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La etnia de los ramas se vincula directamente al tronco chibcha y su lengua es casi la misma que hablan grupos indígenas de Costa Rica, como los guatusos. En 1914 el etnólogo alemán Walter Lehmann examinó una lista de 61 palabras en ambas lenguas --la rama y la de los guatusos--, y concluyó que eran casi idénticas o mutuamente inteligibles. Y en 1929 Eduard Conzemius les dedicó un amplio estudio etnográfico. Entonces, los ramas vivían al sureste de Nicaragua: en la cuenca sur del Gran Lago y en los territorios drenados por los ríos San Juan, Indio, Maíz y Punta Gorda.

Actualmente, sus escasos habitantes suman unos setecientos, y la mayoría viven en la isla Rama Kay. Pero, de acuerdo con los criterios de la Unesco (transmisión intergeneracional de la lengua y número absoluto de hablantes) sólo unos pocos viejos --entre 30 y 50-- la hablan.

Según Carlos Alemán Ocampo, el rama se hablaba en dos pequeñas comunidades --Cane Kreek y Winn Kay-- cercanas a la desembocadura del río Punta Gorda, aunque ya los niños habían adoptado el inglés criollo. “Existe también una comunidad muy conocida para el turismo: Rama Kay, la cual cuenta con la protección oficial, convirtiéndose así en el primer grupo que la tiene”. Sus miembros también preferían el inglés criollo (enseñado, hasta hoy, en el programa educativo) y algunos el español. En 1969 una encuesta de población en Rama Kay dio un total de 387 habitantes. En realidad, el rama es una lengua en vías de extinción, si es que ya --a estas alturas-- no ha desaparecido.

Cuando Lehmann visitó Rama Kay en 1909 ya auguraba ese destino fatal, “pues todos los Rama --constató-- hablan Inglés o Español”. Trasladándose a la pequeña isla en una lancha de vela, anotó la lengua durante ocho días, logrando confirmar sus observaciones a través de una descripción de los ramas de Punta Gorda que, por coincidencia, habían llegado a Rama Kay. La lengua rama --escribió-- es muy particular en cuanto a su estructura y su fonética. Y está relacionada –puntualizó-- con las de los guatusos de Río Frío y con las de los talamancas de Costa Rica, entre las cuales Lehmann había tenido la oportunidad de estudiar dos: el bribí y el chiripó.

La investigación del padre Smutko

En su trabajo “Una comparación entre los idiomas miskito, sumo y rama”, Gregorio Smutko --etnólogo y misionero capuchino-- demostró que las relaciones en las dos primeras lenguas eran más estrechas entre ellas que con el rama. El antropólogo y capuchino se basó en nueve informantes: un miskito (Leopoldo Peralta), cuatro sumos (Carlos Palmerston Alonso, Rigoberto Henry Simon, Dolores Green y Ernesto Almendares Robinson) y tres ramas (Walter Ortiz, Cleveland McGray y Daniel Ruiz). Su lista ofreció dos préstamos del miskito al rama: sula (“venado”) y quipu (“corazón, en misquito kupia). Posteriormente, de acuerdo con el Diccionario Elemental Rama (1987), estos préstamos del miskito incluyeron nombres de animales: butku (“paloma”), siita (“ostión”), palma (“manatí”), raukrank (“corbina”), como también palabras corrientes: taara (“grande”) y aingwa (“verdadero, real”). Asimismo, dicha Gramática --la única publicada hasta ahora, a partir de ocho hablantes que no mostraron grandes diferencias en la pronunciación-- reveló dos préstamos del español: bula (“bulla”) y loverko (“puerco”) y otros dos del inglés: tawn (“town”) y painis (“spanish”).

En el mismo texto se lee que para 1988 más de la mitad de los 31 hablantes nativos, o casi nativos, tenían menos de 44 años de edad. “Esto significa --deducían sus autores-- que el idioma no está tan cerca de extinguirse como podría temerse, pero el hecho de que no está siendo enseñado a los niños significa que está realmente en peligro de desaparecer como una lengua viva trasmitida de generación en generación en hogares ramas”.

