•   Estados Unidos  |
  •  |
  •  |
  • END

Para los bancos centrales en el mundo rico, dos es una cifra mágica. Si los precios suben en 2 por ciento al año, la mayoría de los compradores pueden más o menos ignorar su lento ascenso. Un toque de inflación es enormemente útil, de hecho: Da a los jefes una forma de dar un empujoncito a los trabajadores improductivos --un congelamiento de salarios realmente significa una reducción del 2 por ciento-- y un incentivo para invertir sus ingresos.

Lo más importante es que mantiene alejadas a las economías de la deflación y las deprimentes opciones, entre reservar efectivo o retrasar adquisiciones, que pueden traer consigo los precios a la baja. Sin embargo, pese a la profesada adhesión de los bancos al mantra del 2 por ciento, un periodo de precios a la baja está escrito.

El tufo de la deflación está en todas partes. Incluso en Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá, los cuales están creciendo en más de 2 por ciento, la inflación está muy por debajo de la meta. Los precios se están enfriando en el Este, donde la inflación china es de apenas 0.8 por ciento. La tasa de 2.4 por ciento de Japón se encamina a evaporarse conforme se desliza de nuevo en la deflación. Y Tailandia ya está ahí.

No obstante, es la zona del euro la que más asombra. Su pasado inflacionario, en el cual los aumentos de precios promediaban 11 por ciento al año en Italia y 20 por ciento en Grecia durante los años 80, es un recuerdo distante. Hoy, 15 de los 19 miembros del área están en deflación, y la tasa inflacionaria más alta, en Austria, es de solo 1 por ciento.

El efecto del petróleo
El petróleo explica mucho de esto. Hace un año, un barril de crudo Brent costaba 110 dólares, y hoy está en 60 dólares. Esta reducción de precio del 45 por ciento está filtrándose en las economías. En Gran Bretaña, los datos dados a conocer el 17 de febrero mostraron que los declinantes precios de la energía y el transporte habían ayudado a producir una tasa inflacionaria de 0.3 por ciento en el año concluido en enero, una de las más bajas registradas. En Estados Unidos, el precio de la gasolina ha caído en 35 por ciento en los últimos seis meses, y el costo del diesel y el combustible para calefacción también ha caído.

Esto no es, en sí mismo, algo malo. Ya que el uso de la energía en invierno es una necesidad, los consumidores están mejor con un combustible a menor precio. Las  compañías también están festejando: Así como cuentas de electricidad más bajas, el costo de todo, desde botellas de plástico hasta detergentes, están disminuyendo.

Algunos de los ahorros están siendo transferidos: Los alimentos, cuyo transporte es costoso y requieren mucho empaque, están abaratándose.

Estos son los sellos distintivos de una sacudida positiva de la oferta. El petróleo barato significa que las economías pueden ofrecer más productos a precios más bajos.

En el sector de servicios, que depende mucho menos de la energía, el transporte y los materiales basados en el petróleo, los precios siguen subiendo.

Para quienes venden productos duraderos, la deflación podría parecer más preocupante. El precio de los autos nuevos no ha tenido cambios en Gran Bretaña, se ha deslizado lentamente en Portugal y está cayendo en Grecia, donde un automóvil nuevo es casi más barato de lo que era en 2005.

Para muchas industrias, sin embargo, los precios a la baja no son nuevos, sino una forma de vida. En la zona del euro, los precios de los teléfonos, las computadoras y las cámaras han estado cayendo durante una década --en España, el equipo telefónico es 90 por ciento más barato que hace 10 años-- así que es poco probable que la deflación sacuda a los compradores. Incluso en Japón, que ha visto años de precios a la baja, hay poca evidencia de que las compras estén siendo postergadas.

Empleo creciente
El impulso para el poder adquisitivo gracias a un breve periodo de precios a la baja es bienvenido. En el mundo rico, los aumentos salariales han sido raros pese a las enormes mejoras en el empleo. Desde principios de 2010, más de 10 millones de trabajadores estadounidenses han encontrado empleos conforme el desempleo, que llegó a más de 15 millones, ha caído en 40 por ciento. Japón ha visto un descenso similarmente grande, de 3.6 millones a 2.3 millones. Gran Bretaña ha tenido resultados incluso mejores, reduciendo las filas de los desempleados en 50 por ciento a solo 800,000. Incluso la enferma zona del euro ha añadido algunos empleos.

El enigma es por qué el creciente empleo no ha llevado a una inflación en forma de salarios más altos. Las tasas de desempleo en Estados Unidos, Gran Bretaña y Japón, todas las cuales están en cero por debajo de los niveles bajos previos a la crisis, anteriormente habían desencadenado salarios al alza. Sin embargo, los tres han visto crecimiento principalmente en formas de empleo inseguras: El empleo de medio tiempo está al alza, así como las filas de los “subempleados”, aquellos que les gustarían más horas de trabajo si pudieran conseguirlas. Como contratos más laxos han ayudado a crear fuerzas laborales flexibles, el trabajo informal --desde los choferes de Uber hasta los jornaleros en la construcción-- ha estado en auge. Los empleos quizá aumenten, pero el poder de negociación de los trabajadores no.

La zona euro
Si los precios a la baja persisten, entonces las deudas, fijas en términos nominales, serán más difíciles de pagar. Un estudio reciente de McKinsey, una firma consultora, dio seguimiento a la deuda total --gubernamental, familiar y corporativa-- entre 2007 y 2014. Las economías de la zona del euro encabezaron la carga, con una deuda que subió en 55 puntos porcentuales del PIB o más en cinco Estados “periféricos” en problemas y tres centrales. Si los ingresos caen continuamente, esas deudas pudieran volverse imposibles de pagar.

Los bancos centrales al menos están entrando en acción. El Banco Central Europeo ha llegado tarde al juego de la relajación cuantitativa, pero empezará a crear dinero para comprar deuda gubernamental en marzo. El Banco de Japón está empeñado en tanta relajación cuantitativa como sea necesaria para hacer regresar la inflación al 2 por ciento. Una política nueva y radical, tasas de interés negativas, se está poniendo de moda, y los bancos centrales nórdicos están siguiendo al BCE en su adopción.

Si estos intentos fracasan, entonces la alegría de los alimentos y el combustible baratos será breve, conforme las economías abrumadas por la deuda se encuentren usando todos sus ahorros debido a los precios a la baja para mantener a los acreedores a raya.

35 POR CIENTO ha caído el precio de la gasolina en los últimos seis meses en Estados Unidos.