•   Sao Paulo, Brasil  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

A tientas se levanta de la silla y camina con ayuda hasta el micrófono: en el silencio de la noche de Sao Paulo estallan los versos desgarrados que declama una mujer ciega.

Es parte de un ritual que se repite desde hace más de 15 años, semana tras semana, en un bar de la periferia paulista, donde doña Edit y tantos otros acuden al 'Sarao de la Cooperifa' para entregarse a la belleza de las palabras.

Edit Marques tiene 74 años y es ciega desde hace una década, pero asegura a la AFP que estos encuentros son una manera de reencontrarse con la luz y con la vida.

"Comencé a venir en 2006. Había empezado a perder la visión y la Cooperifa se transformó para mí en un libro abierto donde yo podía volver a leer", cuenta esta mujer que memoriza los poemas escuchando grabaciones en viejos casetes.

Cuando declama el extenso y dramático "Navío Negrero", del brasileño Antonio de Castro Alves, el silencio inunda el bar de 'Zé Batidão', en el extremo sur de Sao Paulo, la sede de este sarao.

Cultura en periferia 

La liturgia es sencilla: micrófono abierto para quien quiera recitar poesía, propia o de otros; escuchar en silencio y aplaudir con entusiasmo a cada poeta o declamador.

El Sarao de la Cooperifa —Cooperativa Cultural de la Periferia— fue creado en 2001 por los poetas Sergio Vaz y Marco Pezao, orgullosos habitantes de los suburbios de esta ciudad enorme y vibrante, rodeada de favelas donde es más probable oír disparos que versos.

"En la periferia no hay espacios culturales, no hay nada. Pero eso sí, siempre hay un bar. Y entonces decidimos ocupar y transformar este espacio en un lugar donde expresar nuestra propia voz", dice Vaz, reconocido exponente de la llamada Literatura Marginal brasileña.

"Esta región fue muy violenta, uno tenía vergüenza de decir que vivía aquí. Pero la Cooperifa nos trajo autoestima, nos permitió decir 'de acá somos, acá vivimos; no queremos imitar a nadie, no queremos imitar a los ricos'. Es un acto de resistencia", afirma este poeta de 52 años.

Más de un centenar de personas participan en los encuentros semanales.

De la Corte a las favelas

La Cooperifa es considerada pionera en este movimiento que se expandió por la periferia de Sao Paulo y llegó al centro. Existe el sarao de Binho, otro de los más antiguos; de Grajaú, Suburbano Convicto, Brasa, entre otros.

Se realizan en bares, otros son itinerantes; ya se replicaron en otras ciudades y no hay unanimidad sobre cuántos hay actualmente. Los saraos llegaron a Brasil siglos atrás con la corte portuguesa, pero eran espacios exclusivos de la élite.

"Nunca dejaron de estar presentes en la cultura brasileña, pero empezaron a vincularse fuertemente con las periferias desde 2001, cuando empezó a funcionar la Cooperifa", explica a la AFP la argentina Lucía Tennina, doctora en literatura y especialista en los saraos paulistanos.

Hoy "sus referencias son varias: el hip hop, la literatura de cordel (de fuerte tradición oral), la cultura negra y las iglesias evangélicas" que abundan en las periferias de Brasil, añade.