•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

De su natal Colombia y las expectativas que generan las negociaciones entre las FARC y el Gobierno, de periodismo y, cómo no, de literatura habla Héctor Abad Faciolince, uno de los escritores contemporáneos más importantes de ese país sudamericano, en esta entrevista con El Nuevo Diario. 

Abad Faciolince visitó Managua la semana pasada para participar en el encuentro de narradores Centroamérica Cuenta. 

Uno se pregunta si los colombianos realmente están conformes con las negociaciones entre las FARC y el Gobierno, si ven un avance y confían en que habrá un acuerdo.
Pues en Colombia ha habido tantos procesos de paz, tantos intentos de firmar la paz, que yo creo que nosotros estamos escarmentados, no tenemos una confianza ciega, no pintamos palomitas blancas, no salimos por las calles llenos de entusiasmo pensando que ya, que se ve en el horizonte la paz tan anhelada. Nos hemos bajado mucho de la retórica de la paz, quizá por eso mismo ahora hay un proceso hecho con mucha más cautela y mucha más sensatez. Creo que nunca se había hecho un intento tan serio, con unos negociadores tan preparados, tan abiertos a lograr lo que nunca se ha logrado en innumerables procesos de paz que ha habido en Colombia.

Creo que las FARC tienen una oportunidad única de firmar con este gobierno un acuerdo que los saque de la lucha armada y los incorpore a la vida política con una dosis de justicia muy pequeña, que de todas maneras ellos tendrían que pagar. 

Espero que ellos tengan la sensatez de aceptar esa dosis de justicia, sin la cual la sociedad colombiana no refrendaría el proceso de paz. Creo que se está haciendo seriamente, creo que nunca habíamos estado tan cerca de un acuerdo, pero el pan se puede siempre quemar en la puerta del horno y como dicen en la misma propuesta del acuerdo de paz: nada está acordado hasta que todo esté acordado. Entonces, el período de Santos se va a acabar tarde o temprano, creo que ellos tienen una oportunidad única y ojalá este mismo año se logre firmar, si no cada vez va a crecer más el escepticismo de los colombianos.

¿Están los colombianos preparados para que los dirigentes de las FARC se incorporen a la vida política?
Pues cuando eso se dio en el pasado y la guerrilla trató de conformar partidos políticos, hubo un exterminio del partido más cercano a la guerrilla, que fue el de la UP. Creo que tienen que haber dos cosas: una garantía estatal que les asegure que eso no se va a repetir, que no va a haber una masacre de la gente que deja las armas y se mete a la política, y una garantía de la guerrilla de que no van a usar las armas, la intimidación y la violencia para que voten por ellos, y que van a aceptar una dosis de justicia parcial, transicional, como se dice. Yo creo que en esos términos, en esas condiciones, sería posible. 
Colombia es una anomalía en toda América Latina. Es el único país que conserva una guerrilla violenta, actuante, con miles de hombres. Esa anomalía latinoamericana se tiene que acabar. Confío en que se va a dar.

¿A qué se refiere con dosis de justicia mínima?, ¿penas mínimas?
Sí, ellos han cometido crímenes atroces, ellos no pueden justificar esos crímenes atroces en su lucha política. Esos crímenes se castigarían con penas de muchos, muchos años de cárcel. Gracias al acuerdo de paz pagarían muy pocos años de cárcel o incluso ni siquiera cárcel, sino de estar en unos sitios especiales de reclusión. 

Aun así quedarían muchos pendientes…
Todos los países latinoamericanos tenemos pendientes miles de problemas. Después de hacer la paz en otros países incluso la violencia se ha recrudecido; sin embargo, en Colombia ya hubo un proceso de paz con los paramilitares, se desmovilizaron en el gobierno anterior y eso disminuyó muchísimo la violencia. Esta es una duplicación de ese proceso, ahora con la guerrilla, y creo que esto podría disminuir muchísimo la violencia en Colombia. 
Los problemas, por supuesto, seguirán, hay muchos problemas de justicia, de desigualdad, de educación, de salud, los problemas que siempre ha tenido América Latina, pero Colombia viene progresando desde hace bastante tiempo en los índices de desarrollo. Creo que no estamos en el momento de las revoluciones, sino en el de las evoluciones y el proceso de paz permitiría tener un país hacia un país mejor paulatinamente porque los atajos no sirven para nada. El atajo que se intentó hacer en Venezuela, por ejemplo, es un atajo que no ha conducido a un cambio perdurable, efectivo y positivo para toda la sociedad.

Me gustaría hablar un poco sobre "El olvido que seremos", creería que fue una especie de catarsis y me preguntaba cómo quedaba usted después de las jornadas de escritura.
Es un libro que intenté escribir durante mucho tiempo, durante casi veinte años, pero siempre que empezaba, lo abandonaba precisamente porque el sufrimiento era tan grande que me salía un libro excesivamente doloroso, dolorido y sentimental. Cuando finalmente pasó el tiempo suficiente para que la herida ya no estuviera abierta sino que fuera una herida cicatrizada —la del asesinato de ese hombre tan bueno que fue mi padre—, lo pude escribir muy bien, así hubiera momentos en que me dolía mucho revivirlo todo con tanta fuerza, pero al terminarlo me produjo una gran tranquilidad, una gran paz. Es un libro que me ha producido solo cosas buenas.

