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La  rana dardo dorada, considerada el vertebrado más venenoso del mundo, es paradójicamente una de las especies más afectadas por la liberación de territorios de parte de las guerrillas de las FARC y el ELN tras las negociaciones de esos grupos con el gobierno colombiano.

Su caza indiscriminada y posterior tráfico hacia Europa y Norteamérica, que se registra desde los años 70, se ha incrementado hasta tal punto que las autoridades ambientales han prendido las alarmas en el país sudamericano con el objetivo de frenar una posible extinción del anfibio.

Conocida científicamente como Phyllobates terribilis, la rana dardo mide entre dos y cinco centímetros de longitud, tiene un intenso y brillante color amarillo y carga en su piel una toxina de defensa que la hace especial.

Con ella, laboratorios extranjeros han logrado desarrollar pruebas exitosas de analgésicos similares a la morfina pero sin efectos adictivos que si llegaran a ser comercializados, darían un multimillonario giro al manejo del dolor en la industria farmacéutica mundial.

La rana dorada tiene su hábitat en la zona norte del Pacífico colombiano, a la altura del departamento de Chocó y cerca de la frontera con Panamá. Esa región, además de poseer una extensa zona selvática, ha sido el epicentro de las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

GUERRA LAS PROTEGIÓ

Durante más de 50 años, este anfibio cuya familia se extiende hacia el sur hasta Perú y hacia el norte en toda Centroamérica, estuvo protegido y cubierto por el conflicto armado interno colombiano que evitaba el libre acceso en su hábitat. El conflicto armado en Colombia mantuvo alejado  de los territorios en conflicto a los contrabandistas de rana.

Sin embargo, tras la firma de paz con las FARC en noviembre pasado y el inicio de los diálogos con el ELN, grupo que tuvo secuestrado a un ciudadano armenio que llegó recientemente al Chocó en busca de la rana, la situación cambió para este y otros animales autóctonos.

Según el encargado de fauna silvestre de la Corporación Autónoma Regional para el Desarrollo Sostenible del Chocó (Codechocó), Sidney Moreno, el libre acceso a "esas zonas antes vedadas" comenzará a suponer un problema que debe ser objeto de debate.

"Se cree que de alguna manera (el conflicto) hizo que se pudieran conservar las especies y los recursos", explicó a DPA Moreno al manifestar la preocupación de parte de las autoridades ambientales.

"Desde ese punto de vista hay un debate que hay que analizar y consideramos que a medida que surja hay que tomar medidas en ese sentido", agregó el biólogo, quien reconoce que las campañas de sensibilización y protección de esas faunas "ya no serán suficiente". 

SIN VENENO EN CAUTIVERIO

El investigador y curador de las conexiones de anfibios y de reptiles del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, Andrés Acosta, advirtió por su parte que el "alcaloide que segrega la piel de la rana" no mantiene sus condiciones tóxicas en cautiverio, por lo que la caza sería casi en vano.

"Esas ranas solo producen el veneno en condiciones naturales, porque ellas se alimentan de insectos que son los que le permiten producir ese veneno. Cuando la tienen en cautiverio, el veneno se va perdiendo, igual que la coloración", explicó Acosta al detallar que la toxina tiene efecto mortal en los humanos cuando entra en contacto con heridas abiertas.

Para Moreno, la presencia de las ranas en las selvas del Chocó es fundamental debido a su función reguladora del medio ambiente. Las ranas "se alimentan de insectos y ayudan a mantener esas poblaciones de insectos que son plagas de cultivos y producen en el hombre enfermedades endémicas como el paludismo".

A finales del año pasado, el Gobierno, bajo la coordinación del Ministerio del Medio Ambiente, reforzó la vigilancia de siete corredores identificados para el tráfico de las ranas doradas con controles en los puertos terrestres, aéreos y fluviales del país.

No obstante, los traficantes de este tipo de anfibios han desarrollado métodos como la venta de renacuajos, casi imperceptibles para las autoridades, que se estarían comercializando hasta por 500 dólares en el extranjero. 

Aunque el depredador directo de la rana es una serpiente que logró desarrollar una resistencia a su veneno, el tráfico ilegal de este tipo de animales seguirá siendo una amenaza latente para la que es considerada una de la siete maravillas de la naturaleza con mayor probabilidad de extinción.