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Gracias a varios proyectos de rehabilitación que impulsan en la casa comunal del barrio “Boris Vega”, muchachos que anduvieron en pandillas hoy son un ejemplo de trabajo y superación.

Estas iniciativas cuentan desde hace casi veinte años con el respaldo del cooperante español Rafael Juncadella, quien en 1990 inició una cruzada en la cual desde diciembre hasta febrero realiza visitas a Estelí con brigadas de apoyo.

La casa comunal del barrio “Boris Vega” es un ejemplo vivo de lo que es posible hacer cuando los pobladores se organizan, alejados de cualquier ideología o credo religioso, y trabajan por sacar adelante su comunidad.

Hasta hace algunos años, visitar este barrio era un riesgo, ya que si no le robaban sus cosas, podía ser víctima de las temidas pandillas conocidas como “Los Chiri Boris”, “Los Pichetes” y otras que escenificaban tremendas alteraciones al orden público y reyertas callejeras que mantenían en zozobra a la población. Ahora, los pobladores se dan el lujo de habitar en el barrio con mayor índice organizativo y con un nivel de seguridad excepcional.

Cerca de veinte muchachos, todos ellos menores de 25 años, decidieron abandonar las pandillas, las drogas, el licor y la vagancia, y ahora son entusiastas constructores que impulsan la edificación del centro de rehabilitación que forma parte del proyecto denominado “Salvando el nido”.

EL NUEVO DIARIO habló con estos jóvenes y se manifestaron convencidos de que el pasado ya es historia y de que valió la pena salirse de aquel mundo lleno de sinsabores y peligros. Consideran que cuando el ser humano es joven no reflexiona y daña a sus semejantes, pero a la vez se autodestruye por pura ignorancia, sin pensar que la vida vale más que eso y que nunca es tarde para cambiar de rumbo.

El ejemplo de “Memo”

Carlos Guillermo Aráuz Torres, con amargura en el rostro por lo que considera tiempo perdido, relató que desde pequeño, por la falta de una orientación adecuada, se convirtió en drogadicto y luego lideró una pandilla.

“Realmente era un tipo que sólo en la perdición vivía”, refiere, pero gracias al apoyo del proyecto que es respaldado por cooperantes españoles, entre ellos el popular “Rafa”, Rafael Juncadella, ha salido de ese mundo y su vida fue transformada. Aráuz es conocido cariñosamente por sus compañeros y por la comunidad como “Memo”.

Aráuz Torres se considera, al igual que sus compañeros, persona de bien. La diferencia la nota al instante, porque antes los vecinos del barrio donde se crió lo veían con desprecio y ni trabajo le querían dar, por temor a que les robara algo. En cambio para estas fechas, gracias a su fuerza de voluntad y a la ayuda de Dios, le sobra el “bretis” (trabajo).

Dijo sentirse realizado al participar como albañil, oficio que está aprendiendo gracias a un maestro que ha contratado el proyecto. Su obra es la casa para jóvenes en riesgo, donde sin duda va a seguir siendo parte del proyecto.

Mientras, Roberto Sánchez, de 21 años, dijo que anteriormente, cuando se acercaba a la gente escuchaba frases hirientes como: “Ahí viene el huelepega, pandillero, drogadicto”. “Ahora me gané el respeto y el cariño de la comunidad, esto es totalmente distinto a mi vida anterior”, exclama con orgullo.

Ambos jóvenes ven en el hogar “Salvando el nido”, el proyecto que les asegura el futuro, y por ello se sienten en la obligación de poner su granito de arena. Bajo el sol del mediodía, mientras arman vigas de hierro o colocan bloques, Roberto y “Memo” dejan ver sus brazos marcados con los tatuajes que los distinguían como miembros de determinada pandilla o grupo juvenil.

La “oveja negra”

Sin cesar en su empeño para terminar la construcción de “Salvando el nido”, Roberto asegura que su mamá, Guadalupe Sánchez, siempre le sirvió de luz y guía para que dejara atrás la droga, las pandillas y todo lo que le dañaba la vida. Tiene dos hermanos mayores y tres más jóvenes que él, pero se define como “la oveja negra” de su familia, ya que sus carnales siempre han sido personas de bien.

