los rendimientos académicos, que bajaron significativamente.

“Se convocó a los docentes de Puerto Cabezas, Waspam y Río Coco. Tomamos muy en cuenta las características de las zonas más vulnerables, pero también a los mejores docentes, de manera que ellos multipliquen hoy el encuentro, viene uno por cada escuela”, manifestó. Recalcó que éste es un gran esfuerzo tanto de las organizaciones que impulsan este tipo de acciones, como del Mined, ya que no hay fondos gubernamentales suficientes para estos encuentros debido a lo disperso que quedan los lugares.

“Los efectos de los desastres naturales se observan en los niños luego de su paso. Por ejemplo, hubo un momento en que apenas llovía, los niños se asustaban, y sus padres pedían que se suspendieran las clases por el temor que dejó el desastre”, asegura la delegada, que valoró la importancia de la colaboración tanto de Save the Children y Cedehca, como del Sistema Nacional de Prevención y Atención a Desastres, del Ejército y de organizaciones como GVC, entre otras, pues a través de ellas se ha logrado capacitar al personal docente y técnicos de preescolar, primaria y secundaria.

Rocha mencionó que los principales efectos se plasman en las retenciones escolares y el rendimiento académico. “El niño está aterrorizado, afectando el proceso de enseñanza y aprendizaje, más en la modalidad de preescolar y primaria. En secundaria hay sus efectos, pero son menores. Gracias a Dios éste fue un año exitoso, y no hubo desastres naturales. Alcanzamos en el primer semestre una retención del 84 por ciento, mientras en el rendimiento escolar este años alcanzamos el 94 por ciento a nivel regional”, agregó.

Jóvenes comprometidos
En medio de las capacitaciones y la intención de ayudar a la niñez de la Costa Atlántica se encuentra un grupo de 40 muchachos comprometidos con la causa. Los que incansable y desinteresadamente dan su trabajo bajo la coordinación de Cedehca.

Imara Méndez, de 19 años, estudiante de sociología y parte del Movimiento de Jóvenes de Cedehca, dijo que luego del huracán no contaban con experiencia en atención sicosocial, y simplemente querían ayudar, pero posteriormente, a través de Save the Children, recibieron la capacitación necesaria.

“Entre las actividades realizadas, sus dibujos mostraban la fijación del momento, dibujando sus casas antes y después del huracán. Hubo un niño que dibujó tres tumbas, y dijo que tres habían muerto en su comunidad, mientras otros mostraban su deseo de ver su casa tal como estaba antes”, comenta la jovencita, señalando que de manera general han trabajado en varias comunidades con grupos de hasta 300 niños. Algo difícil, pero su recompensa es observar los cambios, viendo que el antiguo temor está pasando y están más conscientes de su situación.

Santiago Roberto Ríos García, de 17 años, proveniente de la comunidad de Sahsa, dijo que a pesar de haber pasado muchos meses desde el desastre provocado por “Félix”, algunos aún tienen problemas, por lo que todavía hay bastante por hacer en Sahsa, Columbo, Leimus, Sika y Leimus Kukalaya, entre otras comunidades.

Por su parte, Finix Castillo, de 17 años, estudiante de ingeniería agrícola y también miembro del movimiento juvenil, expresó lo doloroso de los traumas, ya que “no sólo encontramos crisis postraumáticas por desastres naturales, también por violencia intrafamiliar y abuso sexual”.