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A comienzos del 2015, el ingeniero Enrique Aguilar recibió un mensaje a través de Facebook que le llamó la atención. Un hombre de Jinotega le preguntaba si podía ayudarlo a imprimir en 3D una prótesis de mano para su hijo de 6 años.

En 2013 Aguilar había comprado una impresora 3D, con la que recorrió universidades y ferias en Nicaragua para enseñar cómo funcionan estas máquinas y los usos que se le puede dar.

Ese mismo año Aguilar recibió el Premio Nacional a la Innovación del Consejo Nicaragüense de Ciencia y Tecnología (Conicyt), por ser el primer emprendedor nacional en incursionar en este tipo de impresión.

El ingeniero se tomó un tiempo antes de responder para investigar las opciones que había para poder entregarle a un niño nicaragüense una prótesis de ese tipo y luego respondió ofreciendo su ayuda.

La prótesis 

Oscar Jarquín vio un reportaje en televisión que lo marcó. En el programa se mostraban modernas prótesis que se podían hacer a bajo costo en impresoras 3D. Usando las redes sociales logró contactarse con una persona en Argentina que sabía de impresión 3D para ver las posibilidades de conseguir ese tipo de prótesis para su hijo de 6 años, Ashton, quien nació sin su mano derecha. 

El argentino le aseguró que en Nicaragua ya había una persona experimentando con esta tecnología: Enrique Aguilar. Usando, una vez más, las redes sociales, Jarquín le escribió a Aguilar y ambos comenzaron a investigar sus opciones.

“Nos reunimos, tomé fotos, le tomé las medidas y se le está ajustando la prótesis al tamaño del niño”, explica Aguilar.

Los detalles para imprimir la prótesis ya están listos. Se utilizará un servicio de impresión en Costa Rica y un ingeniero mecánico armará las piezas. Solo se están recolectando los fondos para pagar la impresión y el viaje, y se espera que Ashton reciba a más tardar en julio de este año su nueva mano.

“A él (Ashton) le emociona que va a poder agarrar vasos o manejar una bicicleta y a nosotros nos emociona porque siempre hay que estar pendiente de si no puede hacer algo para ayudarlo, pero ahora podrá ser más independiente”, asegura el padre del niño.

Se imprimirán dos prótesis: una más fuerte para usarla en deportes o andar en bicicleta, y una más fina para pintar o tomar una taza.

Solo la impresión de cada una costará 200 dólares, debido a que no se cobrarán honorarios por ser un proyecto social. Gran parte de las personas involucradas en el proyecto, incluido Aguilar, trabajarán como voluntarios.



Laboratorio educativo

Enrique Aguilar comenzó los talleres educativos sobre esta tecnología en Nicaragua, pero no es el único que busca fomentar el conocimiento sobre la impresión 3D y los beneficios de su uso en este país.

El Instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica nicaragüense (IEEE, por sus siglas en inglés) tiene desde octubre de 2014 una impresora 3D que ha llevado a talleres en universidades y colegios.

Tras esta campaña educativa existen más de 120 estudiantes en el país que han usado una de estas máquinas en Nicaragua.

Además, preparan el lanzamiento de un Makerspace en Managua. Estos espacios existen en países de todo el mundo y reúnen a una comunidad de emprendedores, inventores y creativos para que puedan utilizar herramientas, como impresoras 3D, que les permitan desarrollar proyectos.

“Nuestro proyecto es educativo. Queremos hacer conciencia y en el futuro quisiéramos llegar a escalar el tipo de impresión 3D. Hay diferentes cosas que se pueden crear, pero tenemos que empezar desde cero. Queremos compartir habilidades para que más adelante ellos puedan construir o diseñar su propia impresora 3D”, explica el presidente del IEEE Nicaragua, Mario Alemán.

Con esto esperan acercarse más a las realidades de otros países de Latinoamérica que están innovando con los objetos que logran imprimir o con las impresoras de bajo costo que están desarrollando sus estudiantes.

“Hay conocimiento y hay interés, pero lo que limita en el país es la accesibilidad de la gente a esta tecnología”, asegura Julio Cruz, estudiante de Ingeniería Electrónica en la UNI y miembro del IEEE. “A nivel general creo que el acceso a tecnología es fundamental si queremos avanzar en el país”, agrega.

El servicio en Managua

El año pasado, mientras cursaba un posgrado de Arquitectura Contemporánea, Xochilt Méndez comenzó a averiguar sobre impresión 3D en Nicaragua, ya que el diseño para su maqueta final era muy complicado de hacer de otra forma.

“Investigué aquí en Nicaragua y me di cuenta que no había, así que luego lo que hice fue cotizar en Costa Rica. Sin embargo, el costo era muy alto porque tenía que ir a traerla, además del costo de la maqueta. Ahí fue cuando decidí investigar sobre el costo de las impresoras y si podía venir a tiempo para la presentación final”, narra Méndez.

Con un compañero decidieron invertir en una de estas máquinas, la que ahora tienen en su oficina de Motion Design, una empresa de diseño y arquitectura que además ofrece el servicio de impresión 3D para quienes necesiten hacer prototipos o maquetas.

El ingeniero Enrique Aguilar también comenzará un negocio de este tipo de impresión. Entregó la primera impresora que compró como parte de pago y ahora espera que le envíen una versión más moderna.

¿Cómo funciona?

Precios • Existen distintos tipos de impresoras 3D, de diferentes tamaños y precios. Las más baratas cuestan menos de mil dólares, mientras que otras de las pequeñas pueden costar 4 mil dólares.

Estas máquinas vienen con un software que permite tomar un diseño, enviarlo a la impresora y transformarlo en un objeto real de plástico u otro material.

El diseño se puede tomar de bibliotecas libres con modelos para diferentes cosas que suben otros usuarios o se puede comenzar desde cero en programas como Autocad, Autodesk o Maya. El dibujo 3D se exporta al software de la máquina en cuestión y se puede comenzar a imprimir.