•  |
  •  |
  • END

Ambas mujeres estaban de alguna manera unidas por el amor al prójimo. Una, por su convicción cristiana, la otra, por su entrega a los menos favorecidos. La tragedia causó dolor en ambas familias, para quienes la vida no volverá a ser igual…

La mañana del tres de febrero la quisieran borrar de sus mentes. Ese día perdieron a dos seres queridos, dos mujeres que fueron un pilar en sus vidas, que les enseñaron con valor y firmeza que no hay obstáculo que no se derribe, que las metas se pueden alcanzar, que los sueños se realizan con la ayuda de Dios.

Ésta es la historia de las hermanas María Teresa y Rhina Marcela Espinoza Reyes, de 26 y 36 años, quienes en un terrible accidente perecieron de forma inmediata, en la entrada a la comunidad de Monte Tabor, ubicada en el kilómetro 14 de la Carretera Panamericana Sur.

La extranjera Jessica Fairfax conducía a exceso de velocidad, según determinó el informe de la Policía de Tránsito, la camioneta Nissan, placas M 056 133, con la que arrolló lamentablemente a las hermanas. Cabe señalar que María Teresa estaba embarazada del que sería su primer vástago.

Rhina Marcela, un ángel de Dios

La tarde del lunes pasado, al llegar a la Iglesia Catedral de su Gloria, y conversar con algunos cuantos muchachos de la Red de Jóvenes Fares, nombre tomado de la Biblia, del libro del Génesis, capítulo 38, versículo 29, todos tenían el mismo sentir, extrañaban a su madre espiritual: Rhina Marcela.

Rhina nació un 27 de octubre de 1982, y era la tercera hija del matrimonio de doña Juana Reyes y Rafael Espinoza. Estudió Comunicación Social en la Universidad Centroamericana. Le antecedían sus hermanos, María Teresa y Rafael.

Para Rhina la familia era importante, por ello a cada uno de los jóvenes de su grupo se los hizo saber, y pidió que lo tuvieran presente, ya que se los demostraba con cada gesto, con cada frase de cariño, con cada mensaje al celular o carta escrita.

Rudy Meléndez aseguró que uno de los propósitos por lo cuales Rhina siempre compartió el amor de Dios, era para que muchos muchachos llegaran a ser amigos de Jesús, no como religión, sino como un estilo de vida.

“A muchos nos sacó de la vagancia, nos levantó el autoestima, creíamos que no valíamos nada, ya que habíamos caído quizá en drogas, alcohol, depresión, soledad, problemas con los padres. Ella siempre estuvo ahí para todos, dándonos un consejo oportuno con las palabras adecuadas”, recuerda Rudy.

Entre las frases y palabras que les enseñó a valorar Rhina a los muchachos de Fares, está amigo. “Ella siempre nos decía con su vivo ejemplo que era el reflejo de Dios, que se puede dar la vida por los amigos, que se debe demostrar con hechos”, comentó Alberto Acevedo, otro de los muchachos, mientras los demás afirmaban con la cabeza las palabra.

Según los jóvenes de Fares, Rhina Marcela fue una verdadera líder, y nunca decía “hagan”, sino que siempre utilizó el “hagamos”.

El motor para hacer las actividades

Con la certeza de que Dios es suficiente, Rhina Marcela junto con los jóvenes de Fares realizó diferentes actividades en los barrios, en los buses de ruta urbana colectiva, en hospitales y muchos lugares donde tenía la oportunidad de hablar del amor de Dios.

Uno de esos proyectos donde inyectó todos sus esfuerzos es la Minimasiva, realizada en los barrios. Según Alejandro Martínez, pareja de grupo de Rhina, al hacer estas actividades ella se sentía realizada, ya que echaba a andar el potencial de todos los jóvenes de Fares.

“Sin patrocinadores, montaba una tarima para predicar acerca de Jesús y de su grande e infinito amor, ella quería que todos los jóvenes de Nicaragua se enteraran que en Jesús tenían un amigo que nunca les iba a fallar, y por medio de drama, danza, testimonios, predicaba la palabra de Dios”, recordó Martínez.

