Jorge Eduardo Arellano
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El presidente Daniel Ortega ha sufrido una metamorfosis desde noviembre de 2006 hasta la fecha. Su discurso ahora es fuerte, enérgico, confrontativo. Sus críticos también han subido el tono y la Nicaragua de hoy ha vuelto a polarizarse.

Para muchos, esta nueva etapa que vive el país es parte del “divide y vencerás” que Ortega ha propiciado y por el que regresó al gobierno. Lo cierto es que 18 años después de haber sido un todopoderoso en el país, el mandatario recuperó el poder que tuvo antaño y nuevamente confronta a los que en el pasado fueron sus enemigos.

En primer lugar está la Iglesia Católica, ahora representada en la Conferencia Episcopal, que criticó las irregularidades en el proceso electoral reciente, pidiendo un recuento de los votos y el cotejo de las actas.

Ortega no ha tenido una sola palabra para el clero, pero sí sus funcionarios, quienes calificaron a los obispos de opositores y amenazaran con boicotear una procesión que la Conferencia Episcopal organizó poco después de las elecciones y de las marchas fallidas de la oposición.

El experto en temas clericales, Andrés Pérez Baltodano, explica en un artículo de opinión desde Boston, la relación que el Gobierno tiene con la Iglesia. A su juicio, existe “un proyecto religioso sandinista que se orienta a convertir al FSLN que controla Daniel Ortega y Rosario Murillo en un virtual Partido-Iglesia-Estado”.

La apropiación de los símbolos
Pérez Baltodano va más allá en su análisis: “Si el FSLN logra realizar su proyecto, eliminaría el peligro potencial que la iglesia Católica y las otras iglesias cristianas representan para sus ambiciones políticas. Más aún, se apoderaría de un mecanismo de dominación simbólico-religioso que además de ser inmensamente poderoso en una sociedad como Nicaragua, llenaría el vacío político-ideológico que sufre la otrora organización revolucionaria”.

Los obispos, cuyo máximo líder es el Arzobispo de Managua, Leopoldo Brenes, llegaron incluso a emitir dos comunicados exhortando a la paz y uno de ellos lo titularon “la primera que quiere la paz es la Iglesia”, frase pronunciada por el Juan Pablo II en una misa durante la década de los ochenta, cuando eufórico el pueblo pedía una oración por la paz.

Entonces, ante la insistencia y malestar de la muchedumbre, empezó a sonar el himno del Frente Sandinista. Relató muchos años después Tomás Borge que la decisión de poner el himno sandinista fue para calmar a la gente que pedía una oración.

La Conferencia Episcopal también ha condenado el uso de símbolos religiosos en los eventos políticos y ha lamentado la violencia postelectoral.

“En la primera etapa de su proyecto el FSLN buscó reconciliarse con la Iglesia Católica después de la conflictiva década de los 1980”, prosigue Pérez Baltodano, quien agrega que dicha etapa “termina el 19 de julio de 2004, con el dramático abrazo entre Bismarck Carballo -el sacerdote humillado en un operativo de la Oficina de Seguridad del Estado del gobierno revolucionario de la década de los ochenta--, y su verdugo, Lenín Cerna, el jefe de ese tenebroso aparato”.

En la siguiente etapa que ilustra Pérez Baltodano entra en juego el Cardenal Miguel Obando y Bravo, quien ahora preside una comisión que lleva su nombre y cuyo propósito es mejorar la vida de los desmovilizados de la contrarrevolución y del Ejército.

En esa fase “concentraron sus esfuerzos en proyectar una imagen de religiosidad frente al pueblo nicaragüense y frente a las organizaciones cristianas del país. Esta etapa corresponde a cuando Daniel Ortega y Rosario Murillo contraen matrimonio en una ceremonia religiosa a cargo del Cardenal Miguel Obando—cuando los votos del FSLN en la Asamblea Nacional hicieron posible la criminalización del aborto terapéutico en Nicaragua. El 9 de agosto de ese mismo año, Rosario Murillo declaró: ‘Somos enfáticos: No al aborto, sí a la vida. Sí a las creencias religiosas; sí a la fe; sí a la búsqueda de Dios, que es lo que nos fortalece todos los días para reemprender el camino’”.

El proyecto, sin embargo, ha dado señales de agotamiento. De repente empezó a fallar. “La influencia y autoridad del Cardenal Obando, pieza central de su trama, empezó a derrumbarse vertiginosamente”, sostiene Pérez Baltodano.

“Cumplirle al pueblo es cumplirle a Dios”

Arturo Cruz, ex miembro de la contra y ex funcionario del gobierno sandinista de los años ochenta, coincide en que dichos cambios van orientados a obtener un rédito político, tomando en cuenta la difícil relación que el Frente Sandinista tuvo con la Iglesia en su primer gobierno.

