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En un pequeño espacio, ocupado en su mayoría por cúmulos de papel periódico y cartón, unos 14 jóvenes y adultos se acomodan en sus asientos para cortar papel, dar forma al cartón, pegar y pintar, dando vida a las piñatas.

Localizado sobre calle La Inmaculada, en la ciudad de Granada, en este taller la jornada inicia a eso de las ocho de la mañana, cuando un grupo de personas con discapacidad empieza a trabajar.

Están organizados en la Asociación de Minusválidos Artesanos de Nicaragua (AMAN), que creó un taller para elaborar piñatas.

“Es un taller creado hace ya varios años. La idea es que les sirva como terapia ocupacional, ganar habilidades y que a la vez puedan ganarse su propio dinero”, manifestó Ernesto José Dávila, jefe del taller.

Dávila es un conocedor de las artes plásticas y del dibujo, lo que le ha permitido dirigir eficientemente la fábrica durante los últimos 15 años.

Ahí los participantes han aprendido a confeccionar piñatas en forma de carritos, gatitas, cabezas de chancho y cachos mexicanos que se venden a precios accesibles, de entre 20 y 100 córdobas.

Por cada producto vendido, la persona que lo elaboró recibe un tercio del dinero y lo restante queda para los gastos de mantenimiento del lugar: servicio de energía eléctrica, agua potable y el alquiler. Esto último es de 170 dólares mensuales.

Respaldo

Debido a que los ingresos son pocos, Dávila dijo que afortunadamente han logrado ahorrarse la compra del papel y el cartón gracias al apoyo de algunas personas.

Y para el alquiler del local reciben ayuda económica de una librería.

“Tenemos que comprar el papel crepé, la harina que utilizamos en sustitución del almidón, pegamento de zapatería para armar las estructuras y los mecates, entre otras cosas que son muy necesarias”, expresó Dávila.

La idea es que les sirva como terapia ocupacional, ganar habilidades y que a la vez puedan ganarse su propio dinero”. Ernesto José Dávila, jefe del taller de piñatas.

Cuando los familiares no pueden llegar a traerlos, la AMAN tiene que buscar dinero para pagar taxi y enviar a los muchachos de regreso a casa.

Iván Javier Guillén tiene 34 años de edad y nació con síndrome de Down. Es uno de los fundadores de la organización, en la cual --aseguró-- se siente muy bien.

“Yo hago piñatas grandes y pequeñas, y también pinto. Las pinturas las vendo a los turistas que vienen”, externó.
El joven habita en el barrio La otra banda con su abuelita materna, a quien después de la jornada laboral le colabora en algunas tareas básicas del hogar. Dijo que su mamá trabaja en Costa Rica.

Logros

Como Iván Guillén, otros muchachos también llegan para enfrentar sus limitaciones.

En Nicaragua, según un diagnóstico efectuado hace algunos años por especialistas cubanos, un 26.8% de los nicaragüenses sufre de alguna discapacidad intelectual.

Esta condición no debería ser impedimento para que se le abran los espacios en el campo académico y laboral, comentó el encargado del taller en Granada, quien no sufre de ningún trastorno, pero conoce muy bien las dificultades que enfrentan los artesanos con los que trabaja.

Octavio José Fernández, de 42 años, ha sido diagnosticado con epilepsia y es otro de los entusiastas artesanos.
Él se dedica a cortar las piezas para armar las piñatas en forma de carro.

"Ahorita estoy haciendo la base de un carro, lo armo y luego se lo paso a ellos para que lo forren con papel periódico", explicó Fernández.

En su casa, en Villa Sandino, además tiene moldes e insumos para confeccionar sus propias piñatas, las cuales vende por su propia cuenta.

De acuerdo con Dávila, el propósito del taller precisamente es que los artesanos se vuelvan independientes. Octavio Fernández confesó que dos veces a la semana aprovecha su tiempo para trabajar como mensajero en una comidería propiedad de un tío.   

Desde casa

Aunque al taller llegan regularmente en promedio unos 14 artesanos, hay otros diez que ya conocen la técnica y se quedan trabajando en sus casas.

En total son 28 los miembros activos de AMAN y todos provienen de barrios humildes de Granada: Pancasán, La talpujera, La estación, El pantanal, El fortín y Villa Sandino.

La asistencia no es obligatoria para ninguno de ellos. “No es preciso que vengan diario, comprendemos que algunas veces amanecen mal de salud o sus padres son ancianitos y necesitan que estén ahí ayudándoles en algo. Aquí no se les presiona, queda a su libre decisión si vienen diario o no", señaló Dávila.

Regulación

Reglas • En la Asociación de Minusválidos Artesanos de Nicaragua (AMAN) no se permite el ingreso de personas que padezcan de agresividad o trastornos esquizofrénicos, tomando en cuenta que el trabajo involucra objetos como tijeras, cuchillos, clavos o pedazos de madera que pudiesen utilizarse como armas.

Quienes asisten a la fábrica logran una producción semanal de 60 piñatas aproximadamente, que se exhiben colgadas de los perlines del techo, aunque no todas se venden en la misma semana.

Otras piñatas más complejas y que llevan más trabajo, como Dora la Exploradora, Pikachú, Pepa y otros muñecos famosos de la televisión, son elaboradas por Ernesto José Dávila, jefe del taller.

Estas se fabrican únicamente por encargo y sus precios son más altos, puesto que oscilan entre los 500 y 700 córdobas. Con estos fondos se sostiene el 60% de los gastos totales del taller.

  • Los 14 artesanos que acuden al taller padecen de sordera, autismo, epilepsia y síndrome de Down. Semanalmente logran producir unas 60 piñatas, las cuales son vendidas entre 20 y 100 córdobas cada una.