Asimismo, aseguró que visitaban los orfanatos, el Leprocomio, los hospitales, los lugares donde se necesitaba de una sonrisa, de una palabra de aliento, de un abrazo fraterno, para que las personas sintieran el especial amor de Dios, que ella predicaba.

María Teresa, apoyo incondicional

No cabe la menor duda de que por tratarse de su hermana menor, María Teresa siempre estuvo presente en todos los días de Rhina Marcela, y las actividades que montaba con los jóvenes de la iglesia no fueron la excepción.

“Siempre estaba presente, era como la directora de la película, estaba detrás de escena, ayudaba con materiales, y en lo económico, decía que “Dios no busca hombres perfectos, sino corazones dispuestos”, por el tiempo que se lo consumía su trabajo como gerente de Alke, no trabajaba más de lleno con nosotros, siempre nos decía que todo estaba bien, era nuestra fan número uno”, comentó Douglas Ruiz.

El lunes dos de febrero, unas pocas horas antes del fatídico accidente, como todos los lunes los muchachos de Fares se congregaron en el templo Catedral de su Gloria, para la reunión semanal en la que se habla de los proyectos, de los programas y demás actividades próximas a realizar. Uno de los jóvenes se adelanta y asegura con voz entrecortada “Rhina dejó líderes formados, fortalecidos en Cristo Jesús, con la pérdida de ella nunca sentimos tanto dolor en nuestras vidas, pero tenemos la seguridad, la paz, la certeza que la vamos a volver a ver en el cielo, ya que ésa es la esperanza de los cristianos”, comentó Bayardo Quintanilla.

Iris Acuña, una de las chicas que recibió la llamada hecha por Rafael, la mañana del martes tres de febrero, recordó que no hubo nada que les hiciera pensar que Rhina no iba a estar más en este mundo. “Como siempre nos despedimos con mucho amor, sin imaginar que era la última vez que la veríamos con vida. Recuerdo que ella nos dijo una última frase “…y al final nos toca seguir adelante”, aseguró Iris Acuña.

Al preguntarles a los muchachos de Fares sobre el sentimiento que tenían hacia Jessica Fairfax, la conductora que produjo la muerte de las hermanas Espinoza Reyes, respondieron casi en coro que “El amor de Dios es más grande, ya que los mandó a amar al prójimo como a uno mismo y a perdonar”.

La otra historia

Quizá Jessica Fairfax no predicaba el amor de Dios, pero trabajaba por las niñas y mujeres del botadero municipal La Chureca, era un ángel llegado desde el extranjero para hacer mucho con poco, una mujer muy sensible, entregada a los demás.

Mayerli Murillo, coordinadora del proyecto Nica Hope, ubicado de Casa Pellas Acahualinca, dos cuadras al sur, relató que Jessica es una persona muy abnegada, que se siente mal por lo ocurrido, y que el único propósito, con el que llegó a Nicaragua es trabajar por las personas que tienen menos oportunidades.

“Ella comenzó un proyecto que lo denominó “Nicología”, su lema es, “Nada es desechable”, todo lo que otros tiraban a la basura, lo tomaba y lo transformaba en un accesorio muy bonito que se podía vender”, aseguró Murillo.

En los restaurantes, en la embajada y otros lugares pedía tapas de gaseosas, cervezas, latas y hacía collares, pulseras, chapas, llaveros, todo tipo de bisutería que luego vendía en Europa, principalmente, porque allí están a favor de lo reciclable. “Jessica, por ejemplo, vendía una de los accesorios en seis dólares, cinco eran para María, una de las 12 personas que laboraban con ella, y así comenzó a darles una mejor calidad de vida”, comenta Murillo.

Jessica aprovechaba todas y cada una de las oportunidades que tenía para hablar de Nicología, para recibir apoyo de todos lados y así hacer realidad los sueños de muchos en La Chureca.

La tragedia en la que lamentablemente se vio involucrada, no quita mérito a todos los esfuerzos por ayudar a los demás, que fue y es el objetivo fundamental de Jessica. Ésta es una mala pasada que le jugó la vida.

“Imagínate que ella era tan bondadosa que si se enteraba que alguien no tenía que comer en su casa iba al súper y les compraba provisiones para una semana, es más, adoptó dos perritos que sus dueños estaban maltratando, se los llevó a su casa, así de sensible es Jessica”, aseguró Murillo.