A juicio de Pérez Baltonado, “el FSLN que controlan Ortega y Murillo intenta apoderarse del ‘capital simbólico’ de la iglesia Católica y de las otras iglesias cristianas; es decir, intenta desarrollar la capacidad de manipular las creencias cristianas para consolidarse en el poder”.

Pero desde las pasadas elecciones la Iglesia –esa que ya no controla el Cardenal Obando y Bravo- tiene un rol más beligerante. Monseñor Abelardo Mata, obispo de la Diócesis de Estelí, resume en este comentario el papel que juegan y desean seguir jugando: “No vamos a callar, si aquí a causa de este desacierto nacional viene una guerra civil, o se ahondan más las divisiones en esta sociedad y nos empobrecemos mucho más, la Iglesia no puede quedar callada”.

Hubo funcionarios a quienes dicho protagonismo no les ha caído en gracia. El magistrado del Consejo Supremo Electoral (CSE), Emmet Lang, expresó que “se debe dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, y atenerme a la Constitución de que el estado de Nicaragua no tiene religión oficial”, olvidando el rol que se le ha dado a la Iglesia desde administraciones anteriores en las decisiones y hasta en los actos oficiales, donde siempre hacen oraciones.

El Canciller Samuel Santos fue más allá: “Ese mismo pecado lo cometió la Iglesia y comete un error más grave, y agarra los mismos ejes que tiene la oposición, y que vienen desde el exterior, y los ponen como un hecho, y se olvidan del mismo pecado de Insulza (Secretario General de la OEA) que no toma en cuenta el calendario electoral”.

Los medios oficialistas no se quedaron atrás. Los obispos fueron catalogados de “opositores y de la derecha” poco después del primer comunicado post-electoral emitido. Pérez Baltodano concluye con que la Iglesia “debería recordarle a las elites nicaragüenses que se oponen al FSLN, que los derechos de los nicaragüenses incluyen el derecho a un nivel de igualdad y de dignidad social que las políticas neoliberales han ignorado durante los últimos veinte años”.

¡Gringos “go home”!
El enorme daño que Estados Unidos hizo a Nicaragua en la década de los ochenta no está sujeto a discusión por nadie en este país. 18 años pasaron desde que ese país bloqueó económicamente a Nicaragua y financió a grupos insurgentes que provocaron una guerra civil.

Luego que los sandinistas dejaron el poder, los gobiernos posteriores fomentaron una relación más allá de la cordial con el país del norte. Fue así que la ex presidente Violeta Barrios perdonó a Estados Unidos la indemnización que tenía que pagar a Nicaragua por su actuación en la década de los 80, misma que fue estimada por el gobierno del FSLN y no por EU.

Cuando Ortega llegó al poder en 2007, la relación con Estados Unidos parecía ser también cordial. El mandatario adelantó incluso que dicho trato estaría en el marco del respeto. Dos años después la situación no es la misma.

Los discursos del gobernante siguen siendo igual de incendiarios que en la época de los 80 y en ellos ha llegado a afirmar que estamos bloqueados económicamente por los europeos y por Estados Unidos.

El respeto del mandatario hacia el país del norte puede resumirse en este comentario, en el que se refiere al ex embajador de Estados Unidos en Nicaragua: “… y aquí competía el embajador yanqui Paul Trivelli con la embajadora sueca, a ver quién hablaba más disparates en Nicaragua. Aquello era tan repetido, que hasta risa nos causaba a nosotros ver al embajador Trivelli con los ojitos volteados, hablando por la televisión...”.

Estados Unidos actualmente tiene suspendido el desembolso de 65 millones de dólares para proyectos que serían ejecutados a través de la Cuenta Reto del Milenio, que se ejecuta en el Occidente del país por las denuncias de fraude.

Arturo Cruz califica como “un error tremendo” que el presidente Ortega esté peleándose con Estados Unidos.

De diablos y demás
El mandatario ha calificado como “diablos, peleles y vendepatrias” a los opositores, quienes concluyeron el año paralizando la Asamblea Nacional debido a las denuncias por fraude, evitando así que se reformase el Presupuesto General de la República de 2008.

En una ocasión Ortega expresó: “Somos amantes de la paz, pero también estamos dispuestos a levantar el acero de guerra si intentan derribar el poder del pueblo, el poder ciudadano; esto que ellos llaman la dictadura, que no es más que el poder del pueblo”.

Bayardo Altamirano, uno de los fundadores vivos del Frente Sandinista, critica la actitud del gobernante, pues considera incorrecto que éste pretenda gobernar con una minoría. “No se puede forzar a una mayoría, eso es un autoritarismo total”, expresó.