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"Pero ¿qué quiere que haga aquí? ¡Es la muerte!", recalca en alemán Ramin, un joven que tardó seis meses en llegar a Alemania, donde pasó cinco años y que acaba de enviarlo de vuelta a Afganistán.

Al igual que él, 25 afganos fueron expulsados del territorio alemán y repatriados por la fuerza el martes a Kabul. Solo tienen en mente una cosa: huir de este país en guerra y marcharse de nuevo. El acuerdo alcanzado en octubre entre las autoridades europeas y afganas obliga a estas últimas a acoger a los ciudadanos a los que se les denegó la solicitud de asilo y han agotado los recursos. Ramin Afshah, de 19 años, tuvo tiempo de meter algunos enseres en un cartón. Se da dos semanas para decidir su próximo destino, "quizá Francia". Su familia se fue hace dos años a Indonesia, donde está a la espera de un visado de los servicios de inmigración para Estados Unidos, y aquí ya no tiene conocidos. La mayoría de los repatriados llegaron con una mochila como único equipaje. Es el caso de Arash Alkozai, de 21 años, vestido con gorro gris y anorak negro. "La policía vino a buscarnos ayer de madrugada, nos trataron como a animales", cuenta el joven, que llegó a Alemania con 16 años. Vivía en Múnich con su familia donde estudió. Presume de hablar un alemán "perfecto". "No puedo decir nada negativo sobre ese país que me ayudó. Respeto su decisión.

Pero aquí vivo una pesadilla, dejé a mi novia embarazada de tres meses, estoy seguro de no encontrar trabajo y no hay seguridad".

Viajó en el segundo chárter de repatriados. Cuando salió el primero, en diciembre, el ministro del Interior alemán Thomas de Maizière lo justificó alegando la necesidad de "preservar el derecho de asilo" en el país, el único de Europa en haber abierto las puertas a los refugiados.