Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Si esto es una fiesta cívica, que alguien contrate al organizador para administrar una funeraria. No hay en este pueblo multiétnico, de calles de barro rojizo y aires de abandono eterno, un solo motivo de fulgor y felicidad por las elecciones municipales que hoy domingo 18 de enero se disputarán cinco agrupaciones políticas.

Por el contrario, lo que abunda son las sospechas y el lacerante temor de que algo salga mal y que estalle la violencia, a como ocurrió en los municipios del Pacífico con las elecciones del pasado noviembre, cuando la oposición denunció un colosal fraude electoral.

Contrario a Managua, donde las calles estaban atiborradas de carteles y propaganda política, en esta apacible Bilwi, capital costera de Puerto Cabezas, en la Costa Caribe nicaragüense, hay pocas mantas y menos bulla electoral. Quizá sea por el silencio electoral que entró en vigor la semana pasada, pero ¿es así de apática la población local ante los asuntos políticos?
La investigadora social Lottie Cunningham, Directora del organismo no gubernamental Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (Cejudhcan), cree que la exportación de los problemas políticos del Pacífico al Caribe, de unos años acá, más los problemas de pobreza propia de la zona, no alientan a la mayoría de la población a participar con algarabía en las elecciones.

“Si usted revisa los resultados electorales anteriores en la región, notará que los candidatos y partidos anteriores han ganado con apenas tres mil votos y que la abstención histórica ha sido superior al 60 por ciento”, relata Cunningham, quien vive en este Bilwi donde habitan más de 35 mil personas de diferentes etnias, en su mayoría miskitas (55 por ciento) y mestizas (40 por ciento).

Y tiene razón: en las elecciones de 2000 no votó en este municipio el 79 por ciento de la población inscrita en el padrón electoral; y en 2004 no llegó a las urnas el 51 por ciento de los electores legalmente inscritos. “Y ahora con la pobreza en aumento, realmente poca gente quiere votar, pero esperemos que al final lo haga”, dice ella, poco convencida de la eficacia de los llamados de los partidos políticos tratando de conseguir el voto.

Juventud desmotivada
Ella explica que una de las cosas que antes motivaba a la juventud a participar en los procesos electorales era la contratación por organizaciones civiles de observadores electorales, pero con la decisión del Consejo Supremo Electoral, CSE, de limitar la observación local, se desmotivó más a la juventud.

“Antes aquí había más de tres mil observadores en toda la región, ahora ni hay ni 500, y eso desmotiva a la juventud”, dice ella.

Los observadores autorizados para esta elección son el Centro de Derechos Humanos, Ciudadanos y Autonómicos de la Costa Atlántica (Cedehca), una parte de las iglesias moravas y el centro ecuménico, más una misión del ya conocido y silencioso Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (Ceela).

La sombra del fraude
El Instituto para el Desarrollo y la Democracia, Ipade, anunció que unos 300 observadores de su organización van a dar seguimiento al desarrollo de las elecciones municipales en la Región Autónoma del Atlántico Norte, RAAN, hoy domingo, aun sin la autorización del poco confiable Consejo Supremo Electoral, CSE.

Debby Hodgson, coordinadora regional del Cedehca, con sede en Bilwi, cuenta que ellos dispondrán de 250 observadores distribuidos en los siete municipios donde se elegirán autoridades locales.

Y pese a que hay voces de todos lados aquí en Bilwi, que hablan de un posible estallido de violencia si se detectan anomalías en el conteo de los votos y el traslado de las boletas, Hodgson cree que la pasión política local es menos intensa que la del Pacífico, donde se desató la violencia a finales del año pasado.

“Nosotros hemos oído quejas sobre el proceso electoral por parte de algunos partidos políticos de la oposición, pero hemos hablado con las autoridades electorales y hemos asistido a ver los procesos, y no hemos encontrado irregularidades serias”, dice Hodgson, quien ve con más preocupación la posible apatía local que un aviso de fraude.

“No vemos indicios de fraude, y creemos que los partidos políticos y sus líderes deben ser responsables con la población y no alentar a la violencia. Esperamos que todo sea en orden, con transparencia y de manera pacífica”, dijo Hodgson.

Pero los partidos políticos, a excepción del Frente Sandinista, no creen en la objetividad del organismo observador. “Su presidente es el diputado sandinista Francisco Campbell, no se puede esperar que sean objetivos”, dice Osorno Coleman, el candidato del Partido Liberal Constitucionalista, PLC, quien más ha denunciado la posibilidad de un fraude.

“Y si un voto le roban al PLC, o al pueblo, vamos a pelearlo, y no vamos a dejar que nos roben nada, como se robaron todo en el Pacífico”, dice este ex combatiente de la resistencia indígena que es más conocido como “Comandante Blass”.

Ya antes hubo violencia en el choque de las barras de los principales partidos políticos de la zona FSLN, Yatama y PLC, y corrió la sangre. Y en el año 2000, cuando el CSE le quitó la personalidad jurídica a Yatama, hubo violencia y heridos.

El presidente del Consejo Electoral Regional, CER, Nery González, asegura que aunque existe “anarquía” entre los tres partidos, no hay pruebas de fraude en la actuación electoral oficial y por el contrario, ayer mismo denunció a los líderes políticos de los partidos liberales y de Yatama, de organizar planes de violencia si los resultados electorales no les favorecen.

Entre la riqueza y la pobreza
¿Qué se juega en Bilwi y los otros seis municipios de la RAAN? Más que riquezas, el acceso a los recursos naturales de la región y la expansión del poder político desde el Pacífico, dice Lottie Cunningham.

“Riquezas económicas no hay, pero sí riquezas naturales, pero el que gane las alcaldías tendrá que lidiar con la pobreza de la zona y la falta de oportunidades de la población”, dice Cunningham, quien cuenta que la ciudad y las comunidades padecen una pobreza que afecta al 80 por ciento de la población en general y, en algunos casos, como en Prinzapolka, al 95 por ciento.

“A nivel urbano falta recolección de basura, no hay trabajo y por la crisis económica mundial no se está vendiendo el pescado, y para colmo, los niveles de inseguridad ciudadana han aumentado y han proliferado los delitos”, señala Cunningham.

Pero mientras ella observa las dificultades sociales de la zona, y la gente se pasea apaciblemente, el Consejo Supremo Electoral dice encontrarse listo para un proceso electoral más, aun con el largo y oscuro lastre de las últimas elecciones municipales.

Ahora le toca el turno a aproximadamente 167,371 personas de siete municipios: Bilwi, Waspam, Prinzapolka, Siuna, Bonanza, Rosita y Mulukukú.

Las  organizaciones políticas que participarán en la contienda son: Partido Liberal Constitucionalista, PLC (casilla 1); el Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN (casilla 2); Partido Multiétnico Costeño, Pamuc (casilla 6); Partido Resistencia Nicaragüense, PRN (casilla 7); Partido Yatama (casilla 8); Alianza Liberal Nicaragüense, ALN (casilla 9), y el Partido Alternativa por el Cambio, AC (casilla 12).

El padrón electoral de la RAAN lo integran 167,371 personas aptas para ejercer su derecho al voto, de las que 50,707 están ubicadas en el área urbana y 116,664 en la zona rural. El promedio de votantes por cada junta es de 308 personas.

Existen 253 Centros de Votación (49 urbanos y 204 rurales); 544 Juntas Receptoras de Votos  (153 urbanas y 391 rurales).  Asimismo, 1,632 personas integran las  JRV  y 1,088 policías electorales estarán presentes garantizando la tranquilidad. ¿Habrá tranquilidad en esta fiesta?