Leoncio Vanegas
  •   JALAPA, NUEVA SEGOVIA  |
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* La Policía allanó la vivienda de los músicos para corroborar que simplemente son extraños

* Sus canciones son bulliciosas, estridentes e incomprensibles


El 16 de noviembre de este año timbró el celular. Idelfonso se lo llevó a su oído y escuchó la trágica y fría frase: “Papá, Wilfredo se mató”.

Desde hacía tiempo el hombre de 52 años, padre de cuatro mujeres y cinco varones de entre 16 y 32 años, de buenos modales y aferrado a la fe cristiana, esperaba la tragedia pese a su fe en Dios.

Con las lágrimas en los ojos fue con su familia a rescatar el cadáver de su hijo de 25 años que pendía de una de las vigas de la casa que el humilde padre tiene en la ciudad.

El muchacho había preparado un ambiente “áspero”, con toda clase de dibujos impresos en las paredes, cuyo significado sólo él pudo haber explicado, pero que obviamente representaban su viaje fatal.

Un día antes de que el joven “renunciara” a la vida, Idelfonso lo invitó a visitar la iglesia donde él y su familia escuchan la palabra de Dios.

“No quiero ir al culto. Vayan ustedes”, respondió con su característico desdeño, y remató diciendo: “Yo soy un hombre adulto. Usted tiene su vida, yo tengo la mía, déjeme hacer la mía’.

Raras convulsiones
Un año antes del suicidio, exactamente el tres de junio de 2007, Wilfredo entró en un ayuno total con convulsiones constantes. Según Idelfonso, el joven no ingería ni líquidos. Lo internó en el Centro de Salud “Pastor Jiménez”, de ahí lo remitieron a Ocotal, pero los raros movimientos de su cuerpo se acentuaron.

“Lo sosteníamos hasta tres personas, porque hasta se contorsionaba y a veces se nos caía al suelo. Cuando volvía en sí, se quedaba como en suspenso, viendo fijamente”, narra el adolorido padre de familia.

En esa ocasión los médicos le practicaron diversos exámenes que revelaron que el joven no tenía ninguna enfermedad, luego fue trasladado a Managua, donde los galenos le practicaron varias tomografías con la finalidad de detectar algún daño cerebral, síntomas de epilepsia o triquinosis, “pero el médico dijo que estaba sanito, que no tenía nada”, recordó Idelfonso.

Entonces lo trajeron de nuevo a Jalapa, para que falleciera en casa, porque ante la falta de alimentos sólidos y líquidos era inminente un deceso por inanición.

El único refugio que quedaba para la atribulada familia de Idelfonso era la oración a Dios, por lo que invitó a pastores evangélicos para que llegaran a orar por su hijo que yacía postrado en una cama.

El reverendo Cristino Rodríguez, de la iglesia “Jesucristo, fuente de poder”, cuyo templo está ubicado a pocas cuadras de la casa donde estaba el enfermo, recordó que mientras “invitaban” al mal para que dejara en paz al joven, éste dibujó en un cuaderno una mano que apretaba un cuello. Una vez que volvió a la normalidad, el muchacho dijo que ése era el demonio que lo quería matar.

El papá del joven dijo que por unos meses éste se recuperó y abandonó la extraña secta a la que perteneció, pero luego vino el suicidio.

¿Atrapado por la filosofía satánica?
Idelfonso culpa de la desaparición de su vástago a un grupo rockero que habitualmente viste de negro, con camisetas o camisas estampadas con el pentagrama inverso o estrella, principal símbolo de los adoradores de Lucifer, además, lucen la esvástica negra o cruz gamada de los nazis.

El grupo también gusta lucir amuletos en sus cuellos con formas de calavera, pulseras con broches con punzas, además, llevan imágenes de rostros deformados con cabellos extravagantes.

Idelfonso denunció que el extraño grupo de rock se reúne a puerta cerrada en una casa que él conoce, sitio donde aparentemente realizan sus misas negras y juegan con la tabla ouija.

El subcomisionado Mario Avendaño, jefe policial de la zona, informó que por denuncia de los vecinos mandó una patrulla a la vivienda, donde efectivamente estaba el grupo, y se les ocupó instrumentos musicales como guitarras y pianos.

“Nosotros creíamos que eran robados, pero comprobamos que no, y se los devolvimos”, agregó el alto jefe policial, quien caracterizó a este grupo de jovencitos como pacífico, porque evita los conflictos o problemas con las autoridades.

“Tampoco han sido detenidos por algún acto delictivo. Simplemente les gusta tocar rock”, apuntó el jefe policial, aunque reconoció que su música es bulliciosa, muy estridente e incomprensible.

Pero Idelfonso sigue teniendo recelos con el grupo, porque dice que sus hijos siempre habían tenido buen comportamiento y nunca se habían involucrado en actos delincuenciales, pero apenas empezaron a escuchar la música rock, cambiaron.

“Me imagino que ellos tienen algún ídolo a quien dirigirles esas palabras de gratitud, porque ellos no creen en Dios”, agregó Idelfonso al hablar de la letra de las canciones del grupo.

Reniegan de Dios
“¡Qué, ustedes viven engañados!”, fue una de las profanas expresiones que uno de sus hijos le dijo a Idelfonso, cuando éste le reclamó por andar “enrolado” en la misteriosa secta y le recordó la palabra de Dios.

Incluso la noche del velorio del desdichado muchacho que se quitó la vida, la vivienda de Idelfonso se vio “invadida” por una escuadra de vestidos de negro.