El alfabeto

Excepto algunos sonidos, no es difícil escribir la lengua rama en el alfabeto español, ya que posee sus mismas vocales. Éstas pueden ser largas /aa/, /ee/, /ii/, /oo/, /uu/ (/e/, /ee/ y /o/ no son sonidos ramas originales y se localizan sólo en algunas palabras tonadas de otros idiomas). En cuanto a sus consonantes, son diecisiete: /b/, /d/, /g/, /h/, /kw/. /l/, /m/, /n/, /ng/, /ngw/, /p/, /r/, /s/, /t/, /w/, /y/. Las consonantes que vale la pena señalar, por su pronunciación o por su sonido, son /h/, que representa un sonido inspirado semejante a la /h/ del inglés, pero diferente a la /h/ muda del español; /k/, que representa el sonido escrito “c” o “qu” en español y “c” o “k”; /kw/, sonido raro que combina la pronunciación de un “k” con el redondamiento de los labios propio de la “w”, /ng/, que es el sonido escrito “n” en español; y /ngw/, que combina la pronunciación de una /ng/ con el redondamiento de los mismos labios.

En el rama moderno, hay algunos casos de “ch”, pero no es un sonido rama original y se encuentra únicamente en palabras prestadas, como moch (“much” del inglés) y chicha (“chicha” del español de América, pero originalmente prestado del cuna de Panamá). Existen también algunos casos de reduplicación: uling-uling (“mono gritón”), mukmuk (“buho”), o a veces sólo se duplica la sílaba inicial de la palabra: ngar-ngarrigna (“verde”) y nuk-nulnga (“amarillo”).

Los esposos Nietschmann

El estudio más completo sobre los indios rama es el de los esposos Bernard y Judy Nietschmann. Ahí se reconoce el pionero y detallado estudio de Conzemius y se aprovechan muchas referencias. La más curiosa corresponde a que la primera novela de los Estados Unidos, escrita por William Williams --entre 1745 y 1775-- se derivó de la experiencia del autor durante su naufragio, que lo obligara a permanecer entre los rama en la costa sur del Caribe nicaragüense: Mr. Penrose /The Journal of Penrose, Seaman, editada en 1969 por D. H. En Fickasason, Indiana University Press. Otro dato interesante aportado por los Nietschmann es el tomado de Müeller: que los indígenas de Rama Kay fueron grandemente afectados por su cercanía a Bluefields a inicios de 1857. Los misioneros moravos llevaron a cabo su labor en inglés --dado que los ramas, a causa de sus visitas a Bluefields, comprendían algo de ese idioma--, y porque “el número de indígenas Rama era tan pequeño que parecía que apenas valía la pena introducir el estudio de una nueva lengua en el trabajo [de la iglesia]”.

En Rama Kay (mayo, 1980)

De esta manera, en poco tiempo se habló inglés extensamente, lo que condujo a varios observadores, como Pim y Seemann, a sostener --a finales de la década de 1860--, que “sin duda alguna la próxima generación no hablará otra cosa, ya que su propia lengua está muriendo rápidamente por falta de uso”. Entre 1968 y 1969, los Nietschmann comprobaron que no existían en Rama Kay más de cinco o seis individuos que hablasen algo de rama. En mayo de 1980 quien escribe fue testigo de esta realidad, dejando un texto poemático donde observó:
“En Rama Kay, la isla de los indios Rama, /Hay un embarcadero de conchas blancas y negras /Porque las familias viven del mar y del sol... //Las niñas pasean en cayucos /Y se llaman Jéssica, Joaquina, Candelaria o Manuelita /Cortan jocotes, limones y mangos /Corren en el campo de béisbol que da a la pequeña playa /O se distraen riendo al observar los visitantes extraños. //La mayoría habla español y todos inglés /Y sólo quedan unos cuantos que todavía dicen a sus compañeras: /Mama lis lis shun i. //Los Rama tienen una iglesia de madera pintada en morado /Y una casita también de madera y pintada en morado. /–El resto de sus viviendas son ranchos grises sin luz eléctrica–. /Tienen unas manzanas sembradas de altas cañas ondulantes /Y muchos palos de coco y frutepan, /Una escuela de sola pieza y pocos pupitres /Y este nombre en blanco sobre la fachada: //David Howard”.

