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Una piedra en el camino, como dice la canción “El Rey”, de José Alfredo Jiménez, le enseñó a Fátima del Socorro Bendaña, de 25 años, que su destino no sólo era rodar y rodar, sino también sufrir y sufrir hasta morir.

La “piedra” que apareció en la vida de esta joven madre de cinco hijos fue “Roberto”, a quien la familia doliente considera el principal sospechoso de su asesinato.

Fátima Bendaña, originaria de la comunidad Los Brasiles, distante 13 kilómetros al occidente de la capital, apareció muerta con 14 puñaladas la madrugada del tres de junio en una calle del Barrio San José, en Managua.

Al cumplirse siete meses del atroz asesinato, las autoridades policiales todavía no dan con el paradero de quien le quitó la vida.

Dura infancia
Desde muy pequeña, Fátima del Socorro Bendaña se olvidó de jugar muñequitas a como lo hacían las otras niñas de su edad, porque confió a sus tíos, Alberto Bendaña y Karla Mejía, el cuido de sus dos hermanos menores.

“Ella siempre cuidó de sus hermanos, incluso cuando nosotros no estábamos en casa se iba a pedir comida a la casa de los vecinos para alimentarlos”, recuerda Alberto Bendaña.

Para ayudar en la manutención de sus hermanos, a quienes los tíos abrieron las puertas de su hogar y de su corazón, para que no quedaran en el desamparo, Fátima Bendaña recorrió las calles de Los Brasiles vendiendo carne de cerdo.

Karla Mejía, tía política de Fátima, recuerda que la víctima siempre tuvo especial cariño por sus dos hermanos menores, quienes hoy sufren por su inesperada partida.

Para los familiares de Fátima, el principal sospechoso del crimen que tiene características de ser pasional es “Roberto”, el hombre con quien hizo pareja luego de separarse del padre de cuatro de sus cinco hijos.

Las sospechas de que “Roberto” sea el autor material o intelectual del crimen ha llevado a miembros de esta familia a ver en sueños a Fátima diciéndoles que su cónyuge está involucrado en el crimen.

“Uno de mis hijos soñó que Fátima le decía que ese Roberto no fue quien la mató, pero que él sabe quién le quitó la vida”, expresó la señora Mejía. Los parientes fundamentan sus sospechas no en el aspecto pandilleril de “Roberto”, sino en las versiones distintas que dio éste sobre los últimos momentos que estuvo con la mujer que fue su pareja.

Las tres versiones
Primeramente el hombre, al que extrañamente la Policía le permitió identificarse sólo como Roberto, dijo que el día del crimen Fátima del Socorro había salido de Masaya hacia Ciudad Sandino, en busca de su cédula, en casa de una tía.

Sin embargo, esa coartada se cayó cuando se produjo el hallazgo del cadáver, porque la Policía encontró en las bolsas del pantalón de Bendaña su cédula de identidad y 200 córdobas, descartándose así que el móvil del crimen haya sido el robo.

Luego en una segunda declaración “Roberto” dijo a la Policía que miró a Fátima abordar una camioneta blanca frente al parque central de Masaya, y que luego supo de ella hasta que fue avisado del crimen. Al ser entrevistado por tercera vez el hombre considerado sospechoso de haber participado en el crimen, aseguró que tenía más tiempo de no saber del paradero de su mujer.

A las suspicacias antes mencionadas se suman otros hechos que hacen presumir que “Roberto” es el asesino de Fátima del Socorro Bendaña.

Uno de esos acontecimientos es el temor de dos amigas y compañeras de trabajo de la joven, quienes aseguran haberla defendido de “Roberto” cuando éste la golpeaba.

Según las dos amigas de la mujer asesinada, en esa ocasión “Roberto” intentó matarlas siguiéndolas por las calles de Masaya, cuchillo en mano.

Además, en fecha reciente la hija mayor de Fátima relató que “Roberto”, un hombre quien supuestamente no tiene oficio, maltrataba a su mamá cada vez que consumían licor juntos.

El testimonio de la niña indica que “Roberto”, estando borracho, obligaba a Fátima a posarle desnuda y le tomaba fotografías y en algunas ocasiones hasta la colgó de los pies.

Inútil redada
Durante los primeros días posteriores al crimen donde incluso se mencionó a un ex prospecto de los Yanquis de Nueva York y jugador de la Selección Nacional de Béisbol, la Policía realizó varias capturas de forma infructuosa.

Entre los detenidos que fueron llevados en calidad de sospechosos a la Dirección de Auxilio Judicial, DAJ, están varios vende elotes que se ubican cerca de los semáforos de donde fue el Cine González.

Los familiares de Bendaña revelaron que durante una visita hecha a la DAJ, una pariente de los detenidos, cuyo nombre no recuerdan, sin saber de su parentesco con la víctima les comentó que su hijo estaba preso por el crimen de la joven mesera, pero que no había sido él quien la mató.

“Mi hijo no la mató, fue mi sobrino quien la mató”, asegura un familiar de la víctima le comentó aquella mujer que esperaba pasar alimentos a su pariente en prisión.

Sin embargo, los vende elotes luego fueron puesto en libertad al igual que otros habitantes del Barrio Bóer, luego que la Policía determinó que no tenían pruebas suficientes para incriminarlos.

Durante las investigaciones se estableció que Fátima Bendaña fue vista con vida por última vez la noche que antecedió a su crimen en uno de los salones ubicados en El Malecón de Managua.

Aunque oficialmente la Policía ha descartado que Fátima Bendaña haya andado ejerciendo la prostitución la madrugada en que fue ultimada, sus familiares, al ser preguntados sobre esta posibilidad responden: “Sólo él (Roberto) sabe si la mandaba o no a ganar”.

Familia desintegrada
El crimen de Fátima Bendaña no sólo ha provocado tristeza y dolor entre sus seres queridos, que claman por justicia, sino que ha desintegrado a su familia.

Esto porque los cuatro hijos que procreó con su primera pareja ahora están con su padre, en un barrio de Managua, mientras el más pequeño está bajo la tutela de una tía materna en Los Brasiles.

Al igual que su muerte las razones por las cuales Fátima Bendaña se separó del padre de sus cuatro hijos mayores para hacer vida marital con el hombre a quien consideran el principal sospechoso de su violenta muerte, son un misterio.

Durante el año recién concluido en Managua, al menos cuatro damas, incluida una anciana, fueron asesinadas, y a la fecha las autoridades policiales no han podido capturar a los autores.