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La reserva natural Bosawás está compuesta por altas montañas y caudalosos ríos, y tiene dos afluentes principales: el Wangki o río Coco y El Ayapal. En su interior existen otros ríos que le dan vida al pulmón de Centroamérica, el cual fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Los miskitos y mayangnas, habitantes ancestrales de estas selvas, siguen manteniendo una alta capacidad de conservación de Bosawás, mientras que los mestizos o campesinos se caracterizan por llevar una cultura productiva, poco amigable con el medio ambiente.

Según estudios realizados por organismos no gubernamentales, en los tres grupos que habitan en la reserva y en los que están en las zonas de amortiguamiento existe una serie de carencias. Se expresa que en estos grupos hay un 35 por ciento de analfabetismo, carecen de energía eléctrica, faltan programas de salud y no han podido cubrir diversas necesidades básicas para sobrevivir.

Debido a esta situación, nació el Proyecto Desarrollo y Medios de Formas de Vida Sostenible en Áreas de la Frontera Agrícola en la Reserva de Bosawás, que desarrolló el Centro Alexander Vön Humboldt, el cual es financiado por la Unión Europea.

Mejorando la calidad de vida
Este proyecto tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de los pobladores de la zona de contacto con la frontera agrícola, ubicados en los municipios de Wiwilí y San José de Bocay, y para ello se cuenta con un fondo de 948 mil 044 euros.

A los beneficiados se les brinda asistencia técnica para la crianza de ganado menor, cerdos y gallinas, así como para la siembra de cacao y café. El ingeniero Juan Francisco Barquero, coordinador del proyecto, aseguró que hasta la fecha se han sembrado 235 manzanas de café y 211 de cacao, y se ha logrado favorecer a más de mil familias.

“En lo que respecta a la crianza de cerdos, se ha beneficiado a 222 familias, y en la crianza de gallinas a 273, a las que se les ha impartido once capacitaciones por año, se ha realizado cinco visitas a cada una de sus parcelas y se han efectuado dos intercambios de experiencias con municipios, entre ellos Guaséala, Rancho Grande, La Dalia y Sébaco, este último para el intercambio en el manejo del arroz”, señaló Barquero.

Cero pesticidas y quemas
Además, aseguró que uno de los requisitos que deben cumplir es el cero uso productos químicos y no talar los árboles, ya que la implantación de los rubros café y cacao, es para evitar más despale, tanto en la zona de amortiguamiento, como en el corazón de la reserva.

Barquero afirmó que este proyecto ya comenzó a dar sus frutos, pues la Asociación de las Comunidades Indígenas Mayangnas del río Bocay, la Asociación de Campesinos Protectores de Bosawás --Acaprobo--, y la Asociación para el Desarrollo de las Comunidades Mestizas de Bosawás --Adecomebo-- se han apropiado del proyecto.

Clemente Sánchez Muñoz, promotor del programa, señaló que gracias al proyecto, ahora en las comunidades se puede elaborar el abono y los insecticidas para atacar los insectos de forma natural, sin contaminar el ambiente.

Arcadio Olivas Alvarado, de Adecomebo, dijo que antes no tenían quién los apoyara en la región de Ayapal, pero desde que se puso en marcha este programa, se han evitado las quemas y el uso excesivo de agroquímicos.

En tanto, Marcos Castro, coordinador de los guardabosques de la Reserva de Biosfera de Bosawás, señaló que hoy cuentan con una red de 36 guardabosques, patrocinados por el Centro Humboldt, la Unión Europea y Danida.

El vicealcalde de San José de Bocay, Frederman Palacios Chavarría, señaló que este proyecto ha sido de mucha ayuda para los municipios que están dentro de la reserva, así como en la zona de amortiguamiento, debido a la pobreza que impera y al poco apoyo que han recibido por parte de los gobiernos.

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