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Los miembros y representantes de los siete países más industrializados del mundo que participan en Florencia en el G7 de Cultura han pedido a Naciones Unidas que impulse acciones para preservar el patrimonio cultural en las “misiones de seguridad y de paz” que lleve a cabo.

Así lo afirman en una declaración conjunta que han firmado como resultado de estas reuniones que comenzaron este  jueves y que concluyeron ayer en Florencia, y que suponen el primer G7 (Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, EE. UU., Canadá y Japón) de Cultura de la historia.

En ellas participan el ministro de Cultura italiano, Dario Franceschini; la ministra de Patrimonio canadiense, Mélanie Joly; la ministra de Cultura de Francia, Audrey Azoulay; la ministra de Estado de Alemania, Maria Böhmer, y el comisario japonés Ryohei Miyata.

También la ministra británica de Cultura, Karen Bradley; el subsecretario estadounidense Bruce Wharton; el comisario europeo para la Educación, Tibor Navracsics, y la directora general de la Unesco, Irina Bokova.

“Hacemos un llamamiento a Naciones Unidas, en particular a la Unesco y a otras organizaciones internacionales del sector, para que refuercen, dentro de sus mandatos, sus actividades de tutela del patrimonio cultural y continúen con estas actividades de forma coordinada, también mediante iniciativas adoptadas en el seno de Naciones Unidas”, señala la declaración.

Los países firmantes también lanzan un mensaje a la comunidad internacional para que apruebe medidas “eficaces para luchar contra el saqueo y el tráfico de bienes culturales” y piden que este primer G7 de la Cultura sirva para fijar próximas reuniones en el calendario de las futuras presidencias del G7.

Los países reunidos en Florencia reconocen el papel esencial que tiene la cultura como “instrumento de diálogo entre los pueblos” y se muestran “conscientes de la importancia de realizar una acción internacional en el ámbito del patrimonio cultural”.

El patrimonio cultural, prosiguen, “contribuye a preservar la identidad y la memoria de los pueblos, favorece el diálogo y el intercambio intercultural entre naciones”.

Es además un “instrumento importante para el crecimiento y el desarrollo sostenible de la sociedad” y actúa como “motor para el desarrollo de las tecnologías más avanzadas”.

Sin embargo, lamentan, a menudo está expuesto a riesgos derivados de actividades terroristas, conflictos armados y calamidades naturales, y por ello es esencial protegerlo con políticas que estén contempladas en el derecho internacional.

Finalmente, los estados del G7 piden a los países que incrementen sus acciones para proteger sus patrimonios culturales y que contrasten cualquier actividad ilícita en este ámbito.

También piden que se fomente la sensibilización de la población con campañas educativas que favorezcan a la conservación de la “memoria del pasado para las futuras generaciones”.