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EL NUEVO DIARIO ha cumplido el primer año sin la presencia del ingeniero. Sí, así le llamábamos a Xavier Chamorro Cardenal. Su ausencia es más que física; falta un progenitor de este “hijo de papel”.

El vacío todavía es grande, se palpa en el ahora remozado periódico, sobre todo cuando no lo encontramos en las gradas o ya no nos llama para preguntarnos de alguna noticia que cubrimos. Su ausencia se ha sentido en las decisiones más difíciles que a lo largo de 2008 se tomaron ante coyunturas complicadas.

Y lo que más falta hace es la pregunta que siempre nos hacía cuando cubríamos un acontecimiento o un hecho muy complejo: “¿Ya buscaste a los otros? Llamalos, preguntales qué tienen que decir”, refiriéndose a la otra parte de la noticia, que constituye lo más importante, porque le da el balance y permite al lector formarse su propio criterio.

Aún en las situaciones más difíciles, ésas que a los periodistas nos apasionan y a veces hasta nos hacen perder el equilibrio, el ingeniero Chamorro siempre estaba pendiente de recordarnos que escucháramos la opinión de todas las partes para que su hijo, EL NUEVO DIARIO, fruto de su espíritu rebelde y firme, pudiese plasmarlo en sus páginas.

En el primer año de su partida, hemos querido retomar algunos de los mensajes que llegaron después del cuatro de enero de 2008, en el que personalidades diversas reconocieron la calidad humana del ingeniero Chamorro.

En la semblanza escrita por nuestro editor Ernesto Aburto, un día después de la muerte de don Xavier, el doctor Aguirre lo recuerda como un hombre generoso, que pudo haberse quedado como dueño absoluto de este periódico que se fundó básicamente con el dinero que obtuvo por su participación en La Prensa.

Sin embargo, aceptó plenamente la idea que le propuso Aguirre, en el sentido de que los trabajadores fundadores que salían con él a la nueva aventura periodística pudieran adquirir acciones con el dinero de sus liquidaciones.

Un acto loable
Para el doctor Aguirre, uno de los actos más loables y hermosos de su vida fue el compartir con los trabajadores el porcentaje de las acciones que poseía en el diario La Prensa, cuando se forjó la nueva sociedad que constituiría EL NUEVO DIARIO.

“Aquí lo principal de Xavier es que primero es una demostración de tesón, de perseverancia, de fe en un proyecto, por su dedicación y ahínco que le puso a esto frente a todas las dificultades que tuvimos, y frente a todas las adversidades, la forma optimista con que él las desafiaba, y además, con mucha decisión y a la orilla nuestra todo el tiempo”, sostuvo Danilo Aguirre.

Don Jaime Chamorro, su hermano menor, lo describe como “muy generoso”. Para sustentarlo, recuerda que “durante las negociaciones de su separación de la sociedad, que tuvieron lugar entre él y yo –con poder de la junta directiva de La Prensa- en casa de su concuño José Cuadra, Xavier nunca presionó por quedarse con grandes porciones de la empresa.

“Él estaba muy preocupado por nuestro futuro, ya que pensaba, como la mayoría de nicaragüenses, que la revolución nos iba a hacer desaparecer y que quedaríamos en la calle. Incluso accedió a que una cuenta en dólares que había en Estados Unidos se quedara en La Prensa”, evoca el hermano menor de nuestro inolvidable director.

El humor discreto
Onofre Guevara, periodista e historiador, conoció personalmente a don Xavier Chamorro. Un hombre serio, sencillo, pero con una dosis de humor discreto que soltaba de vez en cuando. Ésa es la imagen que aún conserva de él.

“De su personalidad recuerdo dos características visibles: su sencillez y su tolerancia en cuanto a los términos de los enfoques políticos y el tratamiento de las noticias. Nunca trató de imponer nada”, afirmó Guevara.

Ricardo Trejos Maldonado, otro fiel compañero del ingeniero y periodista retirado, guarda en sus memorias los momentos en que don Xavier pasaba horas con los trabajadores de la rotativa, tratando de resolver algún problema, procurando que la edición del diario estuviera garantizada.

Para el doctor Julio Francisco Báez el testimonio de vida de este digno patriota y fiel abanderado de la libertad de expresión hereda a Nicaragua entera dos lecciones que a la vez se convierten en desafíos.

La primera --lúcidamente resumida por el poeta Luis Rocha, uno de sus compinches de ideales, luchas y andanzas-- es que basta repasar su legado para conocer la diferencia entre dirigir una causa o administrar una empresa. Su firme y humilde presencia en La Prensa de Pedro Joaquín Chamorro, ayer, y en EL NUEVO DIARIO, hoy, retratan de cuerpo entero a don Xavier.

No existe mejor manera de honrar el ejemplo de don Xavier que asumir el compromiso de defender en forma incondicional una institución que --por encima de su propia salud y de intereses individuales-- tanto le preocupaba, como es EL NUEVO DIARIO, decía Báez.