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Eugenia María Ruiz Nicaragua, una de las víctimas de los interlocales, que vive en una humilde casita en la ciudad de Jinotepe, antes que todo dio gracias a Dios por estar viva, aunque sin sus dos piernas.

Lamentablemente, cuando salió de su trabajo en la zona de Monte Tabor, el 13 de mayo de 2006, a las siete de la mañana, esperaba en la bahía cuando observó que dos microbuses se acercaban, como siempre, “peleando” los pasajeros, y uno de ellos la pasó arrastrando al punto de fracturarle las dos piernas, las que posteriormente los médicos amputaron para salvarle la vida.

“No se imagina el dolor que sentía al perder mis miembros, porque yo era padre y madre para mis seis hijos, y lo peor fue que el conductor del microbús, David Palacios, nunca estuvo detenido, lo dejaron en libertad y se lucraba de lo que él me causó, al pedirle dinero a la gente, con la justificación de que me tenía que pasar dinero mensualmente, y ante un Dios, desde que tuve el accidente nunca este señor me ha dado ni un centavo. Este bárbaro actualmente trabaja como chofer en los microbuses de la ruta Carazo-Managua”, asegura la víctima.

Agrega que hace de todo en su casa, pese al hecho de carecer de las piernas, porque de ninguna manera se siente inútil.

Aprovechó la entrevista de EL NUEVO DIARIO para pedir a algún corazón caritativo le obsequie un silla de ruedas, porque con la que tiene se le dificulta mucho movilizarse, asimismo uno de sus sueños es poder tener prótesis de piernas para poder salir adelante.

Nexi Oneyda Zeledón Martínez, habitante de la ciudad de Jinotepe, es otra de las víctimas de los microbuses. Ella relata a END que cuando regresaba de la capital, el 12 de octubre de 2006, exactamente en el kilómetro 27 de la Carretera Panamericana, iba cargando a su hijo cuando el conductor del microbús, Carlos José Silva Rivas, comenzó a realizar zigzag.

“Busqué proteger a mi hijo… después de arrastrarse el microbús por más de 40 metros observé que mi brazo derecho estaba bañado en sangre y mi hijo también, igual las 15 personas que viajaban en el microbús resultaron lesionadas”, refiere.

Como resultado de la peripecia del “microbusero”, a doña Nexi le amputaron el brazo y su hijo de 11 años tiene cicatrices en el brazo derecho y rostro por las heridas a consecuencia del accidente.

“He gastado más de diez mil dólares en la prótesis de mi brazo y terapias tanto para mí como para el niño, y cómo es la justicia en este país, que en el juicio dejaron al conductor en libertad y nunca por su propia voluntad me ayudó”, dijo la mujer.

Parque vehicular excedido
El parque vehicular en el departamento de Carazo ha ascendido en los últimos años, por lo que es fácil concluir en qué reside el desorden que protagonizan los conductores de las 340 unidades que pertenecen a las ocho cooperativas de transporte local, que dan servicio diario a unas 15 mil personas.

El ingeniero Franklin López Aguirre, delegado del MTI desde el doce de septiembre de 2008, ha impuesto en tres meses 289 multas que equivalen a un monto de 21, 400 córdobas, los que se destinan a las arcas de la institución.

Mientras que en 2007, la Policía Nacional multó a 1,566 transportistas y en 2008 se reportan 731 multas, siempre por las mismas causas: exceso de pasajeros, aventajar en curvas, operar con documentos vencidos, no hacer uso de las terminales, irrespeto a los inspectores y hasta agresiones físicas a los funcionarios del MTI.

“Hemos sido flexibles en permitirles a los conductores de microbuses interlocales que lleven16 pasajeros, incluido el cobrador, y también se les autorizó subir pasajeros en la terminal y en Diriamba”, comentó el delegado del MTI.

Sin embargo, la Ley General del Transporte, en el artículo 63 establece que cada unidad de ruta expresa debe salir con el 75 por ciento de la capacidad y debe ser de origen y destino, sin parada intermedia, y la misma legislatura puntualiza que es prohibido bajar y subir pasajeros, a como se lee en el artículo 66, que los interlocales no utilizarán cobrador ni ayudante.

“Desgraciadamente, cuando uno hace sus funciones apegado a derecho es, como dice el refrán, donde se aprieta siempre sale pus”, comentó Franklin López.