“Eran unos 15 ó 16 muchachos, y no le hicieron caso al cuerpo sin vida, sino que se dirigieron a uno de los cuartos a darle consolación al otro hijo mío. Yo les ordené que salieran de mi casa, pero ellos ni siquiera se movieron”, recordó Idelfonso.

A Wilfredo nunca le gustó el trabajo, tampoco el estudio, pero llegó a tercer año de secundaria después de repetirlo cinco veces.

Su otro hijo, de 22 años, aunque sí es asiduo al trabajo remunerado, dejó de estudiar arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería, UNI.

El padre de familia catalogó al finado y a su hijo que está vivo, de incomunicativos. “Salen a las seis de la tarde y regresan a la una de la madrugada. Entran al cuarto, no dicen nada, no saludan a nadie, siempre se les ve tristes o amargados”, precisó.

Asimismo, dijo que son dados a la perfección, profesan la invencibilidad, la omnisciencia, pero agregan la soberbia, la intolerancia y la prepotencia. “Son chantajistas, tachadores de los defectos de los demás, y se lo dicen a uno en cualquier lugar o en público”, añadió Idelfonso.

“Soy de los padres que me sumo a la denuncia, y pido a las autoridades que tomen medidas”, expresó.

Otras familias parecen estar influenciadas por los anticonceptos cristianos del grupo de rock, pero se niegan a hablar del asunto.

Para conocer cuál es la verdadera filosofía del grupo de rock visitamos la casa donde se reúnen, pero no logramos contactar a sus integrantes, tampoco fue posible hablar con el hijo de Idelfonso, porque aunque eran las tres de la tarde, el jueves, aún estaba durmiendo.

Suicidio de jovencita
La Policía neosegoviana también documentó otro caso de deceso voluntario registrado en la comarca de Apalí, jurisdicción del municipio de San Fernando, donde una simpática joven de 22 años, estudiante universitaria, murió por ahorcamiento en un árbol.

En el mensaje que dejó escrito, la joven manifestó que se quitaba la vida porque un ser extraño se lo exigía. Algunas personas que la conocieron afirmaron que la beldad solía preferir el color negro para vestirse.

En los últimos dos años al menos una docena de suicidios se registra en este municipio.

En Jalapa, Ocotal y Quilalí hay más propensión a la práctica de la autoinmolación, y en ocasiones los suicidas han dejado un mensaje escrito explicando el porqué de su fatal decisión.

La mayoría de los casos tiene su origen en problemas pasionales y depresiones derivadas de la crisis económica.

Las estadísticas revelan que el principal medio suicida ha sido el cordel para ahorcarse y la intoxicación con Gastoxín o pastilla de curar frijoles.

Hasta ahora parece que no hay un estudio que explique el porqué de los 26 suicidios que hubo en estos municipios en 2007 y los 23 contabilizados en 2008. Tampoco se han investigado los suicidios frustrados. No se conoce que haya por parte de las autoridades sanitarias alguna campaña de salud mental o ayuda para prevenir el fenómeno.

Actos obscenos al pie de una cruz
Hace pocos meses, previo a la realización de exámenes académicos en los colegios, hubo un relajo protagonizado por unos jovencitos en el cerro La Cruz, ubicado al norte de la ciudad.

“Eran como unos 30 muchachos de ambos sexos, de entre 12 y 15 años, algunos estaban tomados de licor. Los trajimos aquí y llamamos a sus padres para que los retiraran. El propósito era realizar actos deshonestos”, afirmó el subcomisionado Mario Avendaño.

Algunas personas tienen la creencia de que el cerro La Cruz es utilizado por los llamados “satánicos” para sus adoraciones y actos rituales anticristianos.

Las familias afectadas por estas creencias no cristianas atribuyen el fenómeno a la influencia de los medios de comunicación, principalmente a internet, en donde abundan sitios con literatura relacionada al esoterismo, brujería y ocultismo. Las autoridades exhortaron a los padres de familia a que ejerzan un mejor control sobre sus hijos en el uso del ciberespacio, y los induzcan a aprovechar de manera positiva el contenido.

Según la teoría de expertos en sicoanálisis, el suicidio es un homicidio contra uno mismo a causa del abandono vivido por los demás. Las personas que viven en este abismo dirigen la agresividad en contra de ellas mismas y por eso toman la trágica decisión.

Algunas estadísticas internacionales revelan que antes se podía hablar del suicidio consumado a partir de los 65 años, pero ahora la tasa de este horrible fenómeno se ha disparado en el sector juvenil, es decir, entre la población de entre 15 y 25 años.

Agregan los especialistas que el 98 por ciento de los autores de su propio homicidio presentaban una sintomatología de trastorno mental. El desencadenante más frecuente de los suicidios es el fracaso de las relaciones amorosas.

Los tres síntomas de la depresión relacionados con el suicidio que señalan los siquiatras son: insomnio, abandono del cuidado personal y deterioro cognitivo.

La segunda enfermedad con mayor riesgo es la esquizofrenia, y la tercera el abuso de sustancias como el alcohol y las drogas. El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar la vida.

La recomendación básica para evitar un suicidio es fortalecer la comunicación afectiva dentro de la familia; los padres deben monitorear los sentimientos de los adolescentes y jóvenes, reflexionar con ellos sobre las cosas positivas de la vida y orientarlos en la resolución de problemas.



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