¿Qué significa para usted que sea el libro más recordado entre sus lectores? ¿O me equivoco y no es ese?
No, no se equivoca, así es. Es más, mucha gente piensa que es el único libro que he escrito. Algunos escritores escriben muchos libros y solamente se recuerda uno, otros escritores, los más afortunados, todos sus libros son buenos, es el caso de un genio como Shakespeare, y hay escritores de los cuales ningún libro se recuerda ni se habla. Yo prefiero tener uno del que se recuerde. Voy a seguir escribiendo hasta que me muera, pero si ese va a ser el caso, mejor uno que ninguno. 

¿Sobre qué está escribiendo?
Publiqué en diciembre una novela que se llama “La Oculta”. “La Oculta” es el nombre de una finca en las montañas de Antioquia, que está en manos de la familia de mi padre desde finales del siglo XIX y se ha conservado, ahora con muy poca tierra, antes era una finca más o menos grande, ahora solo es una casa vieja con poca tierra. Tiene que ver con el apego a una región, a un paisaje, a un sitio, el apego que sienten tres hermanos que viven en la ciudad, que son citadinos pero que sienten por ese espacio, por el lago y la tierra un afecto muy especial.

¿Cómo un escritor maneja la fama? ¿Cómo es su caso?
En realidad no me veo distinto, todos los hombres somos tan parecidos. Creo que soy escritor para mostrar la sencillez de la vida, de las familias. Creo que los escritores tal vez tienen un prestigio excesivo, inmerecido. A mí la literatura me ha dado mucho más de lo que me esperaba y yo mismo me sorprendo de que pueda vivir de lo que escribo, de que tenga cierto renombre en mi país, aquí (Nicaragua) no me conoce nadie, y que piensen que es importante lo que digo. Es una sensación un poco extraña, yo nunca he pensando que es importante lo que yo digo. 

Leía en una entrevista que usted no es tan catastrófico sobre el futuro del periodismo y ve todo lo digital más como una oportunidad.
En la división que hacía Umberto Eco, hace muchos años entre apocalípticos e integrados, esto tiene que ver con la tecnología, con el presente y con el futuro, yo soy un optimista convencido. Cuando uno estudia bien el pasado y se da cuenta de dónde venimos, de qué índices de lectura venimos, de qué índices de violencia y analfabetismo venimos, se da cuenta que el progreso es posible y no estamos en el peor momento de la humanidad ni mucho menos. Es más, estamos en uno de los menos malos. Hace dos siglos yo ya estuviera muerto tres veces. Si hace dos siglos tú te partías una pierna, el destino más probable, si era el fémur era la muerte, si era la tibia uno quedaba cojo para toda la vida. Si no estuviera muerto, estaría sin dientes y más envejecido de lo que estoy, que es mucho decir. 

Si uno escarba un poquito en la historia, se da cuenta de que el siglo XX con todas sus miserias ha sido absolutamente extraordinario y la edad de internet es fabulosa. Cualquiera en cualquier parte del mundo tiene acceso a infinidad de libros, de información y de pensamiento. Si se acaban los periódicos de papel por eso, pues que se acaben, pero lo que tenemos a cambio es maravilloso.

¿Cómo ve al periodismo en América Latina?
Pues está como está América Latina, a mitad de camino. América Latina no es lo peor. Por lo menos en ciertos países los medios no han sido coaptados por los gobernantes o por las familias de los gobernantes. Hay en la mayoría de los países una libertad de podernos expresar. No vivimos como en ciertos países árabes o africanos donde la libertad de expresión y de opinión es una quimera absoluta. Claro, tenemos muchas amenazas y dificultades que no tienen en Europa o en Estados Unidos.
Estamos a mitad de camino, un periodismo que es como nuestras economías: ni tan hundido como África ni tan sobresaliente como lo que se considera que es horrible, que es Europa, pero que no es nada horrible. Europa ha alcanzado un estado de desarrollo y de justicia que nunca antes lo había visto la humanidad, lo que pasa es que ellos ahora lo menosprecian. 

Cuando dice sobresaliente ¿habla de calidad o de apertura para ejercerlo?
Me refería sobre todo a las condiciones para ejercer el periodismo, pero sí creo que hay grandes periódicos, grandes periodistas en América Latina y un movimiento muy interesante. Pertenezco al consejo rector de la FNPI y ahí cada año leemos cientos de trabajos de toda América Latina, España y Portugal, y me doy cuenta que en la vanguardia se hace en América Latina muy buen periodismo y hay desde Argentina, hasta México, pasando por Centroamérica, personas que hacen un extraordinario periodismo. 

El periodista

Héctor Abad Faciolince 

Escritor y periodista colombiano.
Columnista y asesor editorial de El Espectador, de Bogotá.
Autor de “El olvido que seremos”, “Tratado de culinaria para mujeres tristes”, “Basura”, “La Oculta”, entre otros.