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A  Un secretario de Estado invisible, no más conferencias de prensa, una rebelión de diplomáticos... El departamento de Estado estadounidense se mantiene en silencio desde hace dos semanas mientras el presidente Donald Trump monopoliza la política exterior.

El tentacular y prestigioso ministerio de Relaciones Exteriores, creado en 1789, tiene a su frente desde el 1 de febrero a su 69 secretario de Estado, quien reemplazó al muy mediático John Kerry. Pero el expresidente de ExxonMobil, Rex Tillerson, totalmente novato en política, está encerrado desde hace aproximadamente una semana en su despacho del séptimo piso del gigantesco edificio bautizado "Foggy Bottom", al sur de Washington.

Al margen de un primer discurso muy orientado al consenso el jueves último ante 2,000 de sus empleados, el excapitán de la industria petrolera no ha hablado en público.

Si bien este ingeniero texano de 64 años elogió la "responsabilidad" y la "honestidad" de sus 70,000 diplomáticos, funcionarios y contratados diseminados en más de 250 embajadas y consulados, nada dijo de las prioridades diplomáticas de la primera potencia mundial.

Las pocas entrevistas y conversaciones telefónicas con sus homólogos extranjeros solo son objeto de informes lapidarios. Su agenda semanal oficial menciona únicamente "reuniones en el departamento de Estado", sin más detalles.

El flujo ininterrumpido de comunicados sobre prácticamente cualquier episodio mínimamente relevante en el escenario internacional también se ha detenido.

POSICIÓN INCÓMODA

La prensa acreditada tampoco cuenta, desde el 19 de enero, con los informes del portavoz del Departamento de Estado, un foro diario en directo en televisión, muy seguido en las redes sociales y que desde hace décadas permite a la diplomacia norteamericana dar su opinión sobre las crisis y conflictos en el planeta.

El portavoz de John Kerry, John Kirby, se fue junto a su ministro, aunque su adjunto, Mark Toner, un diplomático de carrera que trabajó durante años bajo la administración de Barack Obama, se mantuvo en el cargo. Pero no sabe cuándo se reanudarán sus conferencias de prensa. "Seguimos trabajando con la Casa Blanca para ver cómo reanudamos los informes diarios lo antes posible", admitió a la AFP.

De hecho, es en la Casa Blanca y en el Consejo de Seguridad Nacional donde se elabora la política exterior de Estados Unidos. Y la presidencia de Trump no escapará a esa regla.

El 45° presidente de Estados Unidos, elegido con un programa nacionalista, proteccionista y aislacionista, arrasa con todo desde hace dos semanas, aunque los contornos de su diplomacia siguen siendo vagos. Ha conversado por teléfono con varios jefes de Estado y de gobierno, entre ellos su homólogo ruso, Vladimir Putin, con el que no cesa de pregonar un acercamiento.

Pero Donald Trump atiza también las tensiones internacionales, poniendo a Rex Tillerson en una posición incómoda.

El presidente multiplica, en efecto, las declaraciones incendiarias, por lo general en Twitter, contra países rivales o adversarios de Washington -China, Corea del Norte o Irán- pero también contra aliados o socios comerciales, como Australia, México o Alemania.

"INSURRECIÓN" BUROCRÁTICA 

El presidente también ha provocado una "insurrección" sin precedentes en el departamento de Estado con su decreto antiinmigración que congela el ingreso de ciudadanos de siete países musulmanes y refugiados. El texto, sin embargo, fue suspendido por la justicia.

En el marco de una "insurrección" burocrática, según la expresión de un funcionario, unos mil diplomáticos considerados progresistas firmaron un memorando interno "disidente", en el que denuncian ese decreto sobre migración. Esta rebelión diplomática no impide que el departamento de Estado funcione, pero altos funcionarios admiten que lo hace a una velocidad reducida.

Un exportavoz de la diplomacia estadounidense, Jeffrey Rathke, recuerda que durante las transiciones entre las administraciones en 2001 (de Bill Clinton a George W. Bush) y 2009 (de Bush a Obama), "el departamento de Estado reanudó las conferencias de prensa pocos días después de la investidura" del presidente el 20 de enero.

Y el informe diario del portavoz de la Casa Blanca, centrado en la política interna, no puede reemplazar al del departamento de Estado, declara a la AFP Rathke, analista del Center for Strategic and International Studies (CSIS).

"Cada día hay muchos temas, menores o mayores, en todas partes del mundo que son del interés de Estados Unidos. No tratarlos públicamente supone privarse de influir sobre ellos", se lamenta este exdiplomático.

Mogherini pide a EE. UU. no interferir en la política de la UE Tillerson durante el reciente encuentro con la canciller de la UE Federica Mogherini

La jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Federica Mogherini, alertó ayer al gobierno de Donald Trump contra toda "interferencia" en la política del bloque europeo, después de los comentarios del nuevo presidente sobre el brexit.

"No interferimos en la política de Estados Unidos (...). Y los europeos esperan que Estados Unidos no interfiera en la política europea", expresó Mogherini al cerrar su primera visita a Washington desde la llegada de Trump a la Casa Blanca.

En la capital estadounidense, la diplomática italiana mantuvo reuniones con el secretario de Estado, Rex Tillerson, y dos consejeros de Trump sobre seguridad nacional, Michael Flynn y Jared Kushner.

Ante esos interlocutores, Mogherini resaltó la importancia de que Washington interprete adecuadamente la realidad europea.

"Creo que la unidad de la Unión Europea es ahora más manifiesta de lo que era hace unos pocos meses, y esto debe ser claramente entendido aquí", expresó.

Ello implica, añadió, "el respeto por la Unión Europea, que no es simplemente una institución sino la unión de 28 estados miembro".

Sobre la reunión con Tillerson, la canciller calificó de "encuentro fructífero" el que realizó con este texano de 64 años, que reconoció haber forjado una relación "muy cercana" con el presidente ruso Vladimir Putin.

"Hay muchos temas en los que la UE y Estados Unidos tienen un interés en cooperar estrechamente", indicó Mogherini.

La elección del millonario republicano Donald Trump en la Casa Blanca ha provocado el desconcierto de numerosos dirigentes europeos, que consideran que muestra una ingenuidad peligrosa sobre el riesgo de interferencias de Rusia y temen que su victoria proporcione alas a los partidos populistas de extrema derecha en Europa.