En el municipio de Santa Teresa, el lente fotográfico de EL NUEVO DIARIO captó in fraganti al conductor de un taxi que de manera irresponsable llevaba a bordo de su unidad a una decena de pasajeros, cuando la capacidad, según la circulación de un vehículo Sedán de cuatro puertas, es de cinco personas. Esto ocurre a diario en la carretera Santa Teresa-La Conquista.

Horror sobre la vía
Mientras tanto, en los microbuses que viajan del mercado de la ciudad de Diriamba a las comunidades rurales San Gregorio y Los Ángeles, la escena es peculiar: los pasajeros viajan en la canastera y no en los asientos, aunque las unidades vayan vacías.

Sin embargo, EL NUEVO DIARIO constató que estas unidades obsoletas, con capacidad para 12 y 15 pasajeros, llevan hasta 25 usuarios, más cargas de productos básicos y materiales de construcción, por lo que quienes no alcanzan dentro, suben a la canastera y viajan exponiéndose al peligro.

Ana María Velásquez, usuaria del trasporte selectivo que cubre la ruta Carazo-Managua, por la Carretera Sur, exteriorizó que “gracias a Dios en los microbuses que he viajado no nos hemos accidentado, pero no hay seguridad ni comodidad, y el servicio es deficiente… se ven varias unidades con vidrios quebrados, tapados con plásticos, y las nuevas y modernas unidades no tiene ventilación adecuada, por lo que la presión a cualquiera se le sube o baja”.

¿Por qué no bajan precio de pasaje?
Mario José Guido Páramo, usuario de los microbuses que viajan por la carretera a La Concepción, ruta Carazo–Managua, afirmó que ya ha sufrido experiencias terribles al volcarse en dos ocasiones la unidad en que viajaba, y atribuye a un milagro continuar vivo, porque actualmente, a pesar de que el pasaje deja un porcentaje alto de ganancias, por el bajo costo del combustible y el subsidio que tienen, el servicio de transporte selectivo sigue siendo pésimo, paradójicamente.

El doctor Óscar Castillo Guevara, Presidente del Comité de Usuarios de Carazo, considera que los “megaempresarios” transportistas que se molestan si se les llama buseros, todavía no han cumplido con los últimos acuerdos que se firmaron el 13 de octubre del año en curso.

“La propuesta de tarifa es de 17 córdobas, ya que el barril del petróleo se cotiza al precio igual que el de noviembre de 2004, y perfectamente, después de sacar sus pagos y sus utilidades podemos llegar a un consenso”.

En un estudio económico realizado con porcentajes brindados por los mismos transportistas, se confirma que un microbús con capacidad de 16 pasajeros utiliza 47 litros de gasolina, multiplicado por el precio actual, arroja un total de inversión de 329 córdobas.

Al multiplicar los 23 córdobas por los 15 pasajeros que llevan, resultan 345 córdobas, por las cuatro vueltas les quedan 2,760 córdobas, menos 400 córdobas en pago de conductor y cobrador, menos 329 que lo invierten en combustible obtienen una ganancia total de C$2,031 diario por cada uno de los microbuses.

La lista de víctimas mortales en accidentes de tránsito, según la Policía Nacional, en Carazo, en 2005 fue de cinco, en 2006 se aumentó a 20 y en 2007 se contabilizaron 14. En lo que va del año en curso se cuantifican 454 accidentes de tránsito, dejando 243 lesionados y 19 personas fallecidas. La Organización Mundial de la Salud afirma que el 30 por ciento de accidentes es provocado por el exceso de velocidad.

Mientras tanto, Armando Ruiz, miembro de la Cooperativa Cotraus, reconoció que el desorden que hay en las cooperativas de Carazo les deja muy poca ganancia, porque hay más de 30 microbuses que andan de “piratas”, lo que es competencia desleal.

Las mesas de concertación no han dejado ningún resultado, resalta Ruiz, agregando que están de acuerdo en reducir la tarifa del pasaje y proporcionar un mejor servicio a los usuarios, pero esperan orientaciones del Comité de Tarifas del MTI central.

Basado en la Ley 524, el comité de usuarios de Carazo exige a los transportistas un servicio seguro, conducta responsable, servicio confortable, higiénico y eficiente.

El usuario debe estar protegido mediante un seguro por los daños personales, trato respetuoso y digno, tarifa acorde con la calidad de servicio.

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