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China lanzó el jueves al espacio su primera nave de aprovisionamiento, como parte de sus ambiciosos planes para construir una estación permanente de aquí a 2022.

La nave, bautizada Tianzhu-1 (Barco celeste) fue propulsada mediante el cohete Larga Marcha 7, que despegó del centro de lanzamiento de Hainan (sur) a las 19:41 locales.

Centenares de espectadores, que se habían concentrado cerca del sitio de despegue, lanzaron gritos de exclamación y aplaudieron cuando la nave surcó el cielo nocturno. 

Tianzhu-1 es la primera nave de carga diseñada en China. Su objetivo es acoplarse al laboratorio espacial chino Tiangong-2 (Palacio celeste), que se encuentra en órbita desde septiembre pasado.

Tras su periplo de cinco meses a una órbita de 385 kilómetros de altura sobre la Tierra, el carguero espacial iniciará un descenso controlado para desintegrarse en las capas altas de la atmósfera terrestre. Lanzamiento de la Soyuz ms-04 rusa con dirección a la EEI, este jueves.

El principal objetivo de esta misión es comprobar el funcionamiento de esta nueva nave, que será necesaria para el transporte de todo tipo de suministros a la estación espacial.

"Este lanzamiento constituye una nueva etapa" dentro de la estrategia del programa espacial tripulado chino hacia "la construcción de nuestra estación espacial", explicó a la prensa antes del lanzamiento Lin Xiqiang, subdirector del Departamento de Diseño del Programa de Ingeniería Espacial.

La futura estación espacial requerirá un suministro periódico de alimentos, agua, oxígeno y materiales, por lo que el programa espacial chino no puede plantearse su construcción sin tener previamente un sistema fiable para garantizar ese transporte.

El Tianzhu-1 es una nave de nueve metros de largo con una capacidad de carga de 6.5 toneladas y un peso total de 13 toneladas, cuyo desarrollo ha supuesto "un esfuerzo de seis años" en el diseño y construcción, apuntó por su parte Luo Guqiang, responsable adjunta de la misión.

El primer módulo de la estación espacial, denominado Tianhe 1 (río celestial), tendrá un peso de 20 toneladas y un brazo robot articulado, por lo que se necesita un cohete propulsor más potente, el Larga Marcha 5B, capaz de poner en órbita cargas de hasta 25 toneladas.

Sin embargo, retrasos en el desarrollo de este cohete han llevado a aplazar a 2019 el lanzamiento de ese primer módulo.

El cohete empleado hoy, el Larga Marcha-7, constituye una nueva generación de vehículos que realizó su primer lanzamiento en junio del año pasado desde este mismo centro espacial. Con 53 metros de alto, pesa 594 toneladas, combustible incluido.

Este modelo de cohete se impulsa con queroseno y oxígeno líquido, un sistema de propulsión más seguro y menos contaminante, y será el vehículo estándar del programa espacial chino para el lanzamiento de naves y sondas de hasta 13.5 toneladas de peso.

El lanzamiento de supone también la mayoría de edad del Centro Espacial de Wenchang, la cuarta instalación de este tipo que construye China y que realizó su primer lanzamiento el año pasado, precisamente el primer vuelo del cohete Larga Marcha-7.

Al estar situado junto al mar, Wenchang puede recibir por barco cohetes de mayor diámetro que los empleados tradicionalmente en China, debido a las limitaciones del transporte por vía férrea a las instalaciones situadas en los otros centros espaciales, situados muy en el interior del país.

Por ello, este centro espacial será el protagonista de los lanzamientos de los módulos de la estación espacial china, explicó el subdirector de las instalaciones, Mao Wanbiao.

LA ESTACIÓN INTERNACIONAL

La nave rusa Soyuz MS-04, con dos tripulantes a bordo, se acopló el mismo jueves con éxito a la Estación Espacial Internacional (EEI), informó el Centro de Control de Vuelos Espaciales de Rusia.

El acoplamiento se produjo en modo automático como estaba previsto.

La Soyuz, lanzada por la mañana desde el cosmódrono de Baikonur, (Kazajistán), llevó a la EEI al cosmonauta ruso Fiódor Yurchijin y al astronauta estadounidense Jack Fischer. 

La nave, que en poco más de seis horas de vuelo dio cuatro vueltas a la Tierra, se enganchó en el puerto de atraque del módulo Poisk del segmento ruso de la plataforma espacial.

Una vez que se compruebe el hermetismo del acoplamiento y se igualen las presiones de la Soyuz y la EEI, se abren las compuertas y los recién llegados acceden a la estación orbital, donde les esperan sus actuales tripulantes: el ruso Oleg Novitski, la estadounidense Peggy Whitson y el francés Thomas Pesquet.

Inicialmente, estaba previsto que a bordo de la Soyuz MS-04, viajaran a la EEI dos cosmonautas rusos, pero a fines del año pasado Roscomos, la agencia espacial rusa decidió reducir de tres a dos los miembros de la misión rusa en la estación espacial, por lo que solo viajó Yurchijin.

Esta situación se mantendrá al menos hasta finales de 2018, cuando está programado el acoplamiento a la EEI del nuevo módulo científico ruso Naúka.

En un comienzo, Roscosmos barajó la posibilidad de que la tercera plaza de la Soyuz SM-04 fuera ocupada por un astronauta extranjero, pero finalmente se desestimó por no contar con un candidato con la suficiente preparación.

Por ello, en la butaca libre se cargó un contenedor con 70 kilogramos de carga, fundamentalmente alimentos.

La EEI, un proyecto de más de 150,000 millones de dólares (139,907 millones de euros) en el que participan 16 naciones, actualmente está integrada por 14 módulos permanentes y orbita a una velocidad de más de 27,000 kilómetros por hora a una distancia de 400 kilómetros de la Tierra.

La órbita de la plataforma es elevada cada cierto tiempo con ayuda de los propulsores de naves acopladas a ella, ya que la EEI pierde diariamente entre 100 y 150 metros de altura debido a la gravitación terrestre, la actividad solar y otros factores.