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Hillary Clinton anunció que está postulándose para la Presidencia. Para la mayoría de los estadounidenses es tan sorprendente como la noticia de que el 5 de mayo una vez más será el 5 de mayo.

Clinton ha tenido la mirada puesta en el cargo máximo durante mucho tiempo. Casi lo obtuvo en 2008 y, en muchas formas, es una candidata más fuerte ahora. Ella y su esposo han creado una enorme maquinaria de campaña. En el momento en que Clinton la encienda, empezará abiertamente a absorber contribuciones, emitir lemas de campaña y arrasar con sus rivales. Algunos piensan que ella es invencible: Paddy Power, una correduría de apuestas irlandesa, le da una posibilidad de 91 por ciento de llegar a la Casa Blanca en 2016.

La última vez que ella parecía inevitable, por supuesto, resultó no serlo. El mes anterior a las reuniones electorales de Iowa en 2008, estaba 20 puntos por delante de otros demócratas en los sondeos nacionales, sin embargo, aun así perdió ante un senador joven de Illinois. Carece de chispa al hacer campaña, aunque es disciplinada y diligente. Esta vez, no ha surgido todavía algún candidato factible que compita con ella por la nominación demócrata, pero sigue habiendo tiempo.

Los votantes de las primarias quieren opciones no una coronación, y es difícil decir cómo le iría a ella contra el eventual candidato republicano, no menos porque nadie tiene idea de quién será. El campo promete ser variado, y va desde el hiperventilante senador Ted Cruz (republicano por Texas) hasta el serio Jeb Bush, exgobernador de Florida. El senador Rand Paul (republicano de Kentucky), un crítico de las guerras en el extranjero y el Estado supervigilante del presidente Barack Obama, se unió a la refriega el 7 de abril.

Lo que representa

Sin embargo, Clinton empieza como la favorita, así que vale la pena preguntarse: ¿Qué representa ella? Competencia y experiencia, dicen sus simpatizantes. Como secretaria de Estado, voló casi 1.6 millones de kilómetros y visitó 112 países. Si ocurre una crisis exterior bajo su mandato, hay buena probabilidad de que ya haya estado ahí, leído el manual informativo y tomado el té con los poderosos locales. Ningún otro candidato de cualquier partido puede jactarse de ello.

También entiende a Washington tan bien como cualquiera. Durante ocho años fue una asesora cercana de un presidente, su esposo, quien equilibró el presupuesto y aseguró acuerdos bipartidistas para reformar el sistema de beneficencia y abrir el comercio en Norteamérica. Posteriormente, como senadora demócrata por Nueva York, Clinton convirtió en un hábito el escuchar a, y trabajar con, senadores de ambos bandos, llevando a algunos republicanos a públicamente lamentar haberla disgustado en el pasado.

La presidenta Hillary Clinton pudiera ser mejor en forjar acuerdos con legisladores de ambos partidos que Obama. Casi seguramente lo intentará con más ahínco.

Sin embargo, ¿con qué fin? Para alguien que ha estado en el escenario nacional durante un cuarto de siglo, sus creencias son extrañamente difíciles de identificar.

En política exterior, dice, no es realista ni idealista sino una “realista idealista”.

Cientos de asesores

En una reciente biografía, celebró “el modelo estadounidense de mercados libres para la gente libre”, pero ante una multitud izquierdista, dijo: “Que nadie les diga que, ya saben, son las corporaciones y las empresas las que crean los empleos”. Un colaborador dijo posteriormente que ella se refería a las exenciones fiscales para las corporaciones.

Las opiniones de algunos candidatos pueden ser inferidas de los asesores que tienen, pero Clinton tiene cientos, e incluyen a luminarias de todas las facciones demócratas. El senador Charles Schumer (demócrata por Nueva York), su excolega en el Senado y el probable próximo líder de los senadores demócratas, la había llamado “la persona más opaca que uno llegue a conocer en su vida”.

A los críticos de Clinton en la derecha les preocupa que sea una estadista ansiosa de poder. “Denle un centímetro y se convertirá en su regla”, advierte un distintivo de campaña. En la izquierda, sin embargo, temen que sea cercana a Wall Street –se predice que su campaña recaudaría 1,000 millones de dólares–, está alejada de la vida de los estadounidenses comunes, tras mudarse por primera vez a la mansión del gobernador en 1979, y favorece la guerra, tras haber respaldado la invasión de Irak.

Quizá es algo intermedio: ¿una moderada sensata? Encaja mejor en esta definición que, digamos, la senadora Elizabeth Warren (demócrata de Massachusetts) o el exgobernador Martin O’Malley, de Maryland, dos posibles rivales demócratas que critican al comercio y a la banca. Sin embargo, los votantes necesitan saber más.

La última vez que Clinton expuso un plan económico detallado, durante la campaña de 2008, se colocó un poco a la izquierda de su marido en los años 90 –menos inclinada a los acuerdos comerciales, por ejemplo– y bastante más cerca de donde ha terminado Obama. En realidad, el Obamacare se parece más al plan de ella que al de él.

Cambios en la bancada demócrata

TENDENCIA • El mundo ha cambiado y los demócratas están furiosamente divididos en torno a cómo aliviar la desigualdad sin limitar el crecimiento. El Centro para el Progreso Estadounidense, uno de los grupos de análisis a los que Clinton escucha, dio a conocer recientemente una lista de políticas para promover lo que llama el “capitalismo inclusivo”.

Esta contiene muchos elementos sensatos, como impulsar la inversión en la infraestructura y ampliar los subsidios salariales para los trabajadores desesperados, y algunas ideas intrigantes, como alentar los “consejos laborales” para unir a los trabajadores y los gerentes, pero también algunas dudosas, como elevar los subsidios implícitos para las hipotecas y crear planes de empleos para los jóvenes con el mero propósito de mantenerlos ocupados.

¿Con cuánto de esto estaría a favor Clinton? Algunos detalles serían agradables.

En política exterior, el lema de Clinton es que sería más firme que Obama. Respaldó su aumento de tropas en Afganistán, pero lamentó la fecha de expiración que él le puso. Lo instó a armar a los rebeldes no islamistas en Siria, pero él titubeó. Ella lo reprendió por no encontrar un mejor principio organizador para la política exterior que “No hagan estupideces”. Sin embargo, ella deja muchos detalles sin pulir. Por ejemplo, ¿piensa que podría haber llegado a un mejor acuerdo nuclear con Irán?

Sin embargo, muchos extranjeros darían la bienvenida a una comandante en jefe que esté genuinamente comprometida con el mundo fuera de Estados Unidos.

Los escépticos plantean dos motivos de preocupación más sobre Clinton. Algunos dicen que no es digna de confianza, una idea solo reforzada por la revelación de que usó un servidor privado para sus correos electrónicos como secretaria de Estado, divulgó solo lo que consideró relevantes y luego borró el resto.

La otra preocupación, que ella realmente no puede atenuar, es que las dinastías son poco saludables, y que esto supera a cualquier beneficio que Estados Unidos pudiera obtener de elegir a su primera presidenta.

El exsenador Gary Hart (demócrata por Colorado), un excandidato presidencial, dijo a Politico que, con más de 300 millones de habitantes en Estados Unidos, “no deberíamos reducirnos a dos familias que están calificadas para gobernar”.

La campaña apenas ha empezado. Sin embargo, si Clinton quiere merecer el cargo que desea, tiene preguntas que responder.