Ese mismo año de 1980, Stedman Fagot entrevistó en varias ocasiones al reverendo Cleveland McRay, pastor moravo e indígena rama, quien le informó que de los 900 habitantes de su etnia, sólo 28 hablaban su lengua nativa, y, entre ellas, sólo una era joven, los restantes 27 eran adultos o casi ancianos.

Nora Rugby y Colette Craig

Con el apoyo de la hablante nativa Nora Rigby, la estadounidense Robin Schneider realizaba entonces una investigación sobre la lengua que, lamentablemente, no condujo a resultados satisfactorios, debido a su inexperiencia en esta área especializada. Y fue hasta en 1884 que la lingüista Colette Craig, de la Universidad de Oregon en Eugene --asociada al Centro de Investigación y Documentación de la Costa Atlántica (CIDCA)--, realizó un profundo estudio de la lengua.

Una vez más, la colaboración de Nora Rigby fue esencial. Tratándose de una lengua moribunda, el trabajo se orientó en gran parte a documentar su gramática y su léxico.

De ahí la publicación de un Diccionario Elemental Rama (1987) y de un Calendario (1988). El equipo responsable de ambos productos, anticipos de un diccionario enciclopédico del idioma, lo encabezó Nora Rigby, auxiliada por Craig y Cristina Benjamín, quien brindaría a Craig un testimonio en rama sobre el paso del huracán “Joan” por Cane Kreek, el que fue uno de los primeros textos literarios de dicha lengua (1992: 28-31). Todos ellos concienciaron a la comunidad de Rama Kay, lograron modificar la actitud de la isla: ya no existe desdén hacia su lengua ancestral, sino respeto. Incluso, otro hablante de rama se unió a Nora en 1990 en la escuela de la comunidad para contribuir a revitalizar la lengua.

El Calendario Rama

El Calendario no puede ser más auténtico e ilustrativo: pun tukan corresponde a enero (“mes del pájaro negro que se oye cantar”), iibutukan a febrero (“mes del árbol que usamos para hacer carbón; se hace pozol con sus semillas”); saliup tukan a marzo (“mes cuando las iguanas bajan a las playas y a los ríos para poner huevos y cuando las gentes las cazan para comerlas”); raukrauk a abril (“mes de este gran pez de la laguna que pescamos con anzuelo y carnada de chacalín”); uuli tukan a mayo (“mes cuando pasan migran las tortugas por el mar; son abundantes entonces y las matamos con arpón”); kartut tukan a junio (“mes cuando la caña para hacer flechas está madura y las hacemos para matar peces y aves”); y siuu tuka a julio (“mes de temporal y mal tiempo; el mar está peligroso y hay fuertes tormentas”).

A los restantes cinco meses del año los denominan Pliis tukan: a agosto (“mes cuando el carey abunda en el mar cerca de la isla; vienen a poner huevos en las playas; las matamos con arpón”); nwwiis tukan a septiembre (“mes cuando este pequeño pájaro blanco migra hacia el sur y canta de noche, los niños lo cazan con honda y la gente hace sopa con él”); kukaali tukan a octubre (“mes cuando este pez pasa cerca; vive entonces en las lagunas, el mar y la barra; tiene algo como un brazo largo; la gente lo mata con arpón también); yaabra tukan a noviembre (“mes del viento nudo que viene del norte y del mar y que hace grandes olas sobre el mar; no podemos viajar a Bluefields cuando este viento sopla”) y krismas tukan a diciembre (“mes cuando todos se preparan para bailar, cantar y beber; hay alegría; celebramos la Noche Buena y el día de Navidad; la gente canta con guitarra en español e inglés, las mujeres hacen pasteles y pan dulce si encuentran lo que necesitan para hacerlo”).

En conclusión, hasta principios de los años 80, debido a su marginalidad socioeconómica, los reducidos hablantes del rama no demostraron interés alguno en conservar su lengua.

Fue la excepción Nora Rigby --ya fallecida--, cuyo ejemplo debe continuarse para impedir el retorno a la negativa actitud de este grupo étnico --por lo demás explicable y comprensiva--, que secularmente no había experimentado orgullo identitario del más notorio vestigio de su pasado cultural.