• |
  • |
  • Edición Impresa

El lugar donde supuestamente nació la disciplina del yoga hace unos 5.000 años, cuando los primeros yoguis se aislaron en las montañas para meditar y ejercitarse, está hoy poblado por jóvenes occidentales que pululan por las antaño inaccesibles calles del pueblo, ahora repletas de hoteles y tiendas de recuerdos. “Australia, Estados Unidos, Canadá, Francia, Holanda, Noruega, Reino Unido... y otros muchos países”, cita de memoria Sarvottam Kumar, director del centro Shree Mahesh Heritage, al ser preguntado por la procedencia de sus alumnos.Amrit Desai, uno de los yoguis más reputados del mundo y conocido por ser un pionero en introducir el yoga en Estados Unidos.

A pesar de contar con poco más de 100,000 habitantes, Rishikesh cuenta con hasta 109 cursos para profesores de yoga registrados en el Yoga Alliance, una asociación estadounidense que expide las licencias que tienen validez en todo el mundo.

“Rishikesh es una referencia para los yoguis por el simbolismo del Ganges y la cercanía del Himalaya, pero sobre todo por el viaje que The Beatles, que convirtió a la ciudad en un icono de lo que la India significa en la cultura popular occidental”, explicó Andrew Tanner, embajador de Yoga Alliance, que tiene más de 76,000 profesores registrados.

La meditación del conjunto de liverpool

En 1968, con la banda de Liverpool en la cúspide de la fama, John Lennon convenció a sus compañeros para retirarse a Rishikesh y estudiar meditación durante algo más de un mes, etapa en la que compusieron muchos de los temas del aclamado “White Album”. Una de las canciones más conocidas de aquella época es “Blackbird” que, según el biógrafo de la banda, Steve Turner, McCartney escribió inspirado por el canto de los pájaros del pueblo. En el famoso viaje los músicos fueron acompañados por sus esposas y novias, y también por un ingente grupo de periodistas que cubrió el viaje. La experiencia acabó como el rosario de la aurora, con los músicos y el Maharishi que les enseñó meditación, intercambiándose duras acusaciones, como que el gurú había exigido cobrar un porcentaje de las ganancias del siguiente disco de la banda.Dos jóvenes pasean con sus esterillas por los jardines del Parmarth Niketan, el centro de yoga más grande de la ciudad de Rishikesh.

Lennon dedicó otra canción, “Sexy Sadie”, a Maharishi, en una crítica al gurú por su aparente intento de mantener relaciones sexuales con la actriz Mia Farrow durante una sesión de meditación.

Pero, aunque los músicos dejaron el lugar desilusionados por la actitud interesada del gurú, su viaje consiguió cambiar para siempre la percepción occidental del yoga y la espiritualidad en India.

Lo que no sabían Lennon ni ninguno de sus compañeros es que, tras su marcha, Rishikesh asistiría al nacimiento de una floreciente industria alrededor del yoga.

Una disciplina muy popular

La oferta de cursos en Rishikesh crece en paralelo a la popularidad del yoga en todo el mundo. Según un estudio de Yoga Alliance, publicado en 2016, la práctica de esta disciplina en Estados Unidos ha aumentado un 50% desde 2012 a 2016, superando los 36 millones de practicantes, que gastan más de 16,000 millones de dólares al año en clases y equipamiento.

“La gran mayoría de la gente hace cursos de preparación de profesores de 200 horas durante un mes, con precios que oscilan entre los 1,500 y los 5,000 dólares”, explicó Tanner, que precisa que no todos los alumnos de estos cursos pretenden ser profesores profesionales, sino “tener una profunda comprensión del yoga para compartirla con amigos y familiares”.

Es el caso de Deanna Ziraldo, alumna canadiense, que explica que lo que la motivó verdaderamente a viajar por primera vez a India es conocer de primera mano el lugar de origen del yoga. “Es una zona que tiene algo magnético. Lo que importa aquí no son los templos, sino el lugar. Aquí los yoguis meditaban en cuevas hace 5,000 años y no creo que sea por azar. El Ganges y las montañas componen un escenario único. Definitivamente hay una energía distinta”, explicó Ziraldo.

Otros, como el violinista francés Igor Malewicz, viajan a Rishikesh siguiendo las huellas de The Beatles “y buscando inspiración en un paraje incomparable”. Pero muchos de los jóvenes que pululan por el pueblo buscan acabar siendo profesores de yoga en sus países. Aquellos que verdaderamente quieren dedicarse en el futuro a ser profesionales del ámbito suelen optar por los cursos de 500 horas que, según Tanner, les acreditan con el nivel más alto que reconoce Yoga Alliance.

Volviendo a los orígenes

Los profesores formados en Rishikesh cuentan con gran prestigio y demanda en todo el mundo porque el linaje de muchos de los pioneros que expandieron el yoga a Occidente proviene de ahí.

Es el caso de Amrit Desai, uno de los yoguis más reputados del mundo y conocido por ser un pionero en introducir el yoga en Estados Unidos, cuando empezó a enseñar la disciplina en la ciudad de Filadelfia a principios de los años 60. Desai viajó a Rishikesh desde el centro de yoga que ahora dirige en Florida para participar en un festival internacional sobre yoga, y confesó estar sorprendido por algunos de los métodos que se enseñan actualmente en la ciudad que, según él, “han olvidado los fundamentos importantes de la disciplina”. “El yoga es algo mucho más profundo y complejo que unos simples ejercicios físicos (...) hay determinadas prácticas que se imparten aquí que solo me parecen cuerpos moviéndose”, explicó Desai.

Desai tampoco está seguro de que lo que se exige a los estudiantes de yoga en estos cursos sea suficiente para que, después, puedan exportar la práctica a sus países.

“Hay distintos niveles de conocimiento. Muchos consideran que son profesores y pueden dar clase después de un curso de tan solo tres semanas. Lo que yo imparto son cursos intensivos de mayor duración, en los que también se estudia la filosofía del yoga, que requiere al alumno de intenso estudio desde su casa”, explicó Desai.

A pesar de sus recelos, el gurú es consciente de la relevancia que la ciudad ha adquirido en la expansión del yoga y lo celebra. “Es normal que el yoga se expanda a la velocidad que lo está haciendo por todo el mundo porque es enormemente enriquecedora para cuerpo y mente (...) Me alegra el papel que tiene Rishikesh en eso”, explicó Desai.