Según Juncadella, quien es un bastión para que todos estos proyectos tengan vida propia en la casa comunal, también adiestran a muchachos en riesgo de otros barrios en oficios como electricidad, manualidades y decoración.

Actualmente hay organizados 12 muchachos en el área de construcción e igual cantidad en manualidades. Para “Rafa” ha valido la pena el esfuerzo desarrollado por su persona por la comunidad, y dijo sentirse contento.

Comparó a los adolescentes y jóvenes con una casa en construcción a la que se le debe edificar bien, o se echa a perder.

Este personaje, nacido en Barcelona, España, es un apasionado de la solidaridad y por ello en el barrio “Boris Vega” y todo el departamento es un icono de humanismo, amistad y sincera cooperación. El proyecto de apoyo cuenta con un equipo de especialistas compuesto por tres psicólogos que respaldan a los muchachos en el quehacer diario.

Juncadella, a manera de anécdota, refiere que en una de las muchas reuniones que participó con otros sectores, alguien dijo “debemos organizarnos bien para que no haya anarquía como en las casas comunales”.

Ejemplo de organización

“Eso me golpeó hasta el fondo del alma, pero realmente si vienen aquí, a ver la casa comunal del “Boris Vega”, se fregaron, porque la gente cuenta con su huerto comunal, con grupos de mujeres que convierten la basura en abono orgánico, y con jóvenes bien organizados y con perspectivas para superarse.

“Tú puedes ver aquí que cada cosa está en su lugar”, refiere sumamente orgulloso “Rafa”, mientras teclea en su computadora junto a otros muchachos en el área administrativa de la casa comunal, donde a lo lejos se observa una limpieza impecable y cada “tornillo en su lugar”, como dice este cooperante español con alma esteliana.

Ema Xiomara Salinas Rugama, encargada de llevar la administración de los pocos recursos con los que cuentan, valoró de positivas estas acciones, porque a la vez que los muchachos reciben la teoría, ponen en práctica los conocimientos sobre albañilería y carpintería, entre otros oficios.

Omar Quintero Lagos, quien coordina el equipo de psicólogos, integrado además por Juanita Galeano Morales y Wester Edmundo Ríos, explicó que ellos son los encargados cada día de inyectar vitalidad y perspectivas de futuro a los muchachos, por si alguien siente debilidad en decaer.

En el proyecto “Salvando el nido” caben muchachos y muchachas desde los 13 a los 26 años. Cuenta con otros componentes para apoyar a los jovenes, entre éstos uno denominado “prevención”, que encierra el trabajo con padres de familia y madres jóvenes que recibirían herramientas, en el caso del hombre, y apoyo a las mujeres, para sobrellevar un embarazo.

En otros aspectos, contemplan la educación sexual y reproductiva y la prevención de embarazos a temprana edad. De igual manera, a la madres adolescentes les apoyan con técnicas para que cuiden de la mejor manera a sus hijos.

Ante la falta de una escuela para padres, estas iniciativas darán conocimientos básicos para que puedan brindar la mejor atención a los niños y evitar que por falta de orientación desde pequeños se introduzcan al mundo de las pandillas, las drogas, la delincuencia y el licor.

Este proyecto tiene su expansión territorial en los barrios “Boris Vega” y La Chiriza, donde los profesionales involucrados coinciden en señalar que hasta hace pocos años era notoria la presencia de muchachos en las aceras, jugando naipes, consumiendo drogas y realizando fechorías o bien actos reñidos con la moral.

“Nuestra meta es la de crear conciencia en los muchachos, pero el centro debe ser autosostenible, para que les sirva de alguna manera como sostén económico”, detallaron los encargados del proyecto.

“Salvando el nido” tiene dos significados positivos para ellos, salvar el hogar y salvar la comunidad.