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En más de una ocasión nos hemos enamorado de un producto por su belleza. El encantamiento es tal, que entramos a la tienda a preguntar su precio, con la esperanza de llevarlo a casa para  colocarlo en un lugar vistoso o lucirlo ante nuestras amistades al día siguiente, pero, la sonrisa se nos borra del rostro cuando nos dicen el precio.

¡Tranquilos, no son los únicos! A todos nos ha pasado.

Francisco Romero, un joven diseñador gráfico de profesión, se cansó de preguntar por artículos “hermosos” que no podía comprar. “Yo observaba a los  artistas cuando hacían sus productos y me parecían una obra de  arte,  que no  podía comprar, por sus precios elevados. Estaban dirigidas a un público con poder adquisitivo alto”, recuerda.

El no poder comprar esas “piezas de arte” que tanto le gustaban, hicieron despertar su creatividad,  se dio a la tarea de recolectar materiales que otros consideraban basura y crear  artículos utilitarios. “Me dije: ‘voy a probar hacer mis propios diseños, generar mis propios ingresos y pagar los gastos básicos de mis estudios’”.

La cantidad de basura orgánica que se generaba en los semáforos de la capital, le llamó la atención  y decidió recolectar las cáscaras de coco para realizar sus primeros trabajos, logotipos sobre esta materia dura y seca.

POR QUÉ PRODUCTOS ORGÁNICOS

“Lo que nos inspira a los artistas es la observación, no tenía dinero para comprar materiales, pero siempre me he sentido identificado con la naturaleza y tenía la oportunidad de darle utilidad a materiales que muchos consideraban basura”, comenta.

Su capacidad de observar el entorno, combinado con el talento lo llevaron más adelante a experimentar con materiales diversos como banner, trozos de madera y  neumáticos. “Todo el tiempo pensé en crear artículos funcionales y creativos, que fuesen duraderos y accesibles”, dice Romero.

Así de tapas de inodoro que otros tiraban a la basura, él los transformaba en creativos espejos, que más de un extranjero compró para decorar sus hogares, o singulares mochilas hechas de banner  que llaman la atención por sus formas y colores.

Pero ese talento desde su adolescencia  se hizo notar cuando hacía regalos “originales” para sus novias. “La idea era que les gustara, pero que no se imaginaran, que les había dado un presente  hecho a partir de objetos  desechados o recopilados de nuestras mismas casas”, dice.

CREAR ES UNA PASIÓN

“Yo hago lo que me apasiona. Desde que estaba en la universidad me decía a mí mismo que siempre sería mi propio jefe”. Así ha sido, su proceso de  experimentación y observación  ahora se condensan  en su propuesta más sólida hasta el momento “Nikas Artes Exclusivo”,  un proyecto, en donde incursiona en el mundo del textil, cuyos estampados  son creaciones propias, que primero concibe en su ordenador y luego plasma en camisetas coloridas con formas y diseños diversos.

Sin dejar atrás su línea original ecológica, que por el momento descansa, debido a la demanda que comienzan a tener sus productos textiles.