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En Nicaragua, el 40 por ciento de la población aún no tiene acceso a la electricidad, y el 70 por ciento de ellos viven en zonas rurales, en su mayoría ubicadas en las regiones Norte, Central y autónomas del
Atlántico Norte y Sur de Nicaragua. La falta de una infraestructura de generación y distribución eléctrica adecuada, es uno de los problemas más acuciantes del país, porque sin energía no hay desarrollo económico.

Hace dos años que la PCH Bilampí fue instalada en Wanawás, en la parte media del Cerro Musún. El impacto en la economía quizás aún no es mensurable, pero en la vida cotidiana fue inmediato: Así lo cuenta Edwin Aráuz, un joven de 19 años, quien entonces estudiaba en la secundaria.

“No teníamos computadoras ni acceso a Internet, nos acostábamos temprano y sólo jugábamos fútbol durante el día. Ahora podemos jugar fútbol de noche y ver películas hasta la hora que queramos.”

Nodorlando Aráuz tiene una finca de ganado. No podía levantarse más temprano para ordeñar, “mientras ahora no, sólo prendemos la luz en la galera y tempraneamos más con la leche.” La leche le sale de mejor calidad, y por consecuencia, le sale mejor el precio. Desde entonces dice ganar 1,500 córdobas por día por la leche que entrega al acopiador.

El objetivo primordial de estos proyectos es la electrificación rural y reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero, originados por el uso de combustibles fósiles. Los proyectos además promueven el desarrollo de la micro-empresa en el ámbito rural.

“El sector que se beneficia inmediatamente es el comercial, por ejemplo en la conservación de alimentos a través de mantenedoras en las pulperías u otros negocios comerciales”, dice el promotor empresarial PHC del Ministerio de Energía y Minas, Rolando Reyes.

Otro sector beneficiado es el de la soldadura y metalmecánica, donde se necesita mucha energía para los soldadores con que unen los metales. El sector que más inversión requiere y que, según Rolando Reyes, es el más importante para las PCH, es el de la transformación, con los centros de acopio de leche, las carpinterías y queseras.

La comunidad en acción

Para que una PCH como la de Bilampí funcione y sea sostenible, tiene que “demostrar que puede ser operada técnica y administrativamente por la comunidad, y comprometerse con la conservación de las fuentes hídricas”, dice Reyes. La primera condición, la participación de la comunidad, se realizó a través del modelo empresarial como Sociedad Anónima.

Las comunidades beneficiadas Wanawás, La Isla y San Luis tienen que aportar el 10 por ciento de la inversión a lo largo de quince años, en total unos 120,000 dólares y además, cada ciudadano puede volverse socio de la empresa y comprar acciones. Actualmente, más de la mitad de los 300 clientes del PCH Bilampí ya se hicieron socios.

Un 30 por ciento de los socios son mujeres. Doña Delia, quien es socia también, compró una acción a 100 córdobas. Según el promotor Rolando Reyes se quiere fomentar la participación de las mujeres en particular, ya que del total de usuarios conectados a la red, las mujeres son las que van más al día en sus pagos de energía eléctrica”.

“Aprendimos que las mujeres son un factor muy importante para el desarrollo en el ámbito rural, y estamos continuamente trabajando el tema de género en las comunidades.”

Aumentar el número de beneficiarios y el número de empresas como clientes de la Central, presenta uno de los retos mayores en el proyecto, señala Peter Bischof, director de la Cooperación Suiza en América Central. La capacidad eléctrica de la PCH Bilampí es de 320 kW. Al presente, se aprovecha el 15 por ciento del potencial de generación. La mitad de los beneficiarios pagan el mínimo de energía que es de 14 Kwh por mes.

Treinta años de cooperar

“Esta zona seguramente va a crecer. Sería bueno encontrar más empresas que utilicen energía intensivamente, por ejemplo mataderos que quieren congelar la carne para evitar transportes largos”, dice Peter Bischof. Pero en términos generales, está satisfecho con el avance del proyecto; es lo que se preveía en el marco de los primeros dos años, de un período de 25 años.

La Cooperación Suiza, que lleva 30 años de trabajar en Nicaragua, aporta 700,000 dólares para esta Central.

El monto total es de 1.2 millones de dólares, cofinanciado de otros donantes, del gobierno y de la población beneficiaria.

Como la PHC Bilampí, hay otras dos en operación, que benefician al poblado de Puerto Viejo y El Bote. Otros cinco se encuentran en fase de construcción o planificación para los habitantes de El Naranjo, El Guabo, Wapí, Kubalí y Wililí.

El Ministerio de Energía además localizó veinte sitios más con potencial hidroeléctrico en las regiones Norte y Central de Nicaragua. En total, se beneficiará a 15 mil 700 familias en 18 municipios. Sentirán el cambio en la vida como Aracelis Cavaría, beneficiara en Wanawás: “Uno con luz es algo diferente.”


Potencial hidroeléctrico es enorme
Nicaragua posee un gran potencial para generar energía con fuentes renovables, como el agua (hidroelectricidad), la leña (biomasa), el viento (energía eólica) y el vapor volcánico (geotérmica). Sin embargo, el país depende de un 68 por ciento de la electricidad generada a base de petróleo. La continua subida y la inestabilidad de los costos de petróleo afectan al bolsillo de los nicaragüenses.

Además, el Ministerio de Energía y Minas estima que la demanda punta se incrementará a un doble durante los próximos diez años. Por estas razones, el gobierno se propone reducir la dependencia del petróleo a un 46 por ciento hasta el 2012, dando prioridad a la hidroelectricidad y a otras energías renovables.

En el caso de la tecnología de pequeñas centrales hidroeléctricas, se trata de una generación eléctrica amigable con el medio ambiente: Una parte de las aguas de los ríos pasa por las turbinas y luego vuelve a su lecho original. Son desvíos parciales de las aguas por breves trechos, lo cual no perjudica a la fauna y flora de los ríos.

No sólo se reducirán los costos del petróleo, sino también la emisión de gases de efecto invernadero.