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Una economía mundial que funcione con un solo motor es mejor que una que necesite un arranque brusco en frío. La economía estadounidense está zumbando de nuevo, para alivio de los exportadores desde Hamburgo hasta Hangzhou. Las compañías han añadido más de un millón de nuevos empleos netos en los últimos tres meses, la mejor cifra desde 1997.
Alentados por la gasolina barata, los estadounidenses están gastando: en enero, el sentimiento del consumidor saltó a su nivel más alto en más de una década. El Fondo Monetario Internacional estima que el crecimiento estadounidense alcanzará el 3.6 por ciento en 2015, más rápido que la economía mundial en general.
Todo esto es bueno. Sin embargo, la creciente dependencia en la economía de Estados Unidos --y en sus consumidores en particular-- tiene ecos que no son bien recibidos.
Hace una década, los consumidores estadounidenses pedían prestado fuerte e imprudentemente. Llenaban sus casas cada vez más grandes con productos procedentes de China, alimentaban a sus autos devoradores de gasolina con petróleo importado.
Más endeudamiento
Los grandes exportadores reciclaban sus ingresos invirtiéndolos en Estados Unidos, haciendo bajar las tasas de interés, lo cual a su vez ayudó a alentar un mayor endeudamiento. Europa no era muy diferente. Ahí, los austeros alemanes financiaron verdaderos frenesís de deuda en la periferia de la zona del euro.
Después de la crisis financiera, muchos esperaban el fin de estos desequilibrios. Los estadounidenses y españoles adictos a las deudas irían reduciendo sus obligaciones, mientras los ahorradores consumidores alemanes y chinos empezarían a disfrutar la vida para variar. Al principio, esto pareció estar sucediendo. El déficit comercial de Estados Unidos, que en 2006 fue de alrededor de 6 por ciento del PIB, se había reducido en más de la mitad para 2009.
Ahora, sin embargo, el mundo está regresando a algunos hábitos desagradables. El cabello crece más rápidamente que la zona del euro, y de lo que depende fuertemente el crecimiento ahí es de las exportaciones. Los países de la moneda única están registrando un superávit de cuenta corriente de alrededor de 2.6 por ciento del PIB, gracias en gran medida a las exportaciones a Estados Unidos. En 7.4 por ciento del PIB, el superávit comercial de Alemania es tan grande como siempre lo ha sido.
Exportaciones de China
Mientras tanto, el crecimiento de China se está desacelerando y, una vez más, está dependiendo fuertemente del gasto en otras partes. Registró su propio superávit comercial récord en enero. Las exportaciones de China realmente han empezado a descender, pero sus importaciones han bajado más. Durante el último año, el renminbi, que se elevó en más de 10 por ciento frente al dólar entre 2010 y 2013, ha empezado a deslizarse de nuevo, para molestia de los políticos estadounidenses.
La economía de Estados Unidos está deformándose como resultado. La contribución del consumo al crecimiento en el cuarto trimestre de 2014 fue la más grande desde 2006. El déficit comercial está ampliándose. Dejando de lado el petróleo, el déficit comercial de Estados Unidos creció a más de 3 por ciento del PIB en 2014 y está acercándose al máximo previo a la recesión de alrededor de 4 por ciento.
Es probable que la dependencia del mundo de Estados Unidos se profundice. Los alemanes están más interesados en enviar sus ahorros al extranjero que en invertir localmente. Las familias y las compañías en la periferia de Europa están sobrecargadas de deuda, los salarios de sus trabajadores están siendo exprimidos y sus bancos no están de ánimo para prestar. Como Alemania, Europa en general depende de las exportaciones. China está reequilibrándose, pero no con la suficiente rapidez: los servicios aún tienen que representar más de la mitad de la producción china anual.
Las políticas monetarias divergentes agravarán el problema. La perspectiva de una relajación cuantitativa por parte del Banco Central Europeo ha hecho tambalearse al euro frente al dólar, ayudando más a los exportadores europeos. Los bancos centrales en Tokio, Pekín y Mumbai se están relajando también.

Los peligros de la coyuntura económica

TEMOR • La Reserva Federal parece dispuesta a empezar a elevar las tasas de interés este verano, y eso está llevando al capital hambriento de rendimientos hacia Estados Unidos, y disparando el dólar al cielo.
Se vislumbran dos peligros. La preocupación a corto plazo es que las exportaciones débiles, un dólar al alza y una desaceleración en la inversión en energía --debido a los declinantes precios del petróleo-- limiten la expansión estadounidense. En vez de halar consigo a otros, Estados Unidos se verá frenado por su propia debilidad. Esa es la razón por la que la Fed no debería estar tan ansiosa de elevar las tasas de interés. Con la inflación actualmente por debajo de la meta, no tiene necesidad de apresurarse al reajuste.
El temor a más largo plazo es que los crecientes desequilibrios repitan el ciclo financiero de la década del 2000, en el cual los exportadores que envían sus productos a Estados Unidos financien una vez más el endeudamiento imprudente de los consumidores.
La proporción de deuda en relación con el ingreso de los estadounidenses ha caído de un máximo previo a la crisis de más de 120 por ciento a alrededor de 100 por ciento, pero los consumidores aún tienen demasiado incentivo para cargarse de deuda. Los políticos harían bien en deshacerse de subsidios como la exención fiscal a los intereses hipotecarios.
Sin embargo, la carga de actuar no recae únicamente en Estados Unidos. Los líderes desde Bruselas hasta Pekín no deberían permitir que las monedas en declive se vuelvan sustituto de reforma estructural, o de los esfuerzos para impulsar el gasto en casa. Una economía estadounidense fuerte es una bendición para el mundo, pero no debería darse